Esta semana ha sido noticia la inauguración del antiguo Convento de Santa Clara, en La Habana, como centro de formación en las artes y oficios vinculados a la restauración y la conservación patrimonial.
Es una excelente noticia por lo que representa para el rescate de uno de los edificios más antiguos y excepcionales de la ciudad, y por lo que como institución pudiera contribuir en la especialización de múltiples técnicas y conocimientos necesarios para la salvaguarda del patrimonio mueble e inmueble de Cuba y el Caribe. El ámbito de actuación está así extendido dentro del proyecto, para propiciar la interacción entre especialistas de toda la región. De esta forma, el Colegio Santa Clara recibirá profesores invitados, pero, sobre todo, buscará extender la experiencia de la Oficina del Historiador con la capacitación profesional de estudiantes del resto del país y del Caribe.
Ante la significativa reducción del presupuesto que el Gobierno cubano ha impuesto a la Oficina del Historiador, que afecta sustancialmente la actual labor restauradora y el mantenimiento de lo conseguido, una obra monumental como esta es posible gracias al apoyo financiero de varias agencias de cooperación europeas dentro del programa Transcultura, organizado por la UNESCO. Este persigue la "profesionalización del sector cultural y creativo en el Caribe y la creación de oportunidades de emprendimiento y de acceso a mercados". Para ello la enseñanza especializada es un recurso fundamental, por lo que actualmente en el programa intervienen seis instituciones docentes cubanas. El Colegio Santa Clara se sumará a ellas, creado específicamente con este objetivo.
Aunque se espera comience pronto, la inauguración del pasado martes solo constituye la entrega parcial de la obra civil y arquitectónica, ya que todavía el Colegio no dispone del mobiliario y equipamiento necesarios para activar sus distintas dependencias. El antiguo convento es una de las construcciones más grandes del centro histórico, ocupa cuatro manzanas entre las calles Cuba, Sol, Habana y Luz. Llegó a tener tres claustros y una huerta. En el futuro, el Colegio hará provecho de toda esta superficie. Su inauguración parcial pretende movilizarlo.
El pasado martes se entregó el primer claustro y la iglesia, reconvertida en aula magna y salón de conferencias con espacio de traducción simultánea. En el claustro estarán la biblioteca, las aulas, unos diez talleres y 14 laboratorios. Los fondos de la biblioteca serán inicialmente los del antiguo Centro de Información sobre Patrimonio Cultural del CENCREM. Esta institución radicó entre 1982 y 2012 en el propio convento, y fue puntera en la formación, investigación y restauración patrimonial en el país. Tuvo también un estrecho vínculo con la UNESCO, y con su apoyo creó en 1995 la Cátedra Regional de Ciencias de la Conservación Integral de los Bienes Culturales y Naturales para América Latina y el Caribe. En muchos sentidos, el nuevo Colegio será heredero y continuador de su labor.
Se ha proyectado que el segundo claustro disponga de la administración y departamentos docentes, así como de las áreas de servicios y alojamiento de los especialistas invitados.
Del tercer claustro queda poco, pues fue demolido en 1959 para habilitar una zona de aparcamiento. Por ello se construirá allí una obra contemporánea con múltiples usos, donde existirán espacios comunitarios con talleres y actividades destinados a la sociedad en general. Debe decirse que, en 2020, se inauguró allí un programa de conferencias mensuales llamado "Entre puntales y esperanzas" que adelantó la actividad divulgativa del Colegio, aunque con un alcance limitado debido a su desarrollo en un sitio en obras.
El cuarto recinto o antigua huerta, quedará como espacio verde con un nuevo jardín, favoreciendo no solo al conjunto arquitectónico sino también al compacto tejido del Centro Histórico.
Con una inversión referida en cuatro millones de euros se ha intervenido hasta hoy uno de los cuatro espacios del antiguo convento, lo que evidencia el alto coste de la rehabilitación patrimonial, y lo mucho que se requiere para continuar avanzando en el resto del edificio. No obstante, ha de celebrarse la recuperación progresiva de un inmueble que alcanza los 381 años de vida activa en la ciudad.
Entregado a la Oficina del Historiador en 2012 en muy mal estado técnico constructivo, se ha conseguido en el primer claustro y la iglesia restaurar la antigua carpintería, lo que involucra puertas coloniales, los pies derechos que sustentan el colgadizo de la segunda planta y las fantásticas cubiertas artesonadas, muy especialmente la de la nave de la iglesia. Aunque muchos elementos han tenido que ser sustituidos, esta intervención ha permitido conservar un alto por ciento de la estructura original, lo que si media mucho más tiempo no se conseguirá en el segundo claustro, donde ya han fallado algunos colgadizos.
También se han consolidado los muros de tapial y mampuesto, eliminando los perfiles de acero insertados en la década de 1920, cuando la Secretaría de Obras Públicas acondicionó el convento como su sede. En la iglesia, por ejemplo, en esa época se adicionó un entresuelo de hormigón que, aunque fue eliminado en la década de 1980, aún mantenía el metal, dañando los muros del siglo XVII.
La importante exploración arqueológica llevada a cabo permitió rescatar los antiguos baños y lavaderos que hoy quedan a vista en el patio del primer claustro. Asimismo, se rehabilitó la jardinería, conservando las plantas originales y reponiendo aquellas que los documentos históricos atestiguan existieron.
La segunda etapa de la rehabilitación actual estará enfrascada en el segundo claustro del convento. Construido también en el siglo XVII, a partir de 1657, es probablemente uno de los espacios que más elementos antiguos conserva, pues tuvo menos transformaciones en los siglos venideros. De él solo se ha restaurado la Casa del Marino, inaugurada en 2019 como museo de sitio. Al permanecer dentro de un edificio en obras ha tenido muy limitado acceso, por lo que aguarda latente con una valiosa colección de objetos recuperados en las excavaciones, y muebles y pinturas del convento que habían estado en otros museos de la ciudad. Cuenta con infografía y maqueta que ilustran la historia del sitio, así como salas que recrean espacios de la vida conventual, lo que permite comprender de una manera inmersiva un espacio con larga historia y relación con la ciudad, a la que podremos dar un vistazo en el artículo siguiente.
Tratando de entender…Entonces, el antiguo Convento de Santa Clara se inaugura de nuevo, .. ¿segunda parte? ¿reencarnación del CENCREM? Yo estudié allí parte de la maestría en restauración, cuando recién se había recuperado el edificio, poco antes de 1997. Qué poco duró aquella restauración, ¿no? Entre 1997 y 2012, el deterioro fue tan severo que hoy celebramos —con razón— haber salvado apenas el primer claustro y la iglesia.
Y sí se invirtieron 4 millones de euros?. De los cuales, según se comenta en voz baja, 3 se fueron en “repagar” materiales y gestiones que nunca llegaron a tocar piedra. El millón restante, con suerte, le dará cinco años más de vida útil a lo restaurado. Con suerte. Mientras tanto, se anuncian laboratorios, biblioteca, talleres, espacios comunitarios... Y aunque todo suena prometedor, no deja de doler recordar que ya lo tuvimos. Ojalá esta vez el entusiasmo dure más que el yeso fresco.
Ojalá no haya que volver a empezar . Ojalá el convento —como siempre— resista.!
Otro edificio restaurado que terminará siendo un hotel mas o un espacio para el turismo...
Todo este trabajo de restauración es bien encomiable, pero se da de narices con el entorno. Al leer todo ese esfuerzo de reconstrucción no puedo dejar de pensar que la gente, los habitantes de ese y de otros barrios de La Habana o de provincias, no tienen maneras legales y asequibles de restaurar o darles mantenimiento a sus viviendas (si las tienen), y fuera del rango de acción de la Oficina del Historiador las casas se caen a pedazos con cada aguacero. Esa disparidad en los planes económicos de la ciudad, y en general del país, me recuerda a la antigua URSS con sus sputniks y la perrita Laika llevándole la delantera a EEUU, pero en cuanto a batidoras, lavadoras o cualquier otro artículo de la vida cotidiana del ciudadano no podía competir, para no hablar del desequilibrio en el desarrollo horizontal de la URSS, entre Moscú y Tashkent. (En cuanto a lo de Cuba con la vivienda pasa de castaño oscuro y no merece más comentario.)
Yo viví un tiempo en Aguiar entre Muralla y Sol, a media cuadra del Convento de Santa Clara, pero siguiendo el “profundo” concepto de que el mono siempre ha vivido en la selva y nunca se ha hecho botánico, pues nunca supe de su historia hasta hoy. Gracias, Yaneli. Sin embargo, poco después de salir de Cuba hace 33 años, me enteré que ese edificio en ruinas tenía una intensa vida interior. Si no me equivoco de convento, Reinaldo Arenas describió en sus memorias la vida subterránea que algunos vivieron allí. Es bueno saber que instituciones corruptas como la UNESCO al menos se interesen por el Convento de Santa Clara, pero dudo que adelanten mucho en su renovación. Eso le corresponde al gobierno cubano, una entidad dictatorial que sólo sirve para mantener a los mandones en el poder. También espero que los radicales del exilio no la emprendan con los cubanos que trabajarán en restaurar y conservar la historia y la arquitectura cubanas. No son “represores”?, creo yo. Que ustedes creen?