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Poesía

Lo que más quise

'Aunque me sostenga de la baranda,/ apostando que seguiré agarrada a ella/ para no caer completamente/ bocabajo'

Miami
Jarrón Kitsugi, de Marcantonio Raimondi Malerba.
Jarrón Kitsugi, de Marcantonio Raimondi Malerba. Kasa Store

   

               "colecciono roces como si fueran cerillas"
                                                                          D.U.

Aunque me sostenga de la baranda,
apostando que seguiré agarrada a ella
para no caer completamente
bocabajo
como aquel jarrón de baccará 
olvidado en el vacío de una sala
y la miseria de aquellas flores
—mariposas, azucenas, siemprevivas,
príncipes negros—,
regadas alrededor de lo que fueron
cuando había algo que celebrar todavía
para hallar consuelo:
llantos, gritos,
reconciliación.
Ahora, el silencio de las tardes
es un desperdicio:
sin la tía que sube a dar masajes 
con aceite vencido de alcanfor,
sin la madre contando calamidades
que siempre le sucedían a los demás,
regañándome por cualquier cosa
con los ínfimos ojos enrojecidos 
por puntadas de ira.

Hilos rotos por todas partes del festón
de un tapiz que se desgarra más y más,
bajo esas flores que fueron colocadas
por las manos de alguien que me quería
cuando me bautizaron,
o hacía la primera comunión:
manos ligeras que acariciaban
firmemente
un rosario de perlas falsas
sin saber cómo temblarían
poco después contra las mías,
sujetando 
algo inquietante que se puede hacer añicos
por las desavenencias 
de los que vienen y van
sin reconfortarnos
con aquella aspiración de cariño,
lo único que teníamos
y hasta subestimábamos:
esa osadía de sostener cuanto se pudiera
bien alto sobre el piano
más allá de los ojos de una madre,
la herencia de un jarrón 
contra la indiferencia de los demás.

Partida, hecha cristales que ya no cristalizan
sin obtener lo que éramos
ni sospechar que no se podrá pegar
y mucho menos recomponer, 
aquella cenefa transparente
donde nos mirábamos llegar
entre los cortes del vidrio
sin desvanecernos
al bajar las escaleras corriendo
tan lejos como nos sea permitido 
y apartarnos poco a poco sin mirar atrás
de aquella calidez de la familia,
de su dolor.

 


Reina María Rodríguez nació en La Habana, en 1952. Autora de numerosos libros de poesía, algunos de los más recientes son: Achicar (Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro, México, 2021), Dársenas (Ediciones Furtivas, Miami, 2022)  y Cortar las muñecas (ICE Press, 2022). Este poema pertenece al libro inédito La que abre las cosas.


 

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