El domingo 22 de febrero de 2026, el ejército mexicano abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación. La respuesta fue inmediata: más de 250 narcobloqueos en 20 estados, autobuses incendiados, aeropuertos paralizados, tiendas saqueadas. El CJNG convirtió el país en rehén en cuestión de horas. No era una forma violenta de lamentar la muerte de un líder, sino una demostración de fuerza.
La escena no es nueva en América Latina. El continente lleva décadas atrapado en la misma espiral. Colombia vivió el terror de Pablo Escobar y los carteles de Cali y Medellín: jueces asesinados, candidatos ejecutados, un Estado al borde del colapso. Ecuador, que hasta hace una década era considerado un remanso de paz, registró en 2025 su mayor cifra de homicidios de la historia, con bandas aliadas del CJNG controlando puertos y rutas de cocaína. Brasil enfrenta al Primeiro Comando da Capital, que gobierna barrios enteros de São Paulo y dirige sus operaciones desde dentro de las cárceles. El mapa del crimen organizado en América Latina no distingue ideologías: ha florecido bajo gobiernos de izquierda y de derecha, en democracias consolidadas y en regímenes autoritarios. Su expansión no es un problema de color político. Es un problema de Estado y no alcanza con matar a un líder para resolver el problema.
México tiene experiencia de sobra con la llamada "estrategia de decapitación". El Chapo fue extraditado y condenado. El Mayo Zambada terminó en una celda estadounidense. ¿El resultado? El Cártel de Sinaloa se fragmentó, emergieron nuevas facciones y la violencia se redistribuyó. Lo mismo puede ocurrir con el CJNG. Sin un sucesor claro, la disputa interna por territorios y rutas puede desatar una guerra que arrastre a miles de civiles. Abatir al capo es una victoria táctica. Desmantelar la estructura que lo sostiene es un trabajo completamente distinto.
El caso de El Salvador merece un análisis sin romantizaciones. Nayib Bukele redujo la violencia de las pandillas de forma drástica mediante una política de mano dura sin precedentes. Los números son reales. También lo son los costos: miles de detenidos sin proceso, denuncias de torturas, un sistema judicial subordinado al ejecutivo. El Salvador demostró que la contundencia funciona. También que, sin contrapesos institucionales, el remedio puede convertirse en otra forma del problema.
Cierto es que el continente necesita un Estado fuerte, pero diferente. Fuerte en inteligencia, en persecución del lavado de dinero y, sobre todo, en una justicia que investigue, juzgue y condene con garantías. Y aún así, tampoco es suficiente porque ya hoy, el crimen organizado se ha vuelto transfronterizo. El CJNG opera en Ecuador, Colombia, Venezuela y Brasil. Sus rutas de fentanilo cruzan Centroamérica. Sus redes de lavado funcionan en tres continentes. Frente a esa arquitectura sin fronteras, los gobiernos de la región siguen respondiendo de forma fragmentada, descoordinada y, con frecuencia, mutuamente desconfiada.
La cooperación entre México y Estados Unidos que permitió localizar a El Mencho demuestra lo que es posible cuando hay voluntad política real. Ese modelo necesita escalar. Es una condición de supervivencia para Estados que, de otra manera, seguirán perdiendo territorio e instituciones ante organizaciones que aprendieron, mucho antes que sus adversarios, que el mundo no tiene fronteras.
La muerte de El Mencho es una oportunidad. No para celebrar, sino para actuar. Los gobiernos de la región tienen ante sí una ventana —breve— para demostrar que son capaces de coordinar una respuesta a la altura de la amenaza. ¿Empezaremos a ver ese tipo de acción coordinada o seguirán los grupos criminales expandiéndose a sus anchas?
Hernán Alberro es consultor en relaciones internacionales y derechos humanos
🇲🇽‼️ | México vuelve a sumar otro capítulo lamentable y Claudia Sheinbaum queda expuesta una vez más. En un acto insólito, se despidieron los restos del Mencho. La particularidad es que el cuerpo del narco fue llevado en un ataúd de roble bañado en oro y la ceremonia dejó detalles que solo suceden en México.
• El ataúd de oro del Mencho tiene un valor de 25 mil dólares
• El CJNG se hizo presente para despedirlo
• Se recibieron cientos de arreglos florales
• El traslado fue custodiado por fuerzas militares
• El ingreso y salida de la funeraria fue controlado por militares
• Una banda de música de mariachis fue parte del evento
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