"La niña nació azul, no respiraba, pensé que se moría", cuenta Dania, residente en Nuevitas cuyo nombre fue cambiado a petición suya. Así recuerda el alumbramiento de su hija en el Hospital Materno de Camagüey. Había pasado más de 24 horas en trabajo de parto cuando los médicos decidieron practicarle una cesárea.
La recién nacida presentó varias complicaciones: bajo peso y niveles muy bajos de oxígeno y glucosa. Permaneció durante días en una incubadora, según contó su madre a DIARIO DE CUBA. Dania atribuye lo ocurrido a la demora en intervenir: "Todo por la misma razón, por una decisión tardía, el equipo no quería hacer la cesárea, y la tuvieron que hacer, en el último momento". La niña sobrevivió.
El hijo de Alina, nombre utilizado para proteger la identidad de otra entrevistada, no tuvo la misma suerte.
"Ingresé un sábado por la tarde ya con escasez de líquido amniótico y no fue hasta el lunes que me atendieron los especialistas. Para resumir una historia que me sigue martirizando, me hicieron la cesárea cuando el niño ya había fallecido", relata.
Alina había intentado quedarse embarazada durante años. "Ya había perdido la esperanza de ser madre cuando la menstruación tocaba y no llegó. Era el niño más deseado y esperado, fue un palo para toda la familia", dice. Aunque han pasado meses, mantiene la "experiencia amarga" tan presente como "si hubiera sido ayer".
Los testimonios de ambas mujeres ponen rostro a un deterioro que también reflejan las estadísticas oficiales. El Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), presentado durante décadas por el Gobierno como uno de los principales símbolos de la sanidad cubana, atraviesa una crisis de resultados, suministros y confianza. En 2025, la mortalidad infantil alcanzó 9,9 fallecimientos de menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos, frente a los cuatro registrados en 2017 y 2018. El aumento respecto a 2018 fue del 147,5%.
Las demoras que denuncian las madres
Otros casos denunciados por familiares apuntan a problemas similares en la atención obstétrica y neonatal.
En septiembre de 2025, Leydys Marian Guerrero González denunció la muerte de su hija después de ingresar con escasez de líquido amniótico en el Hospital Ginecobstétrico Ana Betancourt, en Camagüey. Según su testimonio, el personal demoró la atención y practicó la cesárea cuando la bebé ya había fallecido. El caso fue expuesto por el periodista independiente José Luis Tan Estrada en sus redes sociales.
Un mes antes, Lianet Barranco había denunciado la muerte de su hija tras presentar síntomas de alarma durante el embarazo. La madre cuestionó la respuesta de los servicios médicos. En enero de ese mismo año, Camila Leyva Obregón, residente en Bayamo, relató que permaneció durante horas perdiendo líquido amniótico antes de recibir atención para el parto. Su bebé desarrolló posteriormente complicaciones y murió con apenas 11 días de nacido.
A esos relatos se añadió el caso publicado este mismo 12 de octubre de 2026, a partir de fuentes consultadas por Tan Estrada, sobre otra muerte neonatal en el Hospital Materno de Camagüey. Según esa información, la inducción del parto se prolongó más de 24 horas y el recién nacido sufrió broncoaspiración de líquido amniótico meconial, hipertensión pulmonar y fallo multiorgánico.
El periodista también denunció más de 15 fallecimientos de recién nacidos en ese hospital entre enero y mayo de 2026.
"En aquellas publicaciones alerté sobre las condiciones de la sala neonatal, donde, según la información recibida, las filtraciones de aguas albañales procedentes de un baño de la planta superior contaminaban áreas cercanas a los bebés. También denuncié la presencia de insectos y la falta de medicamentos para combatir infecciones. Las denuncias no se limitaron a las condiciones sanitarias. El 29 de abril de 2026 reporté que embarazadas esperaban para dar a luz en los pasillos de la Sala A, en medio del hacinamiento, el calor y la falta de higiene", escribió.
Las denuncias familiares no equivalen por sí solas a una determinación de negligencia médica. Sin embargo, la reiteración de relatos sobre demoras, síntomas de alarma desatendidos y explicaciones insuficientes plantea interrogantes que los balances nacionales del PAMI no responden.
Menos nacimientos, una mayor proporción de bebés muertos
El retroceso ocurre mientras disminuye la natalidad. El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) comunicó preliminarmente 68.051 nacidos vivos en 2025, 3.108 menos que en 2024, cuando se habían registrado más de 71.000. En esos 12 meses, la tasa de mortalidad infantil pasó de 7,1 a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos.
Aplicada a los 68.051 nacimientos preliminares, la tasa de 2025 equivale aproximadamente a 674 muertes de menores de un año. Es una estimación derivada de ambos datos, no un total de fallecimientos divulgado por separado. La comparación con 2018, cuando el indicador era de cuatro por cada 1.000, dimensiona el retroceso de uno de los resultados que el Gobierno ha utilizado para defender su sistema sanitario.
El deterioro presenta diferencias territoriales. Según los indicadores demográficos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) recogidos para este reportaje, La Habana registró en 2025 una mortalidad infantil de 14,2 por cada 1.000 nacidos vivos y Camagüey, de 12,4. Pinar del Río notificó 4,7. Estas diferencias obligan a examinar la distribución de recursos, las condiciones hospitalarias y la capacidad de respuesta ante emergencias obstétricas y neonatales.
La tasa preliminar cubana en 2025 superó la de Chile, que notificó provisionalmente 5,9 ese mismo año. Argentina registró 8,5 en 2024, mientras Costa Rica reportó 8,56 para los doce meses comprendidos entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, de acuerdo con una comparativa de tasas por países realizada por DIARIO DE CUBA. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), sin embargo, aunque reconoció en abril de 2026 la tendencia al deterioro de los indicadores cubanos, sostuvo que el país mantenía resultados superiores a los promedios regionales.
Una vitamina que faltaba, una recién nacida que no sobrevivió
La crisis también se manifiesta en la disponibilidad de medicamentos esenciales y en las condiciones de hospitalización.
Beba Cabrera denunció la muerte de su nieta, nacida el 28 de septiembre de 2025 en el Hospital Hijas de Galicia, en La Habana. Según el relato familiar, la recién nacida sufrió una hemorragia grave y los médicos diagnosticaron un déficit de vitamina K, necesaria para la coagulación sanguínea, según explicó el doctor Lucio Enriquez Nodarse.
La abuela aseguró que el hospital no disponía del medicamento que se administra a los recién nacidos para prevenir esas hemorragias. La niña recibió transfusiones y ventilación mecánica, pero falleció el 1 de octubre.
La familia denunció, además, que después del parto el personal les solicitó 5.000 pesos para garantizar una cama a la madre.
Cuando también muere la madre
El deterioro de los indicadores alcanza asimismo a las embarazadas. La mortalidad materna pasó de 40,6 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en 2024 a 44,1 en 2025, un incremento aproximado del 8,6%. El MINSAP precisó que la diferencia absoluta fue de una muerte materna adicional. La reducción de los nacimientos influye en el aumento de la tasa, pero no elimina su significado: hubo más muertes maternas en un año con menos nacidos vivos.
Detrás de ese indicador también hay familias que cuestionan la atención recibida.
En febrero de 2022, los familiares de Yanelis Medina Cardoza, de 30 años y con un embarazo avanzado, denunciaron irregularidades en su atención médica en La Habana. Según su testimonio, perdió al bebé después de una cesárea de urgencia y posteriormente ella falleció.
En mayo de 2024 murió Laura Castillo Zulueta, de 29 años, con 25 semanas de gestación. Su madre, Janet Zulueta Curbelo, denunció presuntas negligencias en el Hospital Hijas de Galicia, donde la joven había recibido atención antes de su traslado al Hospital Nacional.
La dirección de Hijas de Galicia rechazó las acusaciones y atribuyó las complicaciones a una enfermedad previa, conocida como enfermedad de Hirschsprung. También ofreció una versión diferente de las circunstancias del traslado.
La controversia trascendió la atención médica cuando el director del hospital difundió públicamente información clínica de Laura para responder a su familia. La divulgación generó cuestionamientos sobre la privacidad y confidencialidad de los datos de la paciente.
En diciembre de 2025, Daniela Aurora Ochoa Hernández, de 22 años, murió junto con su bebé en el Hospital Roberto Rodríguez de Morón, en Ciego de Ávila. Según las denuncias familiares recogidas por la activista Idelisa Diasniurka Salcedo y el Observatorio de Género de Alas Tensas, acudió con dolor intenso de cabeza y entumecimiento de las extremidades.
Posteriormente sufrió convulsiones. Los médicos practicaron una cesárea de emergencia, pero no lograron salvar a la madre ni al recién nacido. Sus familiares cuestionaron la atención inicial y las demoras en la evaluación especializada.
La ayuda internacional reconoce las necesidades que el discurso oficial no resuelve
En mayo de 2026, la OPS anunció una intervención conjunta con UNICEF y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), financiada por la Unión Europea, para fortalecer la atención materna y neonatal en Cuba.
El proyecto, denominado Salvar vidas al nacer: Prestación de Atención Vital Materna y Neonatal en Cuba, cuenta con una contribución europea de dos millones de euros y un alcance directo estimado de 310.685 personas. Se desarrolla en coordinación con el MINSAP y abarca La Habana, Santiago de Cuba, Granma, Las Tunas, Holguín y Guantánamo.
La OPS reconoció expresamente el "deterioro de los indicadores de salud materna y neonatal" y lo vinculó con la crisis prolongada, agravada por los problemas energéticos, los eventos climáticos recurrentes y los daños del huracán Melissa en octubre de 2025.
Las prioridades de la intervención incluyen medicamentos e insumos esenciales, servicios obstétricos y neonatales de emergencia, rehabilitación de infraestructuras y acceso al agua segura y al saneamiento. Estas necesidades muestran que la recuperación del PAMI depende también de servicios básicos, además de tratamientos especializados.
La ayuda anunciada, sin embargo, no acredita por sí misma una mejoría de las condiciones hospitalarias. Su alcance tendrá que medirse en suministros disponibles, servicios que funcionen y capacidad efectiva para atender a una embarazada o un recién nacido cuando aparece una complicación.
La responsabilidad del Estado ante las muertes maternas e infantiles
La crisis del PAMI plantea también qué ocurre cuando una madre o un recién nacido fallecen y sus familiares cuestionan la atención médica.
"Los hospitales cuentan con mecanismos internos para revisar fallecimientos y posibles deficiencias. Pero las familias necesitan algo más que una investigación administrativa: conocer las causas, acceder a información médica, recibir explicaciones suficientes y disponer de vías efectivas para reclamar cuando existan indicios de responsabilidad", señala Maylin Fernández Suris, abogada de DIARIO DE CUBA especializada en políticas sociales.
"La respuesta no puede limitarse a reconocer dificultades económicas ni a anunciar nuevas donaciones internacionales. El sistema necesita recuperar suministros, servicios básicos y capacidad de atención, pero también ofrecer información pública, mecanismos de reclamación y garantías de investigación independiente", añade.
Las denuncias sobre las investigaciones médicas, la falta de explicaciones claras y las dificultades para acceder a información clínica completa alimentan la desconfianza hacia las instituciones sanitarias.
Para Fernández Suris, "las familias tienen derecho a conocer las circunstancias de la muerte de sus seres queridos y a reclamar cuando existan indicios de responsabilidad. La sociedad cubana también necesita saber por qué un programa que durante décadas simbolizó los avances de la salud pública muestra ahora un retroceso tan pronunciado".
"Era el niño más deseado y esperado", dice Alina. Su testimonio devuelve al centro de la crisis lo que ninguna comparación estadística puede sustituir: una familia que llegó al hospital esperando un nacimiento y todavía necesita saber por qué terminó enfrentándose a una muerte.