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Arquitectura

Detalles de La Habana para caminantes curiosos

'¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al ver casas con chimeneas en un clima permanentemente cálido, preguntándose si en el último siglo las temperaturas habrán cambiado tanto?'

Madrid
Caleta de San Lázaro en 1882, según la pintara Esteban Chartrand.
Caleta de San Lázaro en 1882, según la pintara Esteban Chartrand. Facebook/Museo Nacional de Bellas Artes Cuba

Toda ciudad puede resultar inagotable si se mira en detalle, si se encuentran las pistas que enlazan con prácticas e historias del pasado, que evidencian la gran variedad de diseños contenidos en un solo elemento o los tesoros que hacen peculiar un espacio determinado. Esos pequeños descubrimientos suelen hacer la experiencia urbana fascinante y mucho más cercana, como si revelara todos sus secretos.

A veces encontramos al paso elementos curiosos, raros y hasta incomprensibles, pero descubrir su sentido nos permite identificar mejor lo que observamos, e integrarlo en una mirada más cercana y personal del entorno que nos rodea. Sobre algunos aspectos surgen muchas preguntas. Las respuestas pueden ser de lo más diversas.

¿Quién no se ha sorprendido alguna vez al ver casas con chimeneas en un clima permanentemente cálido, preguntándose si en el último siglo las temperaturas habrán cambiado tanto? Lo cierto es que en La Habana las casas con chimenea solo existieron en la primera mitad del siglo XX, y nunca calentaron nada. Ni antes ni después encontramos otros ejemplos, porque la chimenea fue en esencia un capricho estético asociado a una corriente de moda. Llamada estilo neocolonial, mezclaba un poco de herreriano español, con barroco y neoclásico cubano y estilo misión californiano, deviniendo uno de los tantos lenguajes eclécticos en los que, por qué no, cabía una chimenea. Así se incorporaron en muchas casas de barrios modernos, no sin cierto aire hollywoodense.

Por otro lado, hay casos curiosos específicos como la debatida diferencia de proporciones entre las torres de la catedral habanera. Casi todos piensan que el problema es la delgada, sin embargo, la causante del desajuste fue su compañera. Destinada a campanario, la torre derecha comenzó a construirse igual que la izquierda. Así lo atestigua la primera aspillera con forma de óculo u orbe que tienen ambas. Sin embargo, estando en ejecución llegaron las campanas, y como eran mayores de lo esperado, tuvieron que ampliar la última torre para darles cabida.

Otro caso interesante es la casa que está dentro del segundo patio del Convento de Santa Clara, es decir, en medio del claustro. Es una casa cuyos balcones con tejadillos dan la impresión que pretendían explorar más del entorno circundante. Se ha debatido mucho su origen, con el consenso de que es una obra anterior que no se demolió al ampliarse el convento. Así pues, el segundo claustro la rodeó, aprovechando la estructura para nuevas dependencias.  

Otro balcón que llama poderosamente la atención es el de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. Es un ejemplo atípico en el contexto habanero y sorprende como elemento sustancial al centro de la fachada. No obstante, sobreviene imprescindible cuando se considera que, en una ciudad portuaria, este era un templo abundante en peregrinos, y su amplio balcón permitía desplazar al exterior las ceremonias de despedida y bendición a los que al mar partían.

De esta manera, quedan muchas historias grabadas en los silenciosos muros de las construcciones que hacen la ciudad. A veces literalmente inscritas, como las múltiples capas de pintura que definieron los colores del entorno urbano y se refieren a modas y regulaciones de ornato público, y los rótulos publicitarios que recuerdan antiguos comercios. Un hallazgo siempre emocionante es el de las marcas de cantería, toda una simbología desarrollada para contabilizar el trabajo realizado por cada picapedrero. Una práctica que se remonta a la Edad Antigua y que en Cuba también fue empleada.

Entre marcas curiosas que pasan desapercibidas o se confunden con una rotura o desgaste están los mechinales, frecuentes en las fachadas de piedra de los edificios más antiguos, como la Iglesia de San Francisco de Asís. Los mechinales son orificios cuadrados que se dejaban en los muros para apoyar las vigas de los andamios de madera durante la construcción. Una vez terminado el inmueble, no se cerraban para facilitar el futuro anclaje de andamios en caso de reparación o reformas. Así han permanecido estos agujeros, hoy nidos de palomas, no por descuido de la restauración o del tiempo sino para recordar la tecnología que acompañó la obra de algunos de los edificios más valiosos de la ciudad antigua.

Detalles en la arquitectura difíciles de comprender asombran una vez que son explicados, cambiando nuestra perspectiva de lo que vemos. Igual sucede con algunos trozos de ciudad que, por la intensa urbanización, resultan extraños. Ejemplo curioso es la cala del antiguo Vedado Tennis Club, en Calzada entre 16 y 18, ese trocito de mar que cruza Malecón y descansa manso tierra adentro. Lo extraordinario es que parece un baño artificial cuando es lo único natural que queda en ese tramo, donde para la construcción de la avenida y del club, se rellenó la gran cala que definía la desembocadura del Almendares con una forma más abierta. En el mismo proceso desapareció, por ejemplo, la Caleta de San Lázaro, siendo hoy difícil imaginar el mar casi a la altura de San Lázaro y Oquendo.

Son los detalles de una arquitectura diversa en soluciones, estilos y técnicas uno de los motivos que hacen La Habana fascinante para el caminante curioso. Descubrirlos es un reto grande que merece la pena, a la par que nos permite entenderla y apreciarla de una mejor manera.

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1 comentario

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Felicitaciones a Yaneli Leal, muy profesionales conocimientos de la historia de la arquitectura. Lo hubiera aprobado Luis de Soto y Sagarra... Una sugerencia: comenzar en el tema, directamente. Sobra el 1er párrafo o va después, diluido. Le resta pertinencia al texto. Saludos admirativos...