(Ángel Escobar. Juan Carlos Flores)
Sus contraseñas
se las pasaban por debajo
de la mesa,
en cada cuerda un código,
las texturas del túnel
y del castigo,
maneras de escalar fachadas
sin que el lenguaje salpique
metal caliente y líquido.
La papa y el perejil
a un lado,
voces sin quienes las imitan,
sueltas,
desprendidas
en el caos de la luz.
Figuras con las palabras,
que estas se muevan
en aceleración
o se detengan con brusquedad.
El pozo ciego
solo a unos metros
del pozo
con el ojo de agua potente
que brota
y se empeña en mirar
desde un extraño mandato.
El ciego por la línea violeta
con notables zigzags
deja la masa de la güira
en espasmo, connotada.
El otro con maña pegajosa
de círculo
desprende olores como enigmas.
Uno te mira
y no sabes qué hacer,
el otro es mirado,
te puede tragar
sin mucha explicación.
Cada contraseña un dique
un nicho
una compasión,
glándula que se activa
y crea alarmas
tan extrañas
como la propia realidad;
suelen detonar a la manera
de pájaros salvajes,
acido que corroe
o aceite que lubrica…
aves habitadas por fantasmas
o sujetos de silicona
que distorsionan todo lo que rozan
e inyectan pura seducción.
Así iba el intercambio entre ellos,
anestesia para que el amperaje
se comporte con su clímax estable
e irreverente
a un mismo tiempo.
Entre decreto y túnel
el decreto,
túnel múltiplo de tres
te pone en punto caramelo,
lo que ves se agranda
como una semilla.
Entran por canales distintos
las frutas
y los fermentos que las preceden;
belleza e integridad
se vuelven decreto y túnel
mientras se vive a fondo
y el jugo chorrea
cada instante.
Ricardo Alberto Pérez nació en Arroyo Naranjo en 1963. Sus libros de poemas más recientes son ¿Para qué el cine? (Unión, La Habana, 2011) y Vengan a ver las palomas de Varsovia (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Publicó una antología personal, Los tuberculosos y otros poemas (Torre de Letras, La Habana, 2008). Ha traducido a Paulo Leminski y otros poetas brasileños. Este poema pertenece a su libro en preparación Distintas maneras de esperar la muerte.