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Poesía

Todos los objetos llegan a ser líricos

'Horquetas, signos,/ gajos del aroma/ que los sentidos/ ya no pueden precisar'

La Habana
Anselm Kiefer ante su obra 'The Starry Night', 2025.
Anselm Kiefer ante su obra 'The Starry Night', 2025. AP

                                   (Anselm Kiefer) 
 

La devoción interviene en la bronca
del nuevo paisaje con la belleza,
penetra en sus fibras,
pegostes, fuertes pegostes, 
greñas provocadas
por la mirada humana.
En las balanzas
polvo de caliza
y girasol molido,
¿hacia cual se inclinará?
Grises muy diversos apabullan 
hasta el olfato.

Horquetas, signos,
gajos del aroma
que los sentidos
ya no pueden precisar;
la paja retorna,
tiene lengua, rostro, gestos
que la hacen aparecer 
como una danza.

Flores, los ecos de sus trozos
de su variedad, el croma
en reflexión, ideas
que se sustraen de los colores.
Apilona leña menuda 
sobre los símbolos.
Silvestres,
les degrada el rojo intenso
a un rosa pálido, casi blanco
(amapola rose).  

Delgadas cañas, urdimbre 
que fabrican 
en su acomodo.
Menudas prendas de vestir 
describen el ultraje
sin ápice de acrílico
de oleo o carboncillo,
ni otro cómplice de la misma calaña.

Párpados entreabiertos:
moho, hongos, alucinaciones,
la ciudad difuminada,
manchas,
seres enternecidos,
herrumbre y cerrojos.
Parientes de una ceniza vertical 
mueren
ante los girasoles desmedidos
abajo un cuerpo masculino tieso,
a su lado alforjas de metal abandonadas.

En espectáculo terrones, nudos,
hilachas de arcilla;
piedra como un planeta.
De lo mineral que nazca
la fuerte protección 
imitando a animales y  violines.

Bosque:
emblemas que rasuran 
sus árboles 
e inscriben en ellos
huesos ligeros como el viento,
hacen que la sangre se esparza
en estéticas formas.
Una marea de la luz a la noche,
peces que surcan su lucidez 
venerados por la magia del disfraz 
y las mutaciones…
La savia también viaja en la paja,
aquello seco que nutre
de energía a la memoria
y la derrama como si fuera el ocre
matizado por fragmentos de tendones.
Rudos costurones entre las planchas
en sus indefinidas voces
camino hacia las formas.

Lo que vuela
no necesita levantarse
para hacerlo 
inerte, ya está en vuelo,
olfatea la ruta 
las paredes en ruinas
surca la estructura 
de la atmósfera 
como un cuerpo que viene 
desde lo alto
para fundirse sin remedio
a la desobediencia marina.

 


Ricardo Alberto Pérez nació en Arroyo Naranjo en 1963. Sus libros de poemas más recientes son ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Publicó una antología personal, Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Este poema pertenece a un libro en preparación.

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