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Comercio

Santiago de Cuba: los nuevos mercados de barrio generan más problemas que alivio

'Ahora resulta que el mercado de barrio más cercano a mi casa no está en mi barrio', dice un jubilado.

Santiago de Cuba
Bodega estatal cerrada en Santiago de Cuba.
Bodega estatal cerrada en Santiago de Cuba. Diario de Cuba

"Nos mandaron para la casa, nos quedamos desempleados y llevamos siete meses sin cobrar", dice a DIARIO DE CUBA Antonio, quien trabajaba como carnicero en una bodega estatal del distrito José Martí, en Santiago de Cuba. "Tengo 60 años y más de 30 de trabajo. Me faltan cinco años para jubilarme y ahora mismo vivo de criar puercos. Sigo viniendo a la bodega, hago guardias, a ver si consigo que me contraten para el nuevo 'mercado de barrio'", explica esperanzado.

Desde septiembre, los delegados de las circunscripciones están explicando oficialmente en Santiago de Cuba los mercados de barrio, la "solución" propuesta por el Gobierno para sustituir las bodegas estatales. Durante las reuniones, se esfuerzan en presentar estos mercados como los sustitutos naturales de las bodegas subsidiadas del sistema de racionamiento. Los describen como "un ejemplo de que el Gobierno socialista nunca dejará desamparado al pueblo", pues los productos "serán más baratos que los de las mipymes".

Con esa promesa, el Gobierno espera tener éxito. La nota discordante —además de los precios imposibles que ya se ven en el primer mercado abierto en la ciudad— es la selección de un solo local para atender a los clientes de cuatro o cinco antiguas bodegas estatales en los distintos barrios.

"Eso no va a funcionar. Después de tanta hambre y tanto abuso que está sufriendo este pueblo, de las condiciones paupérrimas en que vivimos y de los precios que suben cada día, ¿cómo vas a poner una sola bodega para tanta gente?", reflexiona Aleida, maestra de primaria. "Si normalmente te pasabas entre tres y cuatro días para comprar por la libreta, con la situación actual comprar en una bodega con precios bajos será una batalla campal", especula.

Pero los precios del primer mercado de barrio, que abrió esta semana en el centro de Santiago de Cuba, hacen pensar que serán pocos los que podrán comprar en él. La tablilla refleja la misma situación que la de los mercados que DIARIO DE CUBA ha recorrido en La Habana: productos básicos fuera del alcance de la mayoría de los bolsillos. Un kilogramo de arroz cuesta 900 pesos; un paquete de frijoles, 1.400; por 900 mililitros de aceite hay que pagar 2.800 pesos; y por un kilogramo de azúcar, 1.300.

Más allá de los precios, que no son más bajos que los de las mipymes como prometió el Gobierno, a los vecinos les preocupa que no se aproveche la mayor parte de las bodegas estatales para el nuevo proyecto de mercados de barrio, si esos establecimientos ya atendían a la población asentada en sus alrededores.

"Ahora resulta que el mercado de barrio más cercano a mi casa no está en mi barrio", dice Antonio, jubilado que se encarga de hacer las compras de su familia. "En este momento, la mipyme más cercana a mi casa me queda a un kilómetro, y el mercado de barrio queda más lejos. No sé cuál es el concepto de barrio del Gobierno", cuestiona.

Para la población, el Gobierno, en vez de dar soluciones, lo complica todo. ¿Por qué no se les rentan todos estos establecimientos a las mipymes, en lugar de condenar los locales vacíos a la destrucción por el desuso y el consiguiente vandalismo?, se preguntan muchos santiagueros.

La mayoría de las mipymes de Santiago de Cuba están ubicadas en pequeños espacios de casas y apartamentos, lugares con condiciones mínimas para la venta al público. Por eso resulta inexplicable que estas bodegas no se alquilen a los emprendedores.

"El problema aquí es tener conexiones, porque cuando al Gobierno le conviene alquila sus tiendas", dice Luisa María, una cuentapropista que vende productos en su apartamento, en el barrio de Micro 8. "Mira cómo le alquilaron la shopping del barrio a un cubanoamericano. El tipo le puso paneles solares, las empleadas están uniformadas y tiene hasta custodios. Lo que tienen que hacer es ofertarnos todas esas bodegas a nosotros, a quien las quiera, no solo a los conectados. Así nosotros podríamos brindar un mejor servicio y el Estado obtendría ganancias con la renta", sentencia.

La bodega de Antonio, el carnicero, no fue escogida como mercado de barrio. Ahora se enfrenta a la difícil búsqueda de un nuevo empleo que le asegure los cinco años que le faltan para jubilarse.

"Mi bodega atendía a casi 600 libretas [de racionamiento], que son como 2.000 personas. Atendía a más personas que la bodega que escogieron para el barrio", dice. "No sé cuáles son los criterios de selección para los mercados de barrio. Solo sé que me toca buscarme un nuevo trabajo para jubilarme. Eso es un problema porque casi todas las empresas estatales están paradas. Nada, me toca meterme a custodio, después de 30 años de carnicero y bodeguero. Estoy obligado a hacerlo si quiero jubilarme", concluye.

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