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América Latina

Cumbre de Buenos Aires profundiza la parálisis de Mercosur por las diferencias entre Lula y Milei

La falta de diálogo directo entre Lula y Milei es el reflejo de un deterioro progresivo en las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil, que son los dos pilares de Mercosur.

Buenos Aires
Foto oficial de la Cumbre de Mercosur, Buenos Aires.
Foto oficial de la Cumbre de Mercosur, Buenos Aires. X/@realnoticiamx

En las cumbres de mandatarios la foto oficial simboliza el espíritu reinante puertas adentro. En la reciente reunión presidencial del Mercado Común del Sur (Mercosur) en Buenos Aires, la imagen difundida por este órgano refleja, nítidamente como pocas veces, la enorme distancia que reina entre Brasil y Argentina y que ha sumido en una parálisis al mecanismo de integración.

La imagen oficial de la Cumbre celebrada el pasado 3 de julio en la capital argentina muestra a un mandatario anfitrión, en este caso Javier Milei, siendo la excepción. Mientras que el resto saluda y sonríe, el presidente ultraliberal permanece sumamente serio ante la cámara en una posición corporal cerrada con sus manos entrecruzadas, limitando cualquier acercamiento de quienes le flanquean.

Estuvo flanqueado, por razones de protocolo por dos figuras de la izquierda latinoamericana. A la derecha de Milei estuvo el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y al otro lado el boliviano Luis Arce. Con ninguno quiso tener acercamiento el presidente argentino, según muestra la fotografía. Fuentes diplomáticas en Buenos Aires confirmaron a DIARIO DE CUBA que el saludo fue meramente protocolar e incluso gélido entre el referente de la izquierda brasileña y el mandatario anfitrión durante la reunión de Mercosur.

Para observadores, la ausencia de una reunión bilateral cara a cara entre ambos mandatarios simbolizó no solo la falta de voluntad política para superar las tensiones, sino también el deterioro de la cohesión interna de Mercosur entre los dos principales socios (por las dimensiones de sus economías), Brasil y Argentina, en una dinámica en la que los otros estados miembros, Paraguay y Uruguay tiene un peso menor, así como el asociado Bolivia.

Mercosur, creado en 1991 con la ambición de consolidar una unión económica y política en el Cono Sur, enfrenta en la actualidad uno de sus momentos más críticos. En la Cumbre de Buenos Aires no lograron avances en los temas neurálgicos que han mantenido al bloque estancado durante años. Entre ellos, destaca el persistente fracaso en la negociación de un acuerdo comercial con la Unión Europea.

Este tratado se ha convertido en un punto de fricción insalvable. Lula da Silva, en su tercer mandato como presidente de Brasil, defiende una postura proteccionista, priorizando la defensa de la industria brasileña y exigiendo salvaguardas para el sector agrario, que teme la competencia de los productos europeos subsidiados. Por su parte, Milei, fiel a su posición libertaria, aboga por una apertura comercial sin restricciones, argumentando que la liberalización total es la clave para reactivar las economías sudamericanas.

Otro tema que reflejó esta fractura interna fue la incapacidad de Mercosur para articular una postura común ante la deriva autoritaria en Venezuela bajo el régimen de Nicolás Maduro. Mientras Lula da Silva tras la crisis y represión que rodeó a las elecciones del 28 de julio de 2024 ha optado por una diplomacia cautelosa, evitando condenas directas al chavismo y promoviendo un diálogo que muchos consideran complaciente, Milei tomó una actitud beligerante, calificando al Gobierno venezolano como una dictadura.

Esta polarización no solo impidió que Mercosur adoptara una posición unificada frente a la crisis venezolana, sino que también resaltó la ausencia de una agenda política común capaz de abordar los desafíos democráticos en la región.

La omisión del bloque en este asunto crítico, como es la deriva del chavismo, refuerza la percepción, para no pocos observadores, de que Mercosur es incapaz de desempeñar un rol relevante en la escena regional en momentos de crisis. Venezuela es miembro de Mercosur, pero en estado de suspensión desde 2016, por el deterioro democrático y las violaciones a derechos humanos que ya se multiplicaban entonces.

La ausencia de diálogo entre los mandatarios de Brasil y Argentina, parece explicarse no solo por diferencias ideológicas sino por rivalidades que rayan en lo personal.

Tras la Cumbre de Mercosur, Lula da Silva aprovechó su estancia en Buenos Aires para visitar a Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina y figura central del peronismo. Este gesto, interpretado como una reafirmación de su afinidad con el progresismo latinoamericano, no pasó desapercibido en los círculos políticos argentinos, donde se percibió como una provocación hacia Milei.

La exmandataria paga casa por cárcel por el caso conocido como Vialidad, por corrupción y abuso de poder, mientras espera el devenir judicial de otros procesos en su contra.

En contrapartida, el presidente argentino cultiva una estrecha amistad con Jair Bolsonaro, el exmandatario brasileño. Bolsonaro es el archienemigo de Lula da Silva y corre el riesgo de terminar en prisión en Brasil, acusado de intento de golpe de Estado.

Hace un año de visita en el país limítrofe, Milei eludió encontrarse con Lula da Silva y al contrario acudió a visitar a Bolsonaro en el marco de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC).

Estas afinidades personales, más que fortalecer la integración regional, han contribuido a exacerbar las tensiones, convirtiendo a Mercosur en un escenario de disputas en lugar de un espacio de cooperación.

La falta de diálogo directo entre Lula y Milei no es un hecho aislado, sino el reflejo de un deterioro progresivo en las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil, que son en la práctica los dos pilares de Mercosur.

Durante la campaña electoral de 2023, Milei calificó a Lula da Silva de "corrupto" y "comunista", declaraciones que generaron un profundo malestar en Brasilia. Aunque el mandatario ha evitado responder directamente a estos ataques, su decisión de no reunirse con Milei en Buenos Aires sugiere que siguen rotos los puentes de comunicación entre ambos.

Analistas en Buenos Aires han recordado que esta animosidad personal contrasta con los esfuerzos históricos de líderes como Fernando Henrique Cardoso y Néstor Kirchner, quienes, a pesar de sus diferencias, priorizaron la construcción de una relación estratégica entre ambos países.

Finalmente, a pesar del clima de frialdad entre los mandatarios de Brasil y Argentina, la Cumbre de Buenos Aires no estuvo exenta de algunos acuerdos, aunque estos fueron de alcance limitado y no abordaron los problemas estructurales del bloque.

Entre los puntos destacados, los mandatarios ratificaron el avance en la incorporación plena de Bolivia como miembro de Mercosur, un proceso que, aunque simbólico, refuerza la expansión del bloque.

Asimismo, se firmaron acuerdos de cooperación en áreas técnicas, como la armonización de normas sanitarias para facilitar el comercio intrarregional de productos agrícolas y la creación de un grupo de trabajo para digitalizar los procesos aduaneros, con el objetivo de reducir costos y agilizar el intercambio comercial.
 

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4 comentarios

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“Durante la campaña electoral de 2023, Milei calificó a Lula da Silva de corrupto y comunista". ¿Qué dijo que no fuera verdad?

Mercosur es como el antiguo CAME. Una mierda. Los del cono sur tienen que perder su estupido complejo anti yankee y ponerse pa las cosas.

Milei sabe que el unico mercado que funciona es USA, lo demas es paja (si no preguntenlen a los Presidentes de Liberia, Senegal, Mauritania, Guinea-Bissau y Gabón que celebraron una mini cumbre con TRUMP en la Casa Blanca en una reunion centrada oficialmente en cuestiones comerciales, de inversión y de seguridad.....

La gran diferencia entre Lula y Milei, es que Lula es socialista/comunista y Milei no. Sera simple, o simplon si se quiere, pero la estrategia de evitar siempre los primeros es efectiva. Eso lo saben hasta los primeros vaya.