"Antes se veía muy poco. Ahora es todos los días". Manuel, vecino de Centro Habana, describe así una escena que se ha vuelto constante en su barrio: personas esperando a que los restaurantes saquen los desechos para revisarlos en busca de restos de comida. "También hay ancianos que directamente piden algo para comer", añade a DIARIO DE CUBA.
Historias similares se repiten en todas las ciudades cubanas. Personas que piden dinero en las esquinas, ancianos que revisan contenedores de basura o familias que pasan la noche en portales y terminales son parte de la cotidianidad. La mendicidad —"conducta deambulante" la llaman de manera eufemística las instituciones estatales—, se ha convertido en una dolorosa evidencia del avance de la pobreza extrema en Cuba.
Las cifras oficiales revelan el aumento
Las propias estadísticas gubernamentales ofrecen indicios del crecimiento del fenómeno. Datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social indican que en 2012 se registraban 1.108 personas con "conducta deambulante" en el país.
Más recientemente, autoridades han reconocido que entre 2014 y 2023 se identificaron alrededor de 3.690 personas en esa situación, más de tres veces el registro anterior. De esa cifra, el 50% tenía entre los 41 y 59 años, el 30% eran personas con discapacidad, el 24% tenía algún trastorno siquiátrico, el 30% presentaba patrones elevados de consumo de bebidas alcohólicas, y el 38% eran menores de 60 años que no tenían domicilio al cual regresar.
En octubre de 2023, solo en La Habana se contabilizaban 843 personas deambulantes, la cifra más alta del país, concentradas principalmente en municipios como Centro Habana, Habana Vieja, Cerro y Diez de Octubre.
Aun así, especialistas y observadores coinciden en que estos números reflejan únicamente los casos detectados por las instituciones. No existe información oficial para 2024 y 2025, pese a que la crisis económica y social se ha agravado notablemente.
Un fenómeno cada vez más visible
En Santiago de Cuba, Ernesto, trabajador de un pequeño negocio privado, asegura que la situación ha cambiado drásticamente en los últimos años.
Ahora, "hay gente que pasa todos los días por aquí pidiendo algo de comer. Otros revisan los latones de basura de la calle", explica.
Para muchos cubanos, pedir dinero o rebuscar en la basura se ha convertido en una estrategia de supervivencia ante el deterioro de las condiciones económicas. El aumento de los precios, la pérdida del poder adquisitivo de salarios y pensiones y la escasez de alimentos han empujado a los sectores vulnerables a situaciones límite.
Vivienda, pobreza y vulnerabilidad
La creciente presencia de mendigos también está vinculada a problemas estructurales que se han profundizado con los años. Uno de los más graves es el déficit habitacional.
Según datos oficiales, Cuba enfrenta una carencia de más de 900.000 viviendas. A ello se suma el deterioro de las existentes, con edificios en mal estado, derrumbes frecuentes y altos niveles de hacinamiento.
En ese contexto, perder una vivienda —por un derrumbe, por conflictos familiares o por falta de recursos para mantenerla— puede empujar a muchas personas a vivir en la calle.
El sistema de asistencia social también muestra retrocesos. De acuerdo con cifras gubernamentales, unas 300.000 personas reciben algún tipo de prestación de asistencia social en Cuba. Sin embargo, especialistas advierten que el alcance de estos programas es insuficiente frente al aumento de la vulnerabilidad económica.
Hay más personas necesitadas que las que realmente reciben ayuda y, además, el monto percibido —de unos 1.528 pesos— resulta insuficiente incluso para cubrir necesidades básicas.
Normas que no resuelven el problema
El Gobierno cubano cuenta con normativas y programas dirigidos a atender a las personas con "conducta deambulante". Estas políticas parten de una definición oficial que describe el fenómeno como un "trastorno del comportamiento humano multicausal", asociado a la inestabilidad en el hogar, la falta de autonomía económica y la ausencia de apoyo familiar.
En teoría, el sistema prevé la identificación de estas personas por parte de autoridades locales, su traslado a instituciones de salud o asistencia social y la evaluación de posibles soluciones como la reintegración familiar o el ingreso en centros de protección.
En la práctica, sin embargo, la eficacia de estas medidas ha sido cuestionada.
Diversos testimonios indican que muchas intervenciones se limitan a operativos temporales para retirar a las personas de la vía pública sin ofrecer soluciones duraderas.
"Los recogen, los llevan a un centro y después vuelven a la calle", comenta un residente de La Habana Vieja. "A los pocos días están otra vez en el mismo lugar".
La falta de recursos institucionales, la escasez de plazas en centros de atención y la ausencia de políticas estructurales contra la pobreza dificultan la efectividad de estas iniciativas.
En Cuba hay solo diez centros dedicados a la atención de mendigos, repartidos en las provincias Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Villa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey, Holguín, Las Tunas, Granma y Santiago de Cuba. Ninguno acepta largas estadías.
El escándalo que evidenció la desconexión oficial
En julio de 2025, la situación provocó una fuerte polémica política cuando el régimen aceptó la "renuncia" de la entonces ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera.
La funcionaria había generado indignación al negar la existencia de indigencia en Cuba durante una intervención ante el aparato legislativo en la que acusó de "buscar un modo de vida fácil" a quienes rebuscan en la basura o limpian parabrisas de vehículos en las calles.
El escándalo dejó en evidencia la brecha entre las prioridades del régimen y la realidad social del país.
Un problema cada vez más difícil de ocultar
La creciente visibilidad de la mendicidad plantea un desafío directo al relato histórico del castrismo. Durante décadas, la narrativa oficial sostuvo que el modelo social cubano había erradicado fenómenos asociados a la pobreza extrema.
Hoy, la presencia cotidiana de personas que sobreviven pidiendo dinero o buscando comida en la basura contradice esa imagen. Más allá de las cifras oficiales, la percepción en la calle es clara: la indigencia sigue aumentando.
"Esto antes no se veía así", dice Manuel mientras observa a un hombre revisar un contenedor cercano. "Ahora es parte del paisaje".
La abogada Maylin Fernández Suris, del equipo legal de DIARIO DE CUBA y especialista en asuntos de familia, considera que el fenómeno refleja la combinación de varios factores estructurales.
"El aumento de la mendicidad en Cuba refleja el deterioro del poder adquisitivo de salarios y pensiones, el déficit habitacional, la inflación sostenida y el debilitamiento del sistema de asistencia social", explica.
Desde el punto de vista jurídico, añade, el problema evidencia la brecha entre las garantías formales recogidas en la Constitución —como el derecho a la seguridad social y a condiciones de vida dignas— y la capacidad real del Estado para garantizar esas promesas.
"Las normas dirigidas a las personas 'deambulantes' tienden a centrarse en la gestión administrativa del fenómeno más que en sus causas, lo que limita su eficacia", señala.
Para la jurista, enfrentar el problema requeriría políticas integrales que incluyan ampliación de la asistencia social, programas de vivienda, atención comunitaria, generación de ingresos y estadísticas transparentes que permitan dimensionar la magnitud real del fenómeno.
Sin embargo, en el contexto de crisis económica e institucional que atraviesa Cuba, advierte, todo indica que el problema continuará creciendo.
Sería interesante ver como sobreviven los actuales integrantes del régimen, ante una situación similiar. Que tengan que revisar la basura, para comer.
Ahorita la basura los consume a todos igual que en la película The Blob de 1988.