"La matriz de inversiones de nuestro país continúa priorizando el sector energético", celebró la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), al publicar los recursos destinados a varios sectores de la economía cubana en la primera mitad de 2025.
De acuerdo con ese informe, dado a conocer el miércoles 27 de agosto, la categoría de Suministro de electricidad, gas y agua fue el principal destino de las inversiones, con un 33,6% del total, un incremento notable si se compara con el 10,7% que mereció en igual tramo de 2024.
Lo anterior, que obedece al programa de inversiones en energías renovables lanzado por el Gobierno, en buena medida financiado por China, contrasta con la crisis eléctrica agravada que han padecido los cubanos durante este verano, con apagones de 20 horas diarias o más en muchos territorios, así como con el deficitario suministro de agua potable, que también empeora.
Mas, para la ONEI sería destacable que en el segundo lugar de inversiones esté Servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler, vinculados al negocio turístico, que acaparó el 17,0% de los recursos hasta junio, en comparación con el 26,2% de hace un año. O sea, una disminución del 9,2% entre un año y otro.
Le siguen Industria Manufacturera, excepto la industria azucarera, con el 15,2% (19,5% el año pasado), y Transporte, almacenamiento y comunicaciones, con el 13,6% (el 10,0% entre enero y junio de 2024).
¿Se desprende de lo anterior que el panorama inversionista, que durante casi una década privilegió el desarrollo de la infraestructura turística, incluyendo la construcción de nuevos hoteles, cambió? ¿Se trataría de un llamado a la razón de las autoridades ante la caída del arribo de turistas a Cuba y la ocupación del 21,5% de la planta hotelera registrados en la primera mitad de 2025?
Mejor no engañarse. En sus indicadores de inversión, la ONEI muestra que la categoría Hoteles y restaurantes, muy vinculada a la partida dedicada al turismo, recibió el 4,7% del total de recursos entre enero y junio últimos, bien por detrás del 11,3% de la primera mitad de 2024.
Mas, si se suman ambas categorías, notamos que estas son el 21,7% del total de inversión; lejos del 33,6% de Suministro de electricidad, gas y agua, pero más de un cuarto del total de los recursos de un país que vive una profunda crisis.
Pero donde la intención celebratoria de la ONEI se desinfla es cuando se comparan los números anteriores con la inversión destinada a, por ejemplo, Agricultura, ganadería, caza y silvicultura: el 2,5% del total, del 2,6% de hace un año.
Algo similar ocurre en sectores básicos, que tributan al bienestar de los cubanos, como Educación (cae al 0,4% del total, del 1,0% de la primera mitad de 2024); Salud pública y asistencia social (cae al 1,3%, del 1,8% anterior) o Cultura y deporte (0,8%, del 1,7%). Incluso Ciencia e innovación tecnológica recibe apenas el 0,6% del presupuesto total, del 0,7% de hace un año.
La pregunta sería: ¿son esas cifras inversionistas las adecuadas para un país como Cuba, con un déficit grave de alimentos y una crisis sanitaria que implica la escasez de medicamentos básicos e insumos hospitalarios? La respuesta sobra.
En un análisis sobre la cuestión de hace casi un mes, el economista cubano Pedro Monreal alertó de lo que denominó la introducción de una "variante light" del negocio inmobiliario en la Isla.
"La coexistencia durante el período 2017-2024 de una inversión turística promedio equivalente a 38,5% de la inversión total del país con casi dos terceras partes de la capacidad hotelera desocupada no ha sido una fatalidad. Es el resultado de una pésima decisión política", enfatizó.
Para él, ello obedeció, antes que a una "perspectiva de desarrollo", a la "imposición de un 'modelo de negocios' inmobiliario", detrás del cual están los opacos y no auditables negocios del conglomerado empresarial de los militares, GAESA.
"Es vergonzoso que el clímax del festín inversionista inmobiliario, rozando la mitad de la inversión nacional a pesar de tener tres cuartas partes de las habitaciones hoteleras vacías, haya ocurrido en 2020, en medio del drama humanitario agravado por la pandemia", subrayó Monreal.
"Peor aún es que se haya mantenido una inversión turística promedio equivalente a 36,5% de la inversión total en 2021-2024, un nivel que no se alcanzó en los 25 años anteriores a 2018, cuando hubo tasas de ocupación más altas que justificaban inversiones".
Para el economista, pese a la imposibilidad de ver con claridad las causas de la reciente reversión de tendencia, "la inversión inmobiliaria sigue siendo excesiva".
"El problema con la inversión turística no es solo que sea 'enorme' de manera absoluta, sino que representa una distribución de recursos nacionales de inversión que no se justifican desde la óptica del desarrollo y que es injusta respecto a urgencias alimentarias y sociales", reiteró.