El salario estatal en Cuba ha sufrido un profundo hundimiento, según datos oficiales publicados recientemente y analizados por el economista Pedro Monreal en su cuenta en la red social X. De acuerdo con cifras de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el salario mensual promedio del sector estatal en noviembre de 2025 fue de 6.830,9 pesos. Ajustado por la inflación oficial reconocida por el propio Gobierno, ese ingreso real es hoy un 31,2% inferior al nivel de 2021, de acuerdo con el analista.
"Una tremenda devastación del bienestar de los hogares", resumió Monreal en su publicación, incluso después de una ligera mejoría estadística en 2024 y 2025.
El economista subrayó que la caída del poder adquisitivo ha pulverizado uno de los pilares ideológicos del Partido Comunista de Cuba (PCC): la afirmación de que el salario es "la fuente principal del bienestar espiritual, material y moral del trabajador y su familia".
La situación sería aún más grave si se tomaran en cuenta estimaciones de inflación no oficiales, sistemáticamente superiores a las cifras reconocidas por el Estado. En ese escenario, advirtió Monreal, la contracción del salario real sería mucho mayor, lo que no solo revelaría la profundidad de la crisis económica, sino también la ineficacia de la política aplicada por el régimen para contenerla.
El diagnóstico de Monreal se produce en un contexto en el que el Gobierno ha intentado introducir reformas administrativas en el sistema salarial estatal sin tocar las causas estructurales del empobrecimiento. A finales de 2025, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social aprobó el Decreto 138, que descentraliza la fijación de salarios en las empresas estatales y elimina la obligatoriedad de la escala salarial única.
La medida, presentada como una "modernización de la gestión del capital humano", permite que cada empresa decida cuánto pagar a sus trabajadores según sus resultados. En la práctica, sin embargo, se aplica en un entorno de inflación desbocada, devaluación monetaria y empresas estatales crónicamente ineficientes.
El propio Gobierno reconoce que solo las entidades con capacidad de aportar al presupuesto podrán acogerse al nuevo esquema, lo que deja fuera a una parte importante del sector estatal. Además, aunque algunas empresas piloto reportan salarios promedio superiores a la media, esos incrementos quedan rápidamente neutralizados por la pérdida acelerada del poder adquisitivo.
La devaluación oficial del peso cubano, anunciada por el Banco Central poco antes de la entrada en vigor del decreto, terminó de desnudar la precariedad salarial. Con una tasa oficial que ronda los 410 pesos por dólar, el salario medio estatal equivale a poco más de 16 dólares mensuales. Traducido a términos aún más crudos: un trabajador estatal cubano cobra alrededor de 54 centavos de dólar por una jornada laboral de ocho horas.
Salarios que no alcanzan… y que ni siquiera se pagan
A la erosión del salario real se suma otro fenómeno alarmante: el impago sistemático de sueldos. El propio periódico oficial Trabajadores reconoció en diciembre que más de 20.000 empleados no han podido cobrar sus salarios en tiempo y forma durante 2024 y lo que va de 2025, una violación directa de los convenios colectivos de trabajo.
Las causas oficiales —falta de personal contable, ausencia de fondos o simples decisiones administrativas— no han evitado el impacto en sectores clave como la construcción o la agricultura. En zonas rurales, muchos obreros han abandonado sus puestos ante la incertidumbre salarial, agravando el déficit de producción de alimentos y el abandono de tierras cultivables.
Como señaló el periodista Orlando Freire Santana en un artículo publicado en DIARIO DE CUBA, en cualquier otro país, una situación similar habría desencadenado huelgas y protestas sindicales. En Cuba, la Central de Trabajadores de Cuba, único sindicato legal, se limita a reconocer "deficiencias" en su gestión, sin promover acciones reales de defensa laboral. Para críticos y analistas, esta pasividad confirma que el sindicalismo oficial funciona más como un instrumento de control político que como un mecanismo de protección de los trabajadores.
Las cifras expuestas por Monreal y los hechos acumulados en los últimos años desmontan el relato oficial sobre el trabajo como vía de bienestar. En la Cuba actual, el salario estatal no solo ha dejado de garantizar condiciones mínimas de vida, sino que ni siquiera ofrece certeza de cobro.