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Urbanismo

Las industrias también han hecho ciudad

Como estrategia comercial de indiscutible efectividad, estuvieron las casas regaladas por las empresas de las marcas jabón Candado, jabón Rina, café Pilón y varios periódicos.

Madrid
Una casa Jabón Candado, en la actualidad.
Una casa Jabón Candado, en la actualidad. TheReadReader

Las industrias en Cuba han hecho ciudad de muy diversa manera: definiendo la localización y creación de las poblaciones, su dinámica de comunicación interna y externa, las relaciones sociales y laborales, las herramientas, utensilios y productos disponibles en la vivienda, en la producción, para el consumo.... Con sus avances definieron cambios en la imagen urbana marcando períodos históricos muy concretos, ya que parte de las ganancias fueron invertidas en el mejoramiento de la pavimentación, la iluminación, el acueducto y el alcantarillado, así como en la modernización de la arquitectura y la incorporación de nuevas tipologías.

Además de actuar como mecenas, la industria es quien ha proveído los materiales y elementos empleados en correspondencia con los que han sido extraídos, transformados y producidos a nivel nacional, o importados. De ahí que su impacto en la ciudad sea mucho más dinámico, sustancioso y profundo de lo que normalmente se reconoce.

Su impronta es evidente en los poblados que han surgido y funcionado en estrecha relación con una plantación, un central o una mina, pero también en entornos urbanos polivalentes el proceso urbanizador y el fomento industrial han estado muy interconectados. En ellos la industria ha impulsado enclaves estratégicos en torno a los puertos y los ríos, así como barrios nacidos en las proximidades de vías férreas y caminos comerciales, creando por ejemplo una clara diferencia entre el norte y el sur de la capital, visible en el tejido y la trama urbana, en la arquitectura y en las clases sociales allí asentadas inicialmente.

Tanto en el espacio rural como en el urbano, la fábrica motivó la población, definió vocaciones personales y regionales, aportó prosperidad y oportunidades de empleo. En ocasiones ha constituido el elemento local más identificativo o al menos un reconocido referente urbano. En La Habana, al indicar direcciones son de mención casi obligatoria y reconocibles por la mayoría: La Lechera, la Cubana de Acero, El Cocinero, Tallapiedra, El Miño, la Partagás, la Coca-Cola, el INDER, Suchel, La Papelera, entre muchas otras.

La huella de la fábrica ha quedado en la toponimia como testigo de su presencia, actividad, significación o consecuencias aparejadas. Ejemplos habaneros comienzan con el propio puerto, cuyo nombre antiguo "de Carenas" atestigua las actividades allí realizadas. Le siguen los nombres de algunos barrios como Arsenal y Capdevila, y el de calles como Fábrica, San Miguel y Blanquizar (en Luyanó); Matadero (en el Cerro); Industria y Lagunas (en Centro Habana); Alambique, Tallapiedra, Factoría, Corrales, Fundición, Oficios, Arsenal (en La Habana Vieja); de la Marina (en Casablanca); y Molino (en Guanabacoa), entre otras.

En la capital la industria promovió varios complejos residenciales dirigidos tanto a sus empleados como sorteados a la población como mercadotecnia. En el primer caso deben mencionarse las viviendas diseñadas, en 1926, por el arquitecto Luis Bay Sevilla para los trabajadores del taller de elementos prefabricados El Arte Moderno. Es el conjunto ecléctico de 60 casas y 14 apartamentos ordenados en torno a un patio, con frente a las calles Omoa y Alejandro Ramírez, próximo al inicio de la Calzada de 10 de octubre.

Entre 1928 y 1929, el presidente Gerardo Machado construyó junto a Boyeros, en un terreno propio, el reparto industrial Lutgardita, que conectó además con el Ferrocarril del Oeste. En él se construyeron cuatro fábricas: la de pinturas y barnices El Morro, la de tejidos Glamour Textil, la de fósforos Caribe y una de calzados. Tanto el diseño urbano como los inmuebles estuvieron a cargo de prestigiosos arquitectos cubanos, en particular de la firma de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas.

En 1943, otro reparto industrial fue auspiciado por la Cooperativa de Repartos Eléctricos de Empleados de la Compañía Cubana de Electricidad, que incluía las empresas de gas y agua. Esta cooperativa compró terrenos en El Calvario y contrató al arquitecto José Ramón San Martín para realizar el diseño urbano y arquitectónico. A partir de 1952, las parcelaciones del Reparto Eléctrico comenzaron a venderse por mensualidades a los trabajadores, quienes elegían entre distintos modelos de casas-tipo acordes a sus necesidades y posibilidades económicas.

La última urbanización de este tipo construida en la capital fue el Parque Residencial Obrero de Luyanó (1947-1953), promovido por el gobierno de Ramón Grau San Martín junto a la Vía Blanca, que entonces despegaba como zona industrial. El conjunto residencial de 220 viviendas aisladas y ocho edificios de apartamentos fue diseñado por los arquitectos Pedro Martínez Inclán, Antonio Quintana, Mario Romañach y Jorge Mantilla.

Como estrategia comercial de indiscutible efectividad, estuvieron las casas regaladas por las empresas de las marcas jabón Candado, jabón Rina, café Pilón; y los periódicos El País, Excelsior y Prensa Libre. En su conjunto edificaron un número apreciable de viviendas seriadas que en ocasiones completaron tramos de calles, modelando la imagen de algunos repartos. Hoy trascienden la significación social que en su momento tuvieron y mantienen una fuerte presencia en la memoria histórica colectiva.

Entre las más recordadas están las de Crusellas S.A., cuyas Villas Jabón Candado, construidas por todo el país a partir de 1935, se identifican claramente por el logo del producto ubicado en la fachada. En este caso el premio venía dentro de las pastillas de jabón de lavar, y otorgaba al ganador una vivienda con jardín, portal, sala, comedor, cocina, tres dormitorios y baño intercalado, completamente amueblada y equipada con electrodomésticos modernos. Las de fuera de La Habana solían estar ubicadas, además, contiguas a la Carretera Central.

Más allá de los servicios creados en los barrios obreros y sobre todo en los poblados industriales concebidos como células autosuficientes, algunas industrias también construyeron guarderías y escuelas primarias para los hijos de sus empleados. En el área de la salud, destacó el hospital de pabellones La Purísima Concepción (1884-1935), del Centro de Dependientes del Comercio, construido en El Cerro junto a la Calzada 10 de octubre, que ofrecía asistencia sanitaria en diferentes especialidades. Por último, también vale recordar las múltiples asociaciones, bancas y cajas de retiro y asistencia social que existieron para los trabajadores de la industria.

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