Con la Isla sumida en la incertidumbre tras los acontecimientos recientes en Venezuela, el régimen cubano informó que, en la última semana, habrían disminuido en el país los casos de síndromes febriles inespecíficos, así como los reportes de casos sospechosos de dengue y chikungunya. Sin embargo, el sistema de salud sigue colapsado y "el canal endémico de síndrome febril se encuentra aún en epidemia", apuntó la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, citada por el periódico oficial Granma.
Así, el conteo de las autoridades sanitarias, que han reconocido que se trata de un informe parcial, toda vez que muchos de quienes enferman no acuden a los centros de salud, registró 9.960 casos de síndromes febriles en la última semana, una disminución de 6.254 respecto a los 16.214 de la semana previa. No obstante, el control no ocurre en todos los municipios del país, toda vez que en 21 de ellos hubo incrementos.
Por su parte, los casos de dengue cayeron un 2,83%, pero seis provincias mantienen altas tasas de infestación, sin que las autoridades hayan podido controlar el brote: Guantánamo, Las Tunas, Cienfuegos, Pinar del Río, Santiago de Cuba y Holguín. En cuanto al chikungunya, el Ministerio de Salud Pública reconoció esta semana 955 casos menos que en igual período anterior.
En un encuentro presidido por el gobernante Miguel Díaz-Canel y el ministro del sector, José Ángel Portal Miranda, las autoridades del régimen expusieron, como si se tratara de un novedoso descubrimiento, "la relación directa que existe entre la cantidad de focos y el estado de la epidemia". Esto, luego de que un modelo matemático demostrara lo que, al salir a las calles, resulta evidente.
En tal sentido, Peña García informó que ya se iniciaron los tratamientos para el control del vector en 2026, poniendo énfasis en el adulticida, a fin de que las nuevas camadas del insecto no sean portadoras de los virus. Hasta ahora, la campaña antivectorial no ha tenido los resultados esperados, toda vez que la acumulación de basura y la falta de agua y electricidad, así como las carencias en equipos de fumigación, le han jugado en contra, como consecuencia directa del abandono al que el régimen ha relegado a los cubanos.
Hace apenas una semana, el Ministerio de Salud Pública informó que entre julio y la penúltima semana de diciembre contabilizó 50.101 casos de chikungunya, una cantidad que es una fracción ínfima de una epidemia que ha provocado millones de contagios en la Isla, según reportes independientes.
Mientras La Habana habla de un supuesto avance en el control de la epidemia, miles de cubanos siguen padeciendo las consecuencias de estos virus y no constatan avance alguno. Así, el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) estima que al menos 8.700 personas han fallecido como consecuencia de la actual crisis epidemiológica.
El estudio sostiene que la emergencia sanitaria que atraviesa el país no responde a factores coyunturales ni a eventos excepcionales, sino que es el resultado de un proceso prolongado de deterioro institucional. De acuerdo con el OCAC, el colapso es consecuencia directa de decisiones políticas sostenidas durante años que han debilitado la capacidad del Estado para garantizar servicios básicos de salud.
La organización apunta que la mayoría de los casos no se registra oficialmente. Profesionales de la salud entrevistados indicaron que la falta de reactivos diagnósticos y la ausencia de condiciones mínimas en hospitales y policlínicos desincentivan a los pacientes a buscar atención médica.
Como una gran novedad, el régimen descubre 'la relación directa que existe entre la cantidad de focos y el estado de la epidemia'. ¡Coño, han descubierto el Mediterráneo! 😀😃😄