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Resumen 2025

América Latina giró este año hacia líderes conservadores, abiertos al mercado y alineados con EEUU

Lo que lleve adelante la Administración Trump contra el régimen de Venezuela marcará cómo será el 2026 en el continente.

Buenos Aires
Destructores de clase Arleigh Burke, entre ellos el USS Sampson desplegado contra Venezuela.
Destructores de clase Arleigh Burke, entre ellos el USS Sampson desplegado contra Venezuela. U.S. Navy

América Latina registró en 2025 un panorama político marcado por transformaciones significativas. La región, tradicionalmente diversa en ideologías, ha experimentado un notable viraje hacia posiciones políticas conservadoras, abiertas al libre mercado y en general proestadounidenses en varios países clave.

El telón de fondo ha sido el primer año de Donald Trump en la Presidencia. A diferencia de lo que fue su primer Gobierno, desde el 20 de enero de 2025 dio una clara idea de que vendría un nuevo tiempo de Washington en su interacción con el vecindario latinoamericano. La presión pública y privada que ejerció la Casa Blanca en el primer mes de este año sobre un aliado, el Gobierno de José Raúl Mulino (Panamá) para romper con la presencia técnica de China en las operaciones del Canal de Panamá, dejó en claro de que se estaba configurando un nuevo orden hemisférico.

Con el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero pasado, se evidenció en este 2025 una política hemisférica de Washington con renovado vigor e inspirada en la Doctrina Monroe, priorizando la contención de influencias externas como China y Rusia en el continente. Según el Instituto Brookings, esta estrategia ha comenzado a redefinir las relaciones con América Latina, enfocándose en migración y seguridad, temas que generan tensión incluso con naciones aliadas.

Este 2025 ha sido un año electoral intenso en América Latina, con resultados que consolidan una tendencia conservadora y proestadounidense. En Ecuador, las elecciones presidenciales de febrero reeligieron al empresario Daniel Noboa, un conservador de la Acción Democrática Nacional (ADN), que combina mano dura contra la delincuencia y apertura económica.

En Bolivia, agosto vio el fin de casi dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo (MAS). Rodrigo Paz Pereira, un centrista con inclinaciones de mercado, ganó la Presidencia con el 54% en la segunda vuelta, derrotando al conservador Jorge "Tuto" Quiroga. El primer viaje de Paz Pereira, como presidente electo, fue justamente a Washington para sanar las heridas tras los gobiernos "antiimperialistas" de Evo Morales y Luis Arce.

Paz Pereira representa, según el Journal of Democracy, un cambio hacia políticas amigables con EEUU, prometiendo reformas graduales para atraer inversión extranjera. Su victoria constituyó un punto de inflexión en la historia de las últimas décadas en Bolivia, y Washington ha ganado un aliado.

En diciembre, Chile confirmó el giro regional con la victoria de José Antonio Kast, un conservador que promete combatir la delincuencia y poner freno a la inmigración irregular. El líder del Partido Republicano es un abierto admirador de Trump y obtuvo una "victoria aplastante" sobre la candidata izquierdista, marcando también un simbólico giro político.

En Honduras, las elecciones del 30 de noviembre, aunque no han terminado de arrojar un ganador definitivo, en general se interpretan como una simbólica derrota para el expresidente Manuel Zelaya, apoyado por el chavismo. Su candidata, Rixi Moncada, quedó relegada a un lejano tercer lugar.

Aunque los resultados fueron ajustados en este 2025, con Salvador Nasralla (centrista) y Nasry Asfura (conservador respaldado por Trump) disputando el liderazgo, el partido gobernante Libre colapsó espectacularmente, pasando del 50% en 2021, cuando fue electa la esposa de Zelaya, Xiomara Castro, a una minoría este año.

Este patrón se complementa con elecciones de 2024 que ya apuntaban en esa dirección. En Panamá, José Raúl Mulino, aliado del expresidente Ricardo Martinelli, ganó en mayo con promesas proestadounidenses, manteniendo a Panamá como socio clave en el Canal y migración.

En República Dominicana, Luis Abinader fue reelecto en mayo con el 57%, endureciendo políticas migratorias contra Haití, alineadas con intereses estadounidenses. Finalmente, en El Salvador, Nayib Bukele arrasó en febrero de 2024 con el 85%, consolidando un régimen autoritario, según denuncias de entidades como Amnistía Internacional, y proestadounidense.

En Argentina, las elecciones legislativas de 2025 sellaron la relevancia de Javier Milei por encima de un desgastado peronismo. Aunque sin notables éxitos económicos, la Casa Blanca le ha dado un claro respaldo al presidente liberal.

Este conjunto de victorias sugiere un realineamiento regional, donde líderes conservadores priorizan alianzas con Washington para abordar crimen, migración y economía.

Entretanto, desde Washington se ha impulsado lo que analistas consideran una Doctrina Monroe Renovada. Se trata de un giro en la política exterior de Trump si se le compara con su primer periodo de gobierno. La declaración de política exterior de Trump en 2025, plasmada en la Estrategia de Seguridad Nacional, representa un giro hemisférico inspirado en la Doctrina Monroe de 1823.

El documento reafirma la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, criticando décadas de "negligencia" y prometiendo contener influencias externas. El Instituto Brookings lo describe como un "corolario Trump" que prioriza migración, narcotráfico y seguridad, con énfasis en Venezuela y Cuba.

El impacto en la región es mixto. Líderes como Kast en Chile y Milei en Argentina lo celebran, mientras que países con peso geopolítico, como México y Brasil mantienen distancia.

El Council on Foreign Relations (CFR) subraya que este enfoque de un énfasis renovado de la Casa Blanca en América Latina podría generar fricciones globales, si por ejemplo llega a afectar el comercio con China, presente en infraestructuras latinoamericana y principal socio comercial de la mayoría de países latinoamericanos.

Cuba y Haití: dos olvidos

Cuba, entretanto, siguió siendo una suerte de olvido para el establishment político regional. A diferencia de Venezuela, donde declaraciones regionales abundan contra Maduro, Cuba ha sido olvidada por los líderes políticos, conservadores y demócratas, pese a su crisis humanitaria y económica sin precedentes.

Mientras Venezuela recibe atención por las secuelas de las elecciones controvertidas de 2024 y despliegues militares estadounidenses, a partir de agosto de 2025, Cuba pasa sencillamente desapercibida en su deriva. Human Rights Institute compara las sanciones en ambos, pero nota menos presión regional sobre La Habana.

La excepción a esta "amnesia colectiva" sobre el tema cubano es México, pero siguiendo Claudia Sheinbaum la tradición del PRI (Partido Revolucionario Institucional) mexicano de usar a Cuba como demostración de independencia ante Washington. Con la heredera de Andrés Manuel López Obrador el régimen cubano ha encontrado una suerte de bocanada de oxígeno, en un colapso agravado por la crisis propia de Venezuela.

Pero si el olvido de Cuba es político, el de Haití es moral. En 2025, la crisis haitiana alcanzó niveles de distopía. Con Puerto Príncipe controlado en más de un 80% por bandas criminales y un Estado inexistente, la comunidad democrática regional ha mirado hacia otro lado. La ayuda internacional ha sido errática y la misión de seguridad liderada por Kenia apenas ha logrado contener la violencia en perímetros específicos.

América Latina ha optado —por omisión— por dejar a Haití a la deriva. Si efectivamente la crisis sigue escalando y esta nación caribeña termina siendo gobernada por las bandas criminales —tal como advirtió la Comunidad del Caribe (Caricom) a mitad de este año— posiblemente las miradas se volteen hacia Puerto Príncipe.

Para la revista Americas Quarterly, América Latina se encamina hacia un 2026 incierto, tras un 2025 donde las sociedades y los liderazgos en donde hubo elecciones le pusieron fin a proyectos de izquierda en el poder. La cercanía con Washington y la definición de prioridad para la Casa Blanca que pasó a tener la región, proyecta un 2026 estable en lo político, pero con los usuales riesgos de autoritarismos que la han atravesado, sin importar el signo ideológico.

Para los medios de prensa estadounidenses, lo que termine llevando adelante la Administración Trump contra el régimen de Nicolás Maduro entre fines de 2025 e inicios del nuevo año, terminará proyectando la tonalidad e intensidades de 2026 en América Latina.

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2 comentarios

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Ya empieza el despertar político de América. Bienvenida la democracia.

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“Líderes conservadores, abiertos al mercado y alineados con EEUU”, o sea, contra el socialismo empobrecedor y represivo, ese que se disfraza de liberal, demócrata, Verde, social demócrata o progresista.