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Narrativa

Night Shift

'Cuando entró en el apartamento, los gatos de la anciana correteaban enloquecidos. La televisión estaba encendida. Daban el programa de Oprah'.

Montreal
Guante fetichista.
Guante fetichista. Etsy

 

Madrugada que tú conoces.

S. no lee novelas ni biografías ni libros de cuentos. Lo dice él. Solo hojea revistas de arquitectura.

S. no lee libros pero está escribiendo uno.

S. está sentado en el otro extremo del salón cerca del mural en el que una aborigen rema rodeada de peces-lagartos.

S. estudia inglés. A la manera tradicional: escudriña viejos diccionarios de páginas amarillentas. En un cuaderno va anotando palabras y significados.

S. es francófono. A secas. Mejor dicho unocomaceroveinticincolingüe. En mi caso soy hispanófono. O mejor dicho unocomatreintalingüe. Lo que hace de nuestras charlas una extenuante guerra por comprendernos mientras asesinamos al inglés como castigados por haber cargado ladrillos para construir la nefasta torre por la que comenzó el barullo de las lenguas.    

Antes S. trabajaba de día. Hasta que una tarde descubrió el cadáver de la señora F. Cuando entró en el apartamento, los gatos de la anciana correteaban enloquecidos. La televisión estaba encendida. Daban el programa de Oprah.

S. llamó varias veces y luego entró en la habitación. La mujer tenía la boca y los ojos abiertos porque había muerto sola. Entonces S. comenzó a temblar. Un temblor imparable que aún persiste si te fijas en sus manos.

Ahora S. trabaja de noche. Como si de noche nadie muriese.

S. está casado con otro hombre: Jean-Baptiste.

Jean-Baptiste tiene dos problemas: su gran mostacho —tipo lienzo Sebastopol, los cosacos de Repin— y una obesidad excesiva. En caso de haber comprendido bien, no entiendo el problema del mostacho rezumante de virilidad. Respecto a la obesidad, ha dejado de ser un inconveniente moral o estético. Y, si se mira con desenfado, poseer una pareja con sobrepeso da la sensación física de que resume dos hombres en uno. Como si se tratase de la síntesis perfecta de la infidelidad y la bigamia. Intento explicarle. Desisto porque S. no cesa de quejarse. Ni que se tratara de un hombre blanco heterosexual.

S. y Jean-Baptiste tienen una perra. Bombón. Como miembro de cualquier familia Bombón tiene sus propios problemas derivados de la condición de haber nacido en un cuerpo equivocado. La piel de Bombón es un territorio de mediana extensión desprovisto de pelos. Con esa orfandad debe enfrentarse cada año al crudo invierno creado para huskies.  

S., su obeso cosaco y Bombón. El concepto de familia se ha replanteado. Sobre todo si S. se quejase menos. De nada le ha valido el ejemplo de la señora F. que ahora yace posada en el sitio donde nada se espera mientras él todavía está aquí en la casa de los vivos, de las flores, de las estaciones.

S. hace fotografías. Solo en verano. Retratos de Bombón. De la cama enorme en que duermen él y Jean-Baptiste.

Cada noche S. y yo nos enfrascamos en diálogos inútiles. A ninguno nos alcanza el inglés para decirnos todo lo que quisiéramos.

Vuelvo al asunto del libro. Le pregunto.

S. escribe un libro sobre su vida. Quinientas páginas en las que habla del suicidio —el de su hermano que saltó a las tumultuosas aguas del Saint Laurent—. De impresiones avasalladoras, como la primera vez que estuvo cerca de un hombre con guantes y gorra de cuero negro. Todavía hoy puede sentir el olor del tipo, de sus prendas. No le pregunto para qué servían los guantes, me basta con la intimidad duradera del olor.

S. envió su libro a un editor. Una editorial queer, dice. Allá fueron sus quinientas páginas. El consejo ha sido una recomendación de género, narrativo en este caso. "S. debes cortar aquí y allá". Es demasiado para la editorial que sea. Según S. los consejos del editor lo han hecho reflexionar sobre el estilo de su escritura.

Le pregunto si trabaja en los arreglos del libro y me dice que no, que está enfrascado en la segunda parte. Gracias a sus desvelos tiene más de doscientas cuartillas de su lado. 

Le pregunto de qué va el segundo volumen.

—El segundo libro trata sobre mi vida en Marte —dice, eso lo comprendo bien no importa el muro que acecha diálogos e impide la comprensión de nuestras palabras. 
 


Francisco García González nació en Caimito, en 1963. Sus libros publicados más recientes son la novela Antes de la aurora (Linkgua, Miami, 2012) y los libros de relatos Nostalgia represiva (Casa Vacía, Virginia, 2020) y Caballo de hielo (Casa Vacía, Virginia, 2025), al cual pertenece este fragmento.

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