Hoy el grupo teatral El Ciervo Encantado estará celebrando en La Habana sus tres décadas de acción permanente y provocadora. No lo festejará en la que fuera su sede hasta inicios de este año, pero sí como un núcleo que ha decidido tomar el camino del arte independiente, y con ello, confirma su verdadera naturaleza como un núcleo consecuente con su estética, sus provocaciones y el espacio ganado ante sus espectadores durante estas tres décadas.
La celebración, por tanto, será inusual, y sin dudas, tendrá el carácter cuestionador, irreverente y agudo que ha caracterizado al proyecto comandado por Nelda Castillo desde que naciera, bajo la inspiración de Esteban Borrero, este animal teatral e incapturable que sigue siendo, en cualquier sitio donde se le mencione, El Ciervo Encantado.
Soy de los afortunados que ha podido seguir la trayectoria de este grupo teatral, desde sus días iniciales, cuando había que encaminarse hasta Playa, para ver en la sede que sus integrantes tuvieron en la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte (ISA) los primeros espectáculos de su repertorio. En buena medida era un espacio ganado a fuerza de trabajo, porque en ese mismo instituto, pero en la Facultad de Artes Escénicas, había surgido el Teatro Buendía, bajo la guía de la maestra Flora Lauten, y a ese grupo se integró Nelda Castillo, apareciendo en las puestas que Lauten creaba con los estudiantes y que en 1986, con el estreno de Lila, la mariposa, pasaron a ser reconocidos en el ámbito profesional de la escena cubana.
Si el Buendía marcó un punto esencial en el teatro cubano de aquel tiempo, por la visión polémica y desenfadada de varios clásicos (Electra Garrigó, Lila…), también lo fue por la carga de imágenes y las alusiones metafóricas que hablaban de la incomodidad de los jóvenes en una sociedad que se decía perfecta, pero en la cual sobrevivían demasiados tabúes y faltaban demasiados exorcismos, como denunciaba Las perlas de tu boca, en la cual Nelda Castillo también actuaba.
Nacida en Cárdenas, Matanzas (como Virgilio Piñera), Nelda pasó por el Teatro Musical de La Habana y el Teatro Plaza, donde estrenó Galápago, de Salvador Lemis. Luego, al vincularse al equipo de Flora Lauten, dirigió espectáculos en el Buendía como Un elefante ocupa mucho espacio y Monigote en la arena, a partir de los cuentos de Laura Devetach, espectáculos para niños que ya operaban fuera de los lugares comunes desde los cuales se creaba para esos espectadores aún a fines de los 80 e inicios de los 90. Actriz, directora, profesora, elevó su trabajo a un nivel superior al estrenar Las ruinas circulares, puesta creada a partir de textos de Borges, Martí, Cervantes, en cuya dramaturgia trabajó además Raquel Carrió, asesora del Buendía. La obra se vio y aplaudió en varios países, pasando por el Festival Iberoamericano de Cádiz, entre otros certámenes. Con este montaje, se hizo visible una poética más personal, y un proceso investigativo que era parte esencial del resultado que subía a escena, como un laboratorio de trabajo constante sobre sus actores y las fuentes culturales a las que Castillo apelaba.
Todo ello continuaría en las aulas del ISA, adonde retornó Nelda Castillo como profesora, en pos de un espacio autónomo donde gestar su propia agrupación. Y ello no sucedería sino hasta 1996, cuando se estrena, el 10 de octubre en la sala Antonin Artaud del Gran Teatro de La Habana, El Ciervo Encantado, con las actuaciones de Mariela Brito y presentando en sus graduaciones del Instituto a Ana Domínguez y Eduardo Martínez.
Por las mismas fechas, entre 1996 y 1997, se aprueban otros proyectos, como Argos Teatro, dirigido por Carlos Celdrán, también ligado al Teatro Buendía como discípulo de Flora Lauten y director de espectáculos en ese núcleo como El rey de los animales y Safo, y Teatro de La Luna, cuyo liderazgo corresponde a Raúl Martín. La coexistencia de esos grupos, junto a otros no menos importantes (Teatro El Público, Teatro de las Estaciones, Teatro Pálpito, entre otros), dieron a la escena cubana de ese instante un brillo particular, aportando otras texturas a lo que desde inicios de la década también proponían Teatro Obstáculo, Teatro El Puente, Teatro A Cuestas o Teatro en Las Nubes, que fueron poco a poco desapareciendo o reorientando su rumbo hacia el exilio.
La labor de El Ciervo Encantado ha sido también la de establecer una resistencia, y la defensa de un espacio que aunque hoy no se comprenda como una sede ni un edificio donde se hace teatro bajo el nombre de El Ciervo Encantado, perdura el espíritu incansable y desafiante de muchas de sus propuestas, desde aquel primer estreno.
A la puesta en escena inspirada en la alegoría de Esteban Borrero que además dio nombre al grupo, siguieron dos propuestas alimentadas por la lectura de dos novelas de Severo Sarduy: De dónde son los cantantes y Pájaros de la playa. La noción de lo neobarroco impulsó al grupo a otras interrogantes, llegando a lo que sus críticos han denominado espectáculo-altar, donde la invocación a grandes nombres de lo cubano iba ayudando a desmontar las nociones convencionales de dramaturgia. Las investigaciones de Fernando Ortiz, el gozo del cabaret y la noche de la Isla, sus poetas (Martí, Lezama, Piñera, Casal), sus héroes, sus mártires olvidados, la recuperación de nombres del exilio, como Reinaldo Arenas o Cabrera Infante o Lydia Cabrera, los mitos humildes y vivos de la Isla, se hicieron parte esencial de las propuestas escénicas. En ese proceso de creación, el grupo rescató el aula-teatro de la Facultad de Artes Plásticas, y estableció ahí su cuartel de mando, hasta que una funcionaria, pretextando una de tantas restauraciones inacabadas en la historia del ISA, les hizo abandonarla.
El grupo halló refugio en la Casona de Quinta y D, y en la capilla de ese edificio tan antiguo, siguió persistiendo, y estrenando allí obras como Visiones de Cubanosofía, con la cual su trayectoria alcanza otro punto de giro. En La Capilla nacieron títulos como Variedades Galiano (a partir de un libro de la poeta Reina María Rodríguez), Rapsodia para el mulo o Cubalandia, así como las sesiones del café-concert donde los jóvenes actores de El Ciervo Encantado servían de anfitriones a nuevos músicos o ellos mismos encarnaban en una parodia delirante a varios de los más reconocibles miembros de la crítica teatral.
En 2014, bajo el mandato de Julián González como presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, El Ciervo Encantado pudo abrir finalmente su sede, en Línea y 18. Ahí trabajarían por 12 años, estrenando performances, continuando con las intervenciones públicas que han sido parte del trabajo y el fogueo de sus integrantes en diversos espacios, y laborando como una suerte de cátedra de la performance y lo queer en Cuba, en una dimensión que aún está por estudiarse. Triunfadela, La Anunciación, Zona de silencio, La ecuación de Mifflin, Arrivals, Departures, Guan melón…!!, Tu melón…!!!, La célula fundamental, y otras propuestas allí presentadas, incluyendo libros como Irrupciones, han servido como una crónica incómoda y siempre a contracorriente de acontecimientos recientes en el agitado y al mismo tiempo aquietado paisaje de lo cubano. A ello se vincularon plásticos, poetas, otros nombres, desde los hijos de Lázaro Saavedra hasta Omni Zona Franca, Martha Luisa Hernández Cárdenas o la actriz Yindra Regüeiferos. Sobre el escenario bajo el cual Nelda Castillo, en la inauguración de esa sede, colocó la máquina de escribir habanera de Severo Sarduy, todo eso cobraba otra dimensión, en una línea consecuente que así como siempre tuvo el respaldo de un público fiel y recibía elogios de críticos y especialistas, también molestaba a otros tipos de espectadores.
En febrero de este año, El Ciervo Encantado hizo saber mediante sus redes y plataformas que abandonaba la sede de Línea y 18, y con ello además rompía su relación y su dependencia con el Consejo Nacional de las Artes Escénicas. La decisión, sin precedentes en la historia de esa institución, los ponía en la zona complicada del arte independiente en Cuba, y venía motivada por distintas discusiones, revisiones y suspensiones de estrenos, que desde 2023 se fueron haciendo más frecuentes. La imposibilidad de proyectar el documental La Habana de Fito, de Juan Pin Vilar, fue el detonante de esa tensión, y a pesar del respaldo que obtuvo El Ciervo Encantado por La célula fundamental, también merecedora del Premio Villanueva, se hacía evidente la brecha que impedía un diálogo real entre las fundadoras del grupo y quienes deberían representarlas en términos institucionales.
Nelda Castillo, pese a haber sido nominada por varios nombres y entidades al Premio Nacional del Teatro, ni siquiera fue mencionada entre los aspirantes a dicho galardón en este 2026. La entrega del premio que la filial cubana del Instituto Internacional del Teatro decidió entregarle en marzo por toda su obra, se hizo casi a título personal en la propia casa de la directora, tras la decisión del CNAE de no participar en dicha premiación. Nada de eso ha detenido a Nelda Castillo y a Mariela Brito, ni a sus colaboradores. El Ciervo Encantado, ahora distante de esas sedes y esas negociaciones, sigue vivo hacia sus 30 años.
Reconocidas en el circuito internacional de la performance y el teatro político, las fundadoras de El Ciervo Encantado han hallado acogida en estudios de artistas de la plástica y otros medios, como Yornel Martínez y Sandra Ceballos, o La Tertulia. Con nuevas propuestas, que abren el archivo del grupo en sus tres décadas de trabajo para activar otras zonas de contacto con sus seguidores desde el espacio de acción independiente, El Ciervo Encantado ha transitado de un punto a otro de la ciudad, en medio de las carencias y resonancias de una crisis también sin precedentes, como acto de continuidad a su línea ética y estética.
La Embajada de Noruega también las ha acogido, y allí pudieron presentar Madres, una de las performances cuyo estreno había sido suspendido, el pasado 16 de julio. En un panorama teatral que también ha recibido el duro impacto de la crisis, con estrenos cada vez menos frecuentes, y funciones afectadas por la falta de fluido eléctrico, sedes con graves problemas técnicos, cerradas o semicerradas, El Ciervo Encantado sigue operando desde otras alternativas para no quedar atrapado en un discurso ni conciliatorio ni pasivo, sino fiel a sus fundamentos.
La fiesta por los 30 años llega adelantada, porque el aniversario cerrado ocurrirá el 10 de octubre, pero esa misma crisis y sus efectos han acelerado una celebración que en verdad ya empezó desde el arranque del año y ojalá perdure, con nuevas incitaciones, hasta diciembre. Con el apoyo de la Embajada de Noruega, El Proyecto Milner, y de amigos como Raulito Bazuka y Grados que hicieron su aporte para que la fiesta no carezca del merecido cake, El Ciervo Encantado preparó para la ocasión, según reveló Mariela Brito, una fiesta convocada a las 8:00PM en 11 y 14, El Vedado, "donde vamos a intervenir el espacio con un audiovisual desacralizador y contundente a la vez sobre todo nuestro recorrido, performances individuales vinculadas a lo que ha significado El Ciervo para cada uno, y por supuesto un brindis y un feliz cumpleaños, en nuestro estilo también".
Confieso que me encantaría estar ahí, con El Ciervo y sus fieles, incluso en una Habana acribillada por carencias y apagones. Con cada uno de sus empeños y proyectos, El Ciervo Encantado nos ha devuelto lo vivido en una biografía teatral, en la cual la memoria, la provocación de la escena, la diversión y la reflexión, han ido de la mano hacia esa otra Cuba en la cual por encima de cualquier obstáculo, el arte puede parecerse a una verdad. Y sin concesiones, aunque ello parezca, cada vez más, tan difícil y riesgoso.