A inicios de agosto se hizo público que un grupo de inversores que incluye al gigante minero anglo-suizo Glencore ofreció recapitalizar la minera canadiense Sherritt International y adquirir su control, luego de que su supervivencia fuera puesta en duda tras la suspensión de sus operaciones en Cuba, que mantenía desde hace décadas, anunciada en mayo.
El consorcio, integrado además de Glencore por el gestor de inversiones con sede en Londres Kyma Capital, la firma Brevan Howard Asset Management, representada por su cofundador, el inversor Trifon Natsis, y un patrocinador ancla estadounidense no identificado, adoptó una postura de presión que llevó a Sherritt a acusarlo esta semana de "ataques públicos continuos".
En esta iniciativa empresarial ha llamado la atención el anonimato del patrocinador ancla estadounidense. ¿De quién se trata? ¿Por qué no revelar su identidad en la oferta de recapitalización?
La agencia Bloomberg reportó el viernes 21 de agosto que el enigmático inversor es el multimillonario tejano Albert Huddleston. Citando a fuentes familiarizadas con la puja por la productora canadiense de níquel y cobalto cubanos, el reporte indica que el empresario recientemente vendió activos familiares de esquisto por 5.200 millones de dólares.
La oficina familiar de Huddleston, Chota Capital LLC, sería el inversor no identificado del consorcio. El empresario habría pedido no ser identificado. Un portavoz externo de Chota no comentó a Bloomberg sobre el tema.
La intervención de Huddleston en la puja lo coloca como uno de los competidores de la también estadounidense Gillon Capital LLC, la oficina familiar de Dallas del ejecutivo inmobiliario Ray Washburne, que entró en escena en mayo y con la que Sherritt tiene un acuerdo de exclusividad.
Washburne, cercano a Donald Trump, luego de que el actual presidente de EEUU lo nombrara jefe de la Overseas Private Investment Corporation (OPIC) durante su primer mandato, ha sido considerado como una figura que permitiría a Washington tomar control de un activo estratégico vital para la industria de armamentos, así como para la movilidad eléctrica, como es el níquel, y de paso, despojar a China, Rusia y otros competidores del acceso a las reservas cubanas del mineral.
Sin embargo, la puja podría ser dura, dado que Kyma Capital Ltd. es el mayor acreedor de Sherritt, y está impugnando a la firma canadiense ante los tribunales, exigiendo un voto de los accionistas antes de que termine el periodo de exclusividad con Gillon.
Según Bloomberg, "ambas propuestas sacarían a Sherritt, con sede en Toronto y que extrae mineral en Cuba desde los años 90 y posee una de las pocas refinerías de cobalto en Norteamérica en Alberta, de las manos canadienses, mientras Estados Unidos intensifica agresivamente la presión sobre el régimen de Cuba, con la esperanza de provocar cambios económicos y políticos".
El consorcio que compite con la oferta de Gillon Capital ofrece a Sherritt capital fresco a cambio de al menos el 55% de la empresa, sobre una base totalmente diluida. Un grupo de tenedores de bonos pidió al consejo de administración de la minera que considerara la oferta.
Las acciones de Sherritt recibieron un impulso gracias a la oferta competidora, cotizando esta semana sobre los 48 centavos de dólar canadienses, desde tan solo 13 centavos a principios de mes. Las acciones volvieron a caer el jueves, para cerrar en 28 centavos.
Si bien fue vista hace años como un barómetro de las perspectivas económicas de Cuba, la minera es hoy una sombra de lo que llegó a ser. Su valor de mercado, de 193,6 millones de dólares canadienses (140,4 millones de dólares de EEUU), ha bajado más de un 95% respecto a su máximo de 4.800 millones de dólares canadienses en 2008. Ello explica en parte la avidez de los inversores.
Kyma, que además posee la mayor parte de los bonos en circulación de Sherritt y aproximadamente el 15% de sus acciones, intentó forzar una junta especial de accionistas antes de que expire la ventana de cinco meses de exclusividad con Gillon Capital en octubre, y quiere sustituir a Peter Hancock como presidente.
Sherritt, que programó su reunión anual para el 15 de diciembre, rechazó la convocatoria de Kyma para una reunión extraordinaria a finales de julio.
Esta semana, Kyma anunció que busca la intervención del Tribunal Superior de Justicia de Ontario. Sherritt afirmó que el tribunal apuntó que no podía obligar a celebrar una junta de accionistas y advirtió contra una batalla judicial. Kyma anunció el jueves 20 de agosto que hay otra audiencia judicial programada para los próximos días.
Sherritt ha estado sumida en la agitación desde que Trump emitió una orden ejecutiva dirigida contra las empresas extranjeras en Cuba que hacen negocios con el conglomerado empresarial militar GAESA, profundizando el impacto de una crisis energética que le hizo cerrar su planta de Moa, Holguín, en febrero pasado.
En junio, paralizó su refinería de Alberta, una vez que se agotaron los suministros de materias primas de la Isla.
La minera, que también tiene participación en la empresa de generación de energía Energas, que produce alrededor del 15% de la electricidad de Cuba, advirtió que su capacidad para continuar como empresa en funcionamiento está en duda.
A finales de junio, afirmó que no tendría suficiente efectivo para cumplir con sus obligaciones si los prestamistas declaraban un incumplimiento y exigían el cobro anticipado.
En medio del conflicto se encuentra el régimen de Cuba, que posee alrededor de la mitad de la participación de las empresas conjuntas con Sherritt y también le adeuda más de 200 millones de dólares. Por ello, cualquier acuerdo que la minera canadiense consiga con algún inversor debe contar con el visto bueno de Washington y La Habana. Pero será EEUU quien tenga la última palabra.