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Desabastecimiento

Cuba: mercados de barrio y Estado fallido

Los mercados de barrio, la 'nueva' solución del régimen que confirma el desabastecimiento.

La Habana
Un mercado de barrio en Cuba.
Un mercado de barrio en Cuba. Cubadebate

El semanario oficial Granma, los días 22 y 29 de septiembre, dedicó dos artículos a una de las 176 medidas promulgadas en julio de 2026, la número 157, titulada "Transitar de la canasta normada a las ventas controladas sin subsidios en la red de comercio".

Según estos artículos, los mercados de barrio son una fórmula para aliviar el peso de las actuales dificultades, ofertando alimentos y productos de primera necesidad a un precio un 15% inferior de los establecidos en las mipymes. Para ese fin, el Ministerio de Comercio Interior ha seleccionado los establecimientos de las bodegas, que continúan siendo propiedad del Estado. Ya funcionan 30 de esos mercados de barrio en nueve provincias.

Para vender a un 15% por debajo del precio que tienen los productos ofertados en las llamadas mipymes, los "novedosos" mercados incorporan incentivos: exoneran el 10% del impuesto sobre las ventas mayoristas, el 5% de las minoristas y libran del pago por arrendamiento del local entre los dos y tres primeros años. Estos son beneficios asociados a productos que antes se distribuían por la libreta de racionamiento: arroz, azúcar, aceite, huevos, café, detergentes, crema dental y desodorante.

Dos de las primeras dificultades para el funcionamiento de estos mercados de barrio son la falta de abastecimiento y los permanentes y crecientes apagones, que conspiran contra la exigencia de que posean canales electrónicos de pago. Uno de los artículos de Granma sentencia: "La experiencia inicial, no obstante, ya muestra que disponer de un local y establecer incentivos no basta para garantizar el resultado". Valga un ejemplo: el mercado de barrio situado en la esquina de la Calle Primera y la Calle 8, en el Vedado, inaugurado hace apenas unos días, amaneció cerrado el pasado 4 de octubre. ¿La razón? Una inspección, sin más explicaciones.

Según lo que declara Granma, se trata de "una reubicación y transformación de la red de bodegas, mercados y carnicerías" que distribuían a través de la llamada libreta de abastecimiento o canasta familiar normada, eufemismos para solapar la  incapacidad productiva del sistema totalitario y, en consecuencia, la ruptura del contrato social establecido al inaugurarse los racionamientos en Cuba.

Para hacerlos aún más novedosos, dichos mercados quedan sujetos a los controles establecidos para la actividad comercial, cuyas violaciones se someten al régimen de contravenciones vigentes. Es decir, a inspecciones e inspectores, que son una de las fuentes de la corrupción.

El origen del racionamiento en Cuba

Los racionamientos se implementan coyunturalmente ante carencias ocasionadas por conflictos bélicos y/o desastres naturales. El caso de Cuba se implementó por el desastre social ocasionado por el sistema totalitario. Es decir, la causa es política y económica.

El 19 de febrero de 1959,   después de asumir el cargo de primer ministro, Fidel Castro anunció un programa de gobierno que "aumentaría notablemente la producción agrícola, se duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y Cuba borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo un nivel de vida superior al de cualquier otra nación". Sin embargo, acto seguido procedió a erradicar las libertades ciudadanas, la economía de mercado y la propiedad privada.

Como solo se puede distribuir lo que se produce, el racionamiento inicial a precios asequibles fue mermando en productos y aumentado los periodos de entrega y los precios. Al principio se distribuía carne de res, pollo, aceite, manteca, leche condensada, papel sanitario, café, arroz, grano y productos industriales como ropas y calzados. En la actualidad prácticamente no se distribuye ningún artículo básico que no sea alguna ayuda humanitaria.

El 12 de marzo de 1962, sin lograr  ningún aumento productivo y agotadas las reservas de los almacenes capitalistas, Fidel Castro, preparando las mentes para la escasez dijo: "Sin embargo, nosotros creemos que hay que crear más espíritu marxista; y en la juventud, sobre todo, hay que crear algo más que espíritu socialista, ¡hay que crear espíritu comunista!". Y ese mismo día se promulgó la Ley 1015 que implantó la libreta de abastecimiento y se creó una Junta Nacional con atribuciones para disponer la lista de artículos a racionar.

15 años después, en 1977 —sin obtener resultados productivos— renovó la promesa: "Llegará el día que las frutas, los vegetales, hasta la leche se distribuirá gratuitamente a todo el mundo […]. Llegará un momento, señores, llegará un momento en que podamos decirle también al pueblo: el café que quieran vayan a buscarlo al mercado gratuitamente".

En 2008, ante el retroceso productivo, Raúl Castro planteó que había que virarse para la tierra: "¡Hay que hacerla producir!", y expresó que la producción de alimentos constituía "un asunto de máxima seguridad nacional". Sin embargo, las reformas introducidas quedaron subordinadas al predominio de la propiedad estatal y la planificación socialista. Luego, en diciembre de 2016, expresó más o menos lo siguiente: tenemos que hacer algo, hacerlo ya, mañana mismo, aunque nos equivoquemos.

En 2020, ante la manifiesta incapacidad para producir y en consecuencia, tener que importar cada vez más, el segundo secretario del Partido Comunista, José Ramón Machado Ventura, llamó desesperadamente a producir alimentos, porque —según sus palabras— "el país no puede seguir con esa elevada importación de comida y pienso animal, que podemos producir internamente".

Para brindar una imagen diferente hacia el exterior, apegado a esa retórica ajena a la realidad, en septiembre de 2021 Miguel Díaz-Canel, en la Cumbre de la Organización de Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, planteó: "el Gobierno cubano, con extraordinarios esfuerzos y pese a carencias y dificultades, garantiza el derecho universal a la alimentación a través de una canasta básica familiar normada, que reciben todos los cubanos y cubanas, y que incluye 19 productos alimenticios de primera necesidad a precios asequibles".

Hoy, en 2026, con el modelo totalitario totalmente agotado, hundidos en la insolvencia financiera, sin inversión extranjera ni acceso a los mercados de capital, reducidos los ingresos por turismo, remesas y alquiler de profesionales, sin voluntad política para desmontar el sistema causante de la miseria, el régimen anuncia la novedosa solución: los mercados de barrio, que no son otra cosa que la confirmación de que estamos frente a un Estado fallido.

Entre los elementos que caracterizan a un Estado fallido hay algunos que son definitorios; me refiero a la incapacidad de garantizar las necesidades básicas de la población, que es lo ocurrido en Cuba.

En marzo de 1968, con la llamada Ofensiva Revolucionaria, se expropiaron las más de 55.000 micros y pequeñas empresas que quedaban en manos privadas, lo cual empeoró la situación del país. Luego se intentó producir diez millones de toneladas de azúcar. 1969 se bautizó como "Año del Esfuerzo Decisivo". Al fracasar esa zafra, además de dislocar toda la economía, la promesa realizada el 19 de febrero de 1959 continuó en lista de espera. La producción de azúcar disminuyó progresivamente, la producción de carne, leche y derivados del ganado vacuno descendieron; mientras la disminuida oferta de carne de cerdo y sus derivados elevó los precios hasta tornarse inalcanzables para la mayoría de los cubanos.

El resultado, aunque el régimen conserve las riendas del poder, no tiene otro calificativo que la de Estado fallido. 

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