El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, se encuentra en una de las maniobras diplomáticas más delicadas de su mandato. Mientras refuerza lazos económicos con China a través de una visita de Estado realizada entre el 16 y el 23 de agosto de 2026, lo hace con el cuidado de quien transita por el filo de una navaja, evitando molestar a Washington.
El joven presidente ecuatoriano no puede obviar el peso determinante que tiene China en materia comercial para su país, pero al mismo tiempo ha consolidado una profunda alianza en materia de seguridad y se inserta en la nueva dinámica conservadora que el presidente Donald Trump impulsa en América Latina.
Para observadores, esta dualidad no es casual: Ecuador necesita mercados e inversiones para su economía, pero también apoyo militar y de inteligencia para enfrentar la violencia del crimen organizado que ha marcado su territorio en los últimos años. La pregunta que flota en el ambiente es si podrá mantenerse caminando sobre el filo de la navaja sin causar molestias en la Administración Trump, que ha definido a China como su principal adversario global y al mismo tiempo ha determinado que la región latinoamericana es su zona natural de influencia.
El 18 de agosto, en el Gran Salón del Pueblo, Noboa se reunió con su homólogo Xi Jinping. Ambos mandatarios presenciaron la firma de siete acuerdos que abarcan cooperación no reembolsable, transformación digital, diálogo económico-comercial, aprovechamiento del Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente desde mayo de 2024, industrias verdes, eficiencia energética y colaboración en comunicación.
Entre los resultados más concretos destaca una donación china de aproximadamente 42,7 millones de dólares en fondos no reembolsables. Cerca de 28 millones se destinan a la adquisición de 125 camionetas para patrullaje policial, el fortalecimiento de quirófanos y servicios de diálisis del Ministerio de Salud Pública, y un programa de reactivación productiva en la zona norte del país. Otros 14,7 millones financiarán proyectos de educación, producción y prevención de riesgos, incluyendo acciones vinculadas a fenómenos como El Niño.
En el plano comercial, la agenda priorizó la ampliación de exportaciones agropecuarias. China rehabilitó a ocho exportadoras de camarones que enfrentaban suspensiones desde octubre de 2025 y enero de 2026 por hallazgos de metabisulfito de sodio y virus de la mancha blanca; seis establecimientos permanecen aún restringidos. El camarón es el principal producto de exportación no tradicional de Ecuador y China absorbe más de la mitad de esos ingresos.
Noboa impulsó también el acceso de banano, cacao, café, flores y nuevos productos como aguacate, arándanos y piña, además de proponer una alianza logística entre los puertos de Guayaquil y Shanghái, aprovechando la ruta vía Chancay (Perú) para reducir tiempos y costos.
Noboa expresó el interés de Ecuador por atraer inversiones chinas en diversos sectores y por resolver pendientes como la operación y mantenimiento de una hidroeléctrica construida por la estatal china Sinohydro y entregada formalmente en abril de 2026, así como aspectos de la deuda ecuatoriana con el banco chino para inversiones extranjeras.
Esta ofensiva económica hacia el gigante asiático ocurre en paralelo a un estrecho vínculo con EEUU. En septiembre de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio visitó Quito y anunció compromisos concretos: 13,5 millones de dólares para mejorar la capacidad de seguridad y combatir el narcotráfico y la delincuencia, más seis millones para vehículos aéreos no tripulados (drones) destinados a la Armada ecuatoriana.
Poco después, Washington designó a las bandas criminales Los Choneros y Los Lobos como organizaciones terroristas extranjeras, lo que facilita sanciones, bloqueo de activos e intercambio de inteligencia. Rubio subrayó que la relación no se limitaría a la seguridad, sino que buscaría ampliar el comercio.
El anuncio comercial se concretó el 13 de marzo de 2026 con la firma del Acuerdo de Comercio Recíproco (ART) entre el ministro de Producción Luis Alberto Jaramillo y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer. El instrumento elimina la sobretasa arancelaria del 15% impuesta por Trump para aproximadamente el 53% de las exportaciones no petroleras ecuatorianas —equivalente a unos 2.786 millones de dólares según datos de 2025—, beneficiando banano, cacao, café, flores, productos pesqueros, oro, cobre y manufacturas.
A cambio, Ecuador otorga acceso preferencial a productos agrícolas e industriales estadounidenses y asume compromisos en propiedad intelectual, facilitación aduanera y reformas laborales y migratorias. Se trata del primer acuerdo bilateral de acceso a mercados entre ambos países.
La cooperación en seguridad se ha intensificado en 2026. Ecuador se integró al Escudo de las Américas, la coalición antidrogas impulsada por Trump que reúne a una veintena de países latinoamericanos y caribeños. Desde marzo se realizan operaciones militares conjuntas. En agosto, el ministro de Defensa Gian Carlo Loffredo anunció la llegada de dos buques de guerra y tres helicópteros Black Hawk estadounidenses para reforzar el control marítimo y costero, especialmente en zonas como Manta y Esmeraldas.
Un acuerdo ministerial permite la entrada sin visa y con inmunidad migratoria de personal del Departamento de Defensa de EEUU y contratistas por hasta 180 días. Pese a que el Congreso ecuatoriano descartó la instalación de una base extranjera, un plan de Noboa que parecía apuntar a facilitar el regreso de militares estadounidenses (expulsados durante el gobierno del izquierdista Rafael Correa), el Gobierno ha buscado otras vías para facilitar la asesoría y presencia de EEUU en la lucha contra el crimen organizado.
Junto a esto, apuntan analistas, Noboa ha alineado a Ecuador con la visión conservadora de Trump: mano dura contra el "narcoterrorismo", operaciones conjuntas, intercambio de inteligencia y rechazo a influencias consideradas adversas. Esta inserción se refleja también en acercamientos con líderes afines como Javier Milei en Argentina. Antes de visitar a China, en agosto, Noboa estuvo en dos ocasiones en Washington durante mayo y junio.
Sin embargo, la dependencia económica de China —segundo socio comercial, principal destino del camarón y fuente de financiamiento e infraestructura— obliga a mantener el equilibrio. El TLC con Pekín y los nuevos acuerdos no se presentan como una alternativa a Washington, sino como complementarios: China aporta capital y mercados para el crecimiento, mientras EEUU aporta el paraguas de seguridad que permite gobernar en medio de la crisis de violencia.
Para el analista y profesor universitario Santiago Pérez, "Ecuador puede cooperar con EEUU en seguridad y mantener vínculos económicos con China o Europa, pero solo si ese equilibrio se convierte en una política exterior coherente. De lo contrario, puede terminar viéndose como dependencia selectiva o ambigüedad estratégica".
La estrategia de Noboa hasta ahora ha consistido en segmentar los ámbitos. La cooperación con China se centra en lo económico, tecnológico y de desarrollo (energía renovable, digitalización, donaciones humanitarias y productivas), evitando áreas sensibles de seguridad o geopolítica que pudieran generar recelos en la Casa Blanca.
Al mismo tiempo, las gestiones con EEUU enfatizan la lucha compartida contra el crimen organizado transnacional, la migración irregular y el fortalecimiento institucional. Xi Jinping, durante el encuentro, defendió el derecho de los países latinoamericanos a elegir de forma independiente a sus socios, un mensaje que Noboa recibió sin contradecir su alineamiento político-ideológico con Trump.