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América Latina

Tensiones internas ralentizan el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur

El acuerdo promete crear una gigantesca zona de libre comercio y alcanzaría a más de 700 millones de personas.

Buenos Aires
Ursula von der Leyen y los presidentes de Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, en 2024.
Ursula von der Leyen y los presidentes de Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, en 2024. Mercosur

Las públicas diferencias de índole político en el seno del Mercado Común del Sur (Mercosur) y el laberinto burocrático de la Unión Europea (UE), con países que tienen diferentes énfasis, parecen atentar contra lo que se daba por un hecho: un acuerdo entre ambos bloques con lo cual se alcanzaría una de las zonas de libre comercio más pobladas del mundo.

Este 25 de agosto, citando fuentes de Bruselas, el diario español El País dio cuenta de una suerte de parálisis en el seno de la UE, en contraste con la voluntad exhibida hace exactamente ocho meses en Montevideo. A fines de 2024 se selló en la capital uruguaya el acuerdo político para avanzar en el tratado comercial en un significativo conclave encabezado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

A esta situación interna, que tiene lugar a disgusto de España, que apuesta por este tratado, se suma la actual parálisis que anida en el seno de Mercosur, como reseñó previamente DIARIO DE CUBA, por las ya abiertas diferencias políticas, que inciden en la visión comercial, entre los mandatarios de Brasil y Argentina, el histórico referente de la izquierda brasileña y latinoamericana, Luiz Inácio Lula da Silva, y el ultra liberal Javier Milei.

Estos dos países son, de lejos, los motores económicos principales del bloque sudamericano también conformado por Paraguay y Uruguay. Milei, un libertario que cuestiona la utilidad del bloque y aboga por acuerdos bilaterales con potencias como EEUU, choca con Lula da Silva, quien defiende la integración regional como pilar para negociar con socios globales.

En el papel, el acuerdo UE-Mercosur promete crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, abarcando más de 700 millones de personas. En Bruselas ha trascendido la resistencia de Francia, principalmente, junto a otros países que temen la competencia de los productos agrícolas sudamericanos. España, entretanto, apuesta a consolidarse como el principal referente europeo en América Latina, si se llega a concretar este tratado.

El comercio entre Mercosur y la UE es crucial para los países sudamericanos. El año pasado, según reportó Infobae, la UE fue el segundo socio comercial del bloque de cuatro países sudamericanos, representando el 16,9% de su comercio total, con un intercambio de 109.500 millones de euros. Los países de Mercosur, en donde Bolivia está en trámite de ser socio pleno, exportaron bienes por 47.000 millones de euros, principalmente productos agrícolas como carne, soja y miel.

El acuerdo eliminaría aranceles sobre al menos el 91% de estas exportaciones, generando beneficios significativos. El portal del Gobierno argentino había señalado antes de la asunción de Milei de que productos como cítricos, hortalizas y algodón alcanzarían libre comercio en plazos de cuatro a diez años, mientras que los vinos argentinos verían eliminados sus aranceles en ocho años.

Para Brasil, el mayor exportador del bloque, el acuerdo abriría acceso preferencial para su carne bovina, etanol y azúcar. Uruguay y Paraguay, economías más pequeñas, también se beneficiarían: Uruguay podría aumentar sus exportaciones de arroz y miel, mientras que Paraguay consolidaría su posición como proveedor de soja y carne.

De acuerdo con el diario argentino La Nación, lo negociado hasta ahora en el tratado incluye un fondo de 1.800 millones de euros para apoyar una "transición justa, verde y digital" en Mercosur, promoviendo inversiones en energías renovables y cadenas de valor sostenibles, lo que podría beneficiar a sectores estratégicos como el litio en Argentina y Bolivia.

A pesar de estas oportunidades, la falta de consenso dentro de Mercosur complica la implementación. Entretanto, en Bruselas la UE parece haber perdido interés o velocidad, aparentemente por la situación demandante, en materia de aranceles, que se ha vivido tras la asunción de Donald Trump como presidente de EEUU.

Ignacio Bartesaghi, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Uruguay, destaca que el acuerdo es una "oportunidad estratégica" para Mercosur, pero advierte que las divisiones internas, especialmente entre Argentina y Brasil, podrían debilitar su implementación. Bartesaghi señala que el tratado podría aumentar las exportaciones sudamericanas en un 10-15% a largo plazo, pero requiere que los países del bloque coordinen políticas para maximizar los beneficios y evitar la desindustrialización en sectores sensibles.

Por su parte, Sebastián Cavasin Milano, autor académico sobre las dinámicas de América Latina y funcionario diplomático de Uruguay, sostiene que la parálisis que rodea la ratificación de lo que es, sin duda, un acuerdo estratégico para el Cono Sur, refleja tanto las tensiones internas de Mercosur como las presiones proteccionistas en Europa.

El acuerdo UE-Mercosur, que ha estado en negociaciones largamente por más de dos décadas, promete constituir no solo una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, al abarcar como ya se ha indicado a un total de 700 millones de personas, sino que también representa un 25% del PIB global, según estimaciones de Bruselas.

De acuerdo con la Comisión Europea, el tratado eliminaría gradualmente los aranceles sobre el 91% de las exportaciones de la UE a Mercosur y el 92% de las exportaciones de Mercosur a la UE, con un ahorro estimado de 4.000 millones de euros anuales para las empresas europeas, por lo que el acuerdo no solo sería beneficioso para los sudamericanos, como cuestionan algunos países europeos.

Este pacto no solo liberalizaría el comercio de bienes, como el aceite de oliva, el vino, los automóviles y las materias primas, sino que también facilitaría el acceso a servicios, contratación pública y la protección de 357 indicaciones geográficas europeas, de las cuales 59 son españolas. Pese a todo lo que promete, sin embargo, parece haber quedado en el refrigerador nuevamente.

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