Con el rápido retorno a los topes de precios, luego de que el régimen reconociera el pasado junio que "no lograron contener la inflación", el economista Pedro Monreal subrayó que "el supuesto enfoque más liberalizador de las 176 medidas se 'destiñó' en menos de dos meses". En su perfil de X, el economista destacó: "176 medidas y un solo logro: demostrar que no aprendieron nada".
La aplicación de los topes ante el aumento descontrolado del precio del aceite y otros productos "confirma un fracaso de secuenciación y de diagnóstico de oferta", apuntó Monreal y explicó: "Se liberalizó sin haber reducido previamente la rigidez estructural de la oferta derivada de la producción nacional deprimida y de la escasez de insumos y divisas".
Los nuevos topes reproducen "el mismo ciclo observado desde 2021", indicó, al tiempo que "pone en evidencia, de nuevo, que hacerlo de forma abrupta y sin colchón productivo ni protección social suficiente genera más distorsión que solución", resaltó.
Al hilo de esta comparación, Monreal destacó que "el anterior fracaso con los precios del 'ordenamiento' por lo menos tuvo un diseño explícito y cuantificado de corrección de precios relativos. Ahora ni siquiera hay evidencia pública de un diseño previo cuantificado de precios relativos del paquete de 176 medidas".
Si bien "lo ocurrido puede interpretarse como un indicador de debilidades técnicas en el diseño y ejecución de la política económica", el economista remarcó: "No sé si queda claro a esas instituciones el efecto negativo que esto puede representar para la credibilidad del paquete completo de las 176 medidas".
La vuelta a los topes de precios se llevó a cabo en provincias como Villa Clara, Guantánamo, Las Tunas o La Habana, tras una "revisión de los precios de importación y gastos de transportación a determinados actores económicos que se dedican a la comercialización de productos alimenticios de primera necesidad".
Así, las autoridades implantaron un tope del 30% de margen comercial para la formación de precios mayoristas y minoristas en productos como el aceite, los huevos, la leche, el azúcar y las salchichas.
No obstante, sostuvieron: "Se aclara que no se trata de un precio topado, sino del resultado de la evaluación económica realizada sobre los costos y gastos de comercialización". Sin embargo, la práctica ilustra que se trata de una justificación discursiva y que sí es un precio topado.
En el pasado reciente, el gobernante Miguel Díaz-Canel intentó en más de una ocasión convencer a los cubanos de que los topes de precios no se debían a "una cacería de brujas hacia una determinada forma de gestión o de propiedad". Dijo que el Gobierno estaba planteando "un ordenamiento, para que haya la mayor cantidad de ofertas de bienes y servicios a adecuados precios para la población, y que todo el mundo aporte todo lo que tiene que aportar".
Sin embargo, la mayor cantidad de ofertas no llega y el régimen apela entonces a la cacería de brujas, demostrando una vez más que no sabe generar oportunidades ni crecimiento y que, cuando algo se le va de las manos, la solución es controlar de forma torpe.