Un extenso reportaje publicado por el periódico oficial Trabajadores y replicado por Cubadebate expone las profundas contradicciones del sistema agrícola cubano, al reconocer que la producción de alimentos en el país depende de una masa laboral informal, sin contratos estables ni cobertura social, en un contexto de desorganización institucional y fallos estructurales de política económica.
El texto describe la existencia de miles de jornaleros eventuales que sostienen las labores agrícolas en distintas provincias, muchos de los cuales trabajan sin vínculo legal, sin seguridad social y cobrando en efectivo. El propio material admite que el Estado no dispone de estadísticas precisas sobre esta fuerza laboral, ni control efectivo sobre su distribución o condiciones de trabajo.
En ese escenario, productores y funcionarios coinciden en que sin estos trabajadores "no avanzamos", mientras la implementación de normativas como la bancarización o los nuevos decretos laborales no logra adaptarse a la realidad del campo, donde predomina la informalidad como mecanismo de supervivencia.
Entre los testimonios recogidos en el propio reportaje se describe esta dinámica cotidiana sin filtros: "Esto lo cobramos caro. Como 3.000 pesos por jornada para cada uno", afirma uno de los trabajadores en Artemisa, quien detalla además la naturaleza itinerante del empleo agrícola. Otro jornalero en Villa Clara resume la lógica del sistema con una frase aún más directa: "Prefiero cobrar los 1.500 pesos limpios al final de la mañana, que amarrarme a un papel".
Un villaclareño también citado en el texto reconoce la inestabilidad del sistema: "Los jornaleros eventuales son una lotería. Hay que motivarlos, pautar reglas, pero no siempre tenemos éxito", mientras dice que muchos abandonan el trabajo sin cumplir las labores contratadas.
Un sistema basado en la excepción
El reportaje reconoce que los jornaleros prefieren el pago inmediato en efectivo y evitan la formalización contractual, en parte debido a las dificultades del sistema bancario rural y a la ausencia de garantías reales de protección social. Muchos trabajadores no cotizan para la jubilación ni están cubiertos ante accidentes laborales, lo que genera una brecha estructural entre la legislación vigente y su aplicación práctica.
La propia dinámica productiva, según el texto, ha derivado en un sistema donde la irregularidad laboral se ha convertido en norma operativa para garantizar la continuidad de las cosechas.
Críticas desde la economía: "ineptitud gubernamental"
A este diagnóstico se suma la lectura crítica del economista Pedro Monreal, quien cuestionó en la red social X la política agropecuaria oficial, calificándola como "el ejemplo de mayor ineptitud gubernamental en Cuba".
"Un Estado propietario del 80% de la superficie agrícola total que no puede ponerla a producir directamente ni logra reasignarla con efectividad a otros actores", señaló el académico, aludiendo a la incapacidad del modelo estatal para gestionar los recursos productivos del país.
Monreal también criticó lo que describió como una narrativa oficial desconectada de la realidad, al señalar que el discurso gubernamental presenta como avances procesos de entrega de tierras estatales ociosas que en la práctica se ven marcados por "burocracia incompetente, frases rimbombantes, usufructuarios arrepentidos y déficit de alimentos".
"El relato oficial intenta presentar en tono solemne la comedia de enredos en que se ha convertido la entrega de tierras estatales ociosas en Artemisa", escribió el economista al comentar otro artículo de Cubadebate.
Crisis estructural del agro cubano
En su análisis, Monreal advirtió que los problemas no se limitan a una provincia específica, sino que reflejan una crisis agropecuaria más amplia, incluso más grave que la del llamado "Periodo Especial", con un "desmoronamiento masivo de la producción nacional de alimentos cruciales".
El economista también cuestionó la coherencia de las políticas recientes, señalando la contradicción entre la promoción del usufructo de tierras en distintas modalidades y la falta de resultados concretos en la producción agrícola.
"No queda claro si los funcionarios cubanos logran captar que existe una discordancia entre la 'tecla' floja del usufructo de tierras en Artemisa y el reciente señuelo del usufructo de tierras para emigrados como inversión extranjera", apuntó.
Dependencia de lo informal
El reportaje de Trabajadores y las críticas de Monreal convergen en un mismo punto: el sistema agrícola cubano opera sostenido por mecanismos informales, improvisados y poco regulados, mientras las políticas estatales no logran revertir la caída de la producción ni formalizar una fuerza laboral clave para la seguridad alimentaria del país.
En ese contexto, el campo cubano aparece como un espacio donde la supervivencia económica depende menos de la institucionalidad que de la flexibilidad —y la precariedad— de quienes trabajan la tierra. El resultado está directamente vinculado a la mesa vacía de los cubanos.
Un 78,2% de cubanos encuestados por Cubadata para DIARIO DE CUBA en la Isla entre el 23 de febrero y el 13 de marzo de 2026 afirmó que alguien en su hogar tuvo que saltarse al menos una comida por falta de alimentos. Comprar menos alimentos o comer menos fue la estrategia empleada en el 43,2% de los hogares de los encuestados en Cuba para sobrevivir durante el período que cubre el sondeo. El 57,2% optó por consumir productos más baratos o de menor calidad y el 42,4% decidió sustituir productos habituales por otros similares.
Es inexplicable como el régimen nunca armó algo serio con la producción agropecuaria. Tuvieron la posibilidad de hacer producciones cooperadas y empresas mixtas, pero jamás se abrieron de manera similar al turismo, que sí les resultó redituable. Por eso hoy el campo cubano está totalmente ocioso: nunca un incentivo para el campesino.