Mientras la infraestructura tecnológica del monopolio estatal de las telecomunicaciones en Cuba, ETECSA, colapsa bajo el peso de los apagones y la desinversión crónica, las autoridades han encontrado un cómodo culpable para justificar el deterioro de sus redes: el vandalismo.
Así quedó demostrado en un reciente artículo justificativo del diario oficial Granma, en el que la empresa estatal achacó a las indisciplinas sociales y los robos los ingentes problemas de conectividad y telefonía en la Isla, tratando así de desviar la atención de sus propias limitaciones operativas.
"Principalmente pican las fibras que alimentan los equipos, que es la transmisión general de los datos. También pican los cables y las fibras que suben a las torres. En algunos sitios se han llevado protecciones como breaker, cajas de breaker", dijo a Granma el jefe de Red Inalámbrica de la Dirección Territorial de ETECSA en Camagüey, Edel Mendoza Valdivia.
Lo que más llama la atención es la naturaleza de algunos actos. "Hay recursos que no tienen uso en la vida práctica de la población, y lugares donde los pican y los dejan allí. Es decir, que es un acto para hacer daño porque no se los llevan, no hay lucro, no hay beneficio comercial", dijo el directivo y reconoció que "en algunos lugares hemos demorado más de dos meses en poder restablecer los servicios, buscando los recursos que hay que reponer".
Una coartada para ocultar la obsolescencia y el déficit de recursos
Bajo la narrativa oficial, el robo de cables de fibra óptica, bajantes telefónicos y protectores eléctricos en provincias como Camagüey se ha convertido en la excusa principal de las reiteradas afectaciones en el servicio, que dejan a familias enteras incomunicadas durante meses.
Si bien los robos son reales, detrás de este discurso oficialista se esconde una realidad más compleja, marcada por el resquebrajamiento integral de la sociedad cubana. Así, la propia ETECSA reconoce que no dispone de inventarios ni repuestos debido a la crisis económica y a las trabas financieras institucionales.
Los recursos destinados originalmente a la ampliación y modernización de redes deben ser desviados para reparaciones parche, lo que evidencia una precaria gestión material.
Así, culpar a la delincuencia común o al supuesto vandalismo desvía el foco de los verdaderos detonantes del desastre: la quiebra del sistema electroenergético nacional —que deja torres y radiobases a oscuras durante horas— y la incapacidad del Estado para sostener una red moderna y accesible.
Rehenes de un monopolio en bancarrota
La retórica del vandalismo no solo sirve para criminalizar el descontento social, sino que traslada la responsabilidad de la seguridad de la infraestructura a una población ya golpeada por la escasez.
Mientras ETECSA exige vigilancia vecinal y la autogestión de protecciones lumínicas o energéticas en las comunidades, la realidad cotidiana de los cubanos es la de un aislamiento forzoso. La telefonía fija desaparece por falta de materiales básicos y la navegación móvil se debilita de forma drástica, afectando tanto la vida familiar como la supervivencia económica de los ciudadanos.
En 2025, a propósito del "Foro DDC: Para la Cuba de mañana", el fundador y director del medio digital YucaByte, Norges Rodríguez, señaló que "el nivel de conectividad de Cuba está entre los peores del planeta". El joven periodista denunció no solo la obsolescencia tecnológica y los altos precios, sino también la censura en el acceso a internet en la Isla y la complicidad del monopolio estatal con la policía política para silenciar y reprimir a activistas, opositores y periodistas independientes.