Tan callado, tan callado
que cualquiera pensaría
que ha muerto. No: se ha salvado.
Tiene la cabeza fría.
*
Escribo para no oír
el silencio de los libros
que están a mi alrededor.
Les temo más que a mí mismo.
*
a Jaime Almirall, hijo
El silencio está al borde de la nieve,
donde hay mucho silencio siempre enfría.
Hablar abriga.
*
a Manuel J. Santayana
Las voces de los muertos,
esas voces que escuchas a diario,
son residuos del tiempo
que viviste y aún no ha caducado.
Gracias a ellas,
el presente no es solo hostigamiento;
ni el futuro, extrañeza.
*
Un día antes de nacer
se dio cuenta de que todo
lo que verían sus ojos
lo habían visto alguna vez.
Y se escondió tras su piel
y sus huesos de manera
que al nacer nadie supiera
quién gritaba dentro de él.
*
No importa que a nadie más
interese lo que escribo:
escribo para los muertos
y para mí, si estoy vivo.
También converso con ellos
(con nosotros, mejor dicho
y a veces resucitamos.
Conversar es infinito.
Orlando González Esteva nació en Palma Soriano en 1952. Fondo de Cultura Económica ha publicado una antología de sus textos: ¿Qué edad cumple la luz esta mañana? (México, 2008). Sus libros más reciente son El parlachín extraviado (Artes de México, Ciudad de México, 2024) y La juventud del azar (Pre-Textos, Valencia, 2025).