El centro histórico de La Habana Vieja, con 500 años de antigüedad, conserva inmuebles de todas sus etapas constructivas, salvo de las sencillas viviendas de madera que inicialmente reprodujeron los tipos de la arquitectura aborigen. Existen inmuebles con grandes niveles de estratificación que ilustran en sí mismos los cambios de estilo, técnicas constructivas y materiales empleados en la ciudad durante siglos. Hay también otros que, sin perder su esencia arquitectónica original, han podido adecuarse a nuevos usuarios y funciones.
Ante todo, ellos ilustran la condición utilitaria de la arquitectura, cualidad que a diferencia de otras artes, nos hace aceptarla como un elemento vivo. Contenedores históricos de otras artes y costumbres sociales, ofrecen además una fotografía epocal, un espejo de los hábitos, necesidades y aspiraciones de las sucesivas generaciones y sus distintas maneras de hacer y vivir. Dentro de la profunda metamorfosis que en su evolución marcó la ciudad, esos vestigios del pasado posibilitan entender el camino transitado y sostienen la identidad histórica del espacio habitado.
La casa barroca situada en Mercaderes esquina a Amargura, conocida como Casa Aguilera, es un ejemplo interesantísimo de los cambios que pueden darse en un sitio que permanece fiel a sus orígenes pero que, con sus nuevas funciones, va sumando valores y una rica vida cultural. Con el número 15 (luego 27 y hoy 213), se sabe construida de cantería y mampostería, hacia 1726. Al estar en una de las primeras vías de la ciudad, probablemente sustituyera otras de más frágil factura.
Los materiales empleados y el hecho de que tuviera dos plantas, indica que pertenecía a una familia acomodada, que usaba la planta baja para negocio y la planta alta como vivienda. Asimismo, ese año establecieron sobre el inmueble un impuesto por el valor de 1.000 pesos a favor de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, que entonces estaba en la Parroquial Mayor. Este impuesto, conocido como de capellanía, era una obligación que establecía con la iglesia una persona sobre una propiedad suya, mueble o inmueble, a cambio de la cual obtenía la salvación de su alma. Tenía cierto carácter perpetuo, por lo cual este impuesto se mantuvo vinculado a la casa hasta 1935, cuando sus propietarios pagaron al Arzobispo de La Habana 530.000 pesos para redimirlo.
En 1728, la casa fue adquirida por el capitán vasco Francisco Antonio Bassabe y Urbieta, quien también tuvo un vínculo estrecho con la Iglesia como Procurador de pobres y Receptor del Santo Oficio. En 1731 fue designado alcalde de La Habana. Con él la vivienda no solo ganó notabilidad sino que fue remozada en 1730, adquiriendo las dimensiones y estructura definitivas como palacio barroco. Es una casa almacén que se articula a partir de un gran patio y un traspatio para el servicio. Su planta baja estaba dividida en accesorías, y sobre ellas el entresuelo y el piso noble con un hermoso balcón corrido con tejadillo. Las singulares columnas torneadas de madera del balcón distinguen su fachada de sillar, donde se labró una elegante portada barroca que de conjunto realzan la vivienda.
Con la siguiente familia propietaria la casa ascendió más en la escala social colonial, ya que en 1806 fue comprada por el capitán Ignacio Herrera y Pedroso, primer marqués de Almendares. Él y su hijo la habitaron la mayor parte del siglo XIX y la modernizaron con la incorporación de elementos de hierro como los guardacantones y la baranda del balcón. Al interior también pusieron persianería francesa.
Entre 1874 y 1913, pasó por varios procesos de compraventa, y en su mayoría fue alquilada a dos ferreterías, la de Máximo Monte Hermoso y la de Aguilera García y Cía. Puede ser que, entre 1874 y 1890, el poeta José Fornaris viviera rentado en la planta alta. Aunque esto se ha afirmado en muchas ocasiones, no existe documentación histórica que lo pruebe. En cambio sí se tiene registro de su gran actividad como ferretería, cerrando el capítulo de la casa como palacio de la clase alta habanera e iniciando su período como espacio eminentemente comercial.
En 1913 fue definitivamente adquirida por la compañía de Julián Aguilera y desde entonces identificada como una de las principales ferreterías de la zona, lo que la inmortalizó como "Casa Aguilera". En 1935, sus propietarios acometieron una importante reforma para modernizar la tienda pero con el firme propósito de mantener su aspecto de palacio colonial. Es interesante notar cómo la imagen de la casa se convirtió en un sello de identidad y en fecha tan temprana se salvaguardó en lo posible su autenticidad. Esto salvó no solo la fachada, sino también las pinturas murales de las habitaciones principales de la planta alta, los techos de viga, tablazón y tejas criollas, así como la carpintería de puertas y ventanas, reconstituidas en algunas zonas.
Además, en estas reformas se incorporaron suelos de hormigón cubiertos con losas hidráulicas, varios aseos, un montacargas en el traspatio y dos lucernarios, uno de ellos cubriendo el patio. La planta alta quedó para despacho y almacén, y la baja para la venta. Después de 1959 fue nacionalizada y sin más datos sobre su uso en esa época, la siguiente noticia que se ha registrado fue su primera restauración arquitectónica en 1981 por la Oficina del Historiador de la Ciudad. Entonces se retiró el lucernario.
Hasta terminar el siglo XX funcionó primero como Casa del Estudiante y luego como sede del Centro José de la Luz y Caballero, que también programaba y ofrecía actividades educativas para niños y jóvenes. En 2005 volvió a ser objeto de una restauración capital y desde entonces acoge el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea, institución fundada en 1990, que había radicado en el Castillo de la Real Fuerza.
El Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea representa un nuevo capítulo en la vida de esta casa, ahora dedicada a exhibir, promover y legitimar la cerámica como técnica artística de gran capacidad expresiva y funcional. Distribuidos sus espacios entre oficinas, almacenes y salas de exposición temporal y permanente, constituyen un exclusivo repositorio de la producción artística de los ceramistas cubanos desde la década de 1950 hasta la actualidad. Sede además de las dos bienales que en el país se dedican exclusivamente a esta manifestación: Amelia Peláez, dedicada a esculturas, instalaciones y proyectos; y La Vasija, para vasijas y paneles cerámicos.
La rehabilitación del inmueble como museo cuidó expresamente la integridad y autenticidad del edificio patrimonial y toda su historia. En la fachada puede observarse desde su distinta numeración hasta las tarjas que hacen referencia a su uso como ferretería. Considerando que existe un beneficio mutuo para el museo y su espacio arquitectónico, su explotación actual demuestra la inagotable capacidad de la arquitectura para acompañar la vida humana y readecuarse a cualquier propósito sumando valores a lo largo de los siglos.
El Test de Rorschach se utiliza para evaluar diversos aspectos de la personalidad, tanto normales como patológicos. Consiste en láminas con manchas de tinta y cada individuo describe lo que ve en cada lámina. Esa descripción ayuda a entender los procesos del pensamiento y el estado emocional de ese individuo.
Algunos ven, en la misma lámina, una aurora boreal mientras otros ven un cementerio.
Pero hay otros que simplemente mienten para tratar de demostrar que son...lo que no son.
Pues los artículos de Yaneli funcionan aquí como un Test de Rorschach.
Jajaja. Hay quien no puede ver los dibujos porque está esperando que se vaya la lu. Saludos.
Gracias a Yaneli por estas informaciones. Es bueno conocer que hay edificaciones, como esta, que han sido cuidadas y todavía se mantienen en pie, contra "el viento y la marea" del descuido y la ausencia de mantenimiento que conllevó el desastre del 59. En esta misma publicación se leen a menudo tristes noticias de derrumbes totales y parciales de edificios de La Habana. Es difícil imaginar cuánto se ha perdido de la rica historia arquitectónica de la capital; cuántos edificios que recuerdo como sujetos en las clases de historia del arte en la UH, no existen ya o están a punto de desaparecer; cuántos de ellos fueron objeto de la angustia de sus habitantes ante la imposibilidad de encontrar materiales para repararlos. Sin dudas la casa Aguilera fue afortunada.
Los aportes de Yaneli a esta página son inapreciables.
La recopilación de estos artículos sería una obra de gran valor.
Es increíble cómo esta muchacha, que estudió en La Habana inicialmente, pero que ha desarrollado su vida y su obra en España, ha podido regalarnos estas preciosas reseñas manteniéndose en las alturas.
No es primera vez que lo escribo y la alabo por ello.
La capacidad de abstracción de Yaneli es algo que la hace especial, que la saca de la mediocridad malsana de una politización enfermiza. Hay mediocres que no tuvieran nada que decir si no hablan de política. Afortunadamente, Yaneli nos transporta a lo sublime, al arte, a la historia, a lo trascendente.
Lo demás, ya lo conocemos desde hace mucho tiempo.
Solamente un psicópata aburrido y lleno de resentimiento puede atacar a Yaneli en esta página.
Papo__ El resentimiento es el tuyo en querer ver lo que no es. En ningum momento he atacado a Yaneli, sino que hice un comentario sobre su artículo partiendo de una verdad que es inobjetable: el Beirut que es hoy La Habana. "Lo trascendente" es una anécdota cuando se sabe que no "trasciende" en la realidad. Por una cuestión de oficio conozco La Habana mucho mejor que tú y sé perfectamente lo que era y lo que se ha perdido. Eres tan lerdo que caíste en tu propia trampa. Shut up sucker!
Cuando Yaneli Leal nos escribe sobre la arquitectura en Cuba, nos da la sensación de estar leyendo un artículo sobre Praga, Cracovia o Bath en una revista epecializada, y no sobre una de las tantas casas y mansiones que la desidia castrista convietieron en ruinas de Pompeya, y que hoy son restaurada a cuenta gotas con la buena voluntad y la ayuda de la UNESCO y las donaciones siempre, con el sólo interés de fomentar el Disneyland heredado de Eusebio Leal para la gloria del régimen. Sin embargo hay que agradecer a Yaneli que nos recuerde lo bella y rica que fue la arquitectura de la isla en medio de ese bombardeo en que ha quedado Cuba, para al menos saber que éramos civilizados.