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Opinión

A un año del #27E hay temas más importantes de que hablar que de un manotazo

'Es un buen día para recordarle al mundo que el Gobierno cubano es represor, también para analizar desde el propio activismo y la oposición cubana los fallos que se han cometido.'

La Habana
El ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso, el 27 de enero de 2021, momentos antes de pegar un manotazo al periodista de DDC Mauricio Mendoza (dcha).
El ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso, el 27 de enero de 2021, momentos antes de pegar un manotazo al periodista de DDC Mauricio Mendoza (dcha). Diario de Cuba

El 27 de enero de 2021 (27E) marcó una pauta en la historia de Cuba; por primera vez se hicieron virales las imágenes de un ministro de Cultura cubano —junto a varios funcionarios de la misma institución— repartiendo golpes a jóvenes artistas con el apoyo de agentes de la Seguridad del Estado. Si antes de esa fecha era una suposición la estrecha relación entre el Ministerio de Cultura (MINCULT) y el Ministerio del Interior (MININT), después de ese día fue una confirmación irrefutable.

Pero en la memoria popular ha quedado el famoso manotazo —a veces hiperbolizado— que me asestó Alpidio Alonso para tumbarme el teléfono e impedir que transmitiera en vivo lo que ocurría en las afueras del Ministerio. Sin embargo, ese día hubo personas que salieron peor que yo, pues si bien a mí me tocó el manotazo y ser la cara visible, no me resistí a la detención y no recibí golpes, como sí lo hicieron otras mujeres que se encontraban en el grupo ese día.

Ese hecho me ha traído varios beneficios en mi carrera periodística, sobre todo por la visibilidad, el afianzamiento en DIARIO DE CUBA y las puertas abiertas en muchos sitios para publicar y mostrar la realidad de la Isla al mundo con mis reportajes, crónicas y notas periodísticas; y lo agradezco, pues un periodista sin espacios para publicar no es nada, y corre el riesgo de morirse de hambre.

También me ha traído cargar durante todo este año con el episodio del "manotazo", pues son pocos los días en que alguien no me lo ha recordado de una forma u otra.

Intentar hacer una carrera periodística a costa de un manotazo es una falta de respeto a mí mismo, y al oficio del periodismo, peligroso en todas partes de este planeta cuando se señalan ciertos grupos de poder, y quien esté ajeno a esto, debería preguntarse si verdaderamente el periodismo es su vocación. Por eso pienso que rememorar este 27E ese hecho es algo irrelevante, amarillista y superficial.  

Lo primero que hay que tener en cuenta es que Alpidio Alonso es un cuadro puesto para censurar y su mayor barbaridad no fue darme un manotazo, sino haber sido el verdugo encargado de usurpar a principios del milenio el Primer Festival de Rap organizado por Grupo 1 en Alamar, un hecho que se ha olvidado. El rap es un género abiertamente contestatario y transgresor; desde sus inicios en la Isla mostró la realidad de un sector de la sociedad pobre y marginado, conformado mayormente por jóvenes negros pertenecientes a barrios periféricos.
Si hoy en Cuba el estado de este género es decadente, y los mayores exponentes han tenido que emigrar o dejar el arte, es gracias a Alpidio Alonso, un gendarme de la cultura cubana con la función de censurar y frenar el arte. También lo hizo Fernando Rojas —otro de los presentes ese día— en 2009, cuando expulsó al grupo performático Omni-Zonafranca de la Casa de Cultura de Alamar, en donde tenían su sede. Rojas participó también, en 2011, en el robo del Festival Rotilla de Música Electrónica.

De estos dos funcionarios han pedido la renuncia un gran grupo de artistas nacionales, así como importantes figuras de la cultura latinoamericana y, en contra de esas voluntades, siguen en sus puestos, pues no están para representar la cultura, sino para abolirla.

Esta fecha es ideal para abordar el imperante racismo estructural dentro de la sociedad cubana, donde en los ámbitos de la oposición y el activismo, las personas negras son más reprimidas por las fuerzas gubernamentales. A lo largo de 2021 ocurrieron sucesos que lo demuestran, entre ellos, la manifestación del 30 de abril, donde mantuvieron por más tiempo en prisión a las personas afrodescendientes, sin distinguir el grado de melanina en la piel, pues la diferenciación del más claro al más oscuro, también es un acto racista.

Si bien es un día para recordarle al mundo que el Gobierno cubano es represor, también es para analizar desde el propio activismo y la oposición cubana los fallos que se han cometido para no volverlos a repetir. Muchos hechos han marcado pauta en este periodo, desde el 27N hasta el 11J y, si bien han sido novedosos, la falta de organización (dada la espontaneidad de los eventos), lejos de representar victorias para la sociedad civil, le ha servido al sistema para arreciar la represión y generar miedo en la población. Una población que en estos momentos teme apoyar cualquier iniciativa, porque ha visto públicamente las reacciones del sistema.

Hoy hablar del Movimiento San Isidro, 27N, Archipiélago o cualquier grupo de oposición es una utopía o algo simbólico. No existen, porque la fuerza de cualquier movimiento social depende del apoyo popular en masas. Además, muchas figuras visibles y líderes de opinión que podrían representar una confianza para convocatorias ciudadanas, han tenido que marchar al exilio y nadie quiere reconocer que lo que algunos activistas quieren proponer ante los medios como victorias, han sido en verdad victorias pírricas. Las redes sociales ayudan y son una herramienta importante, pero una cosa es en redes y otra en el terreno físico. Con una oposición diezmada, es muy difícil obtener logros tangibles.

Los últimos meses de 2020 y 2021 serán un periodo inolvidable en la historia de Cuba, también por el gran fracaso de la propuesta del 15N. El 27E fue la demostración de que segundas partes nunca fueron buenas. En el fondo, los que estuvimos ahí queríamos generar otro 27N donde se sumaran más artistas y ciudadanos. El Gobierno, escarmentado de la primera experiencia, prefirió reprimir a permitirlo. Pocos sacaron esa conclusión, y confiaron en la propuesta de Yunior García Aguilera, que no fue más que la sepultura de toda expectativa ciudadana de cambios reales, pues el 11J demostró que gran parte del país está harta de la decadencia del sistema socioeconómico cubano.

Imagino que pocos hablaran de esto, pero en 2021 el único movimiento que tuvo un logro quizás mínimo pero tangible, fueron los animalistas, quienes lograron poner en el mapa cubano una Ley de Protección Animal a la cual le falta un mayor apoyo y compromiso de la población, pero es un paso importante. Y esto es otro tema que no quiero dejar pasar por alto: Cuba necesita libertad, pero en los ámbitos de activismo es de suma importancia hablar con más detenimiento de temas como el derecho animal, el cuidado de la ecología y la reforestación de las ciudades. De nada sirve una sociedad libre sin conciencia medioambiental y no son temas que se deban dejar para luego.

Hoy 27 de enero, vísperas del natalicio de José Martí, repetir una y otra vez en mesas de debates que el Gobierno es dictatorial es caer en una zona común y trillada, mejor sería buscar y proponer ideas novedosas que nos conviertan en un país vanguardista como lo fuimos décadas y siglos atrás. Por mi parte, mi función es seguir haciendo periodismo y mostrar al mundo la Cuba de estos tiempos, más diversa que la relacionada con la política.

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1 comentario

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Felicidades; son muchos; “no son temas que se deban dejar para luego”