Brasil acaba de vivir una suerte de rebelión parlamentaria, inédita en el país desde 1992, periodo turbulento que derivó en la destitución del presidente Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción. Por primera vez desde aquel año, ambas cámaras, senadores y diputados, votaron al unísono para anular una decisión de Luiz Inácio Lula da Silva.
La decisión en el seno del Congreso, una suerte de varapalo para el gobernante quien ha deslizado la posibilidad de buscar un cuarto periodo en las elecciones generales de 2026, marca un punto de inflexión de Lula da Silva con sus aliados de centro y conservadores, que esta vez se unieron a la oposición para frenar una iniciativa del mandatario, figura icónica de la izquierda brasileña y latinoamericana, quien cumplirá 80 años en octubre próximo.
La decisión al unísono de ambas cámaras, sin precedentes desde la crisis de gobernabilidad de 1992, fue tomada este 25 de junio. La Cámara de Diputados y el Senado anularon un decreto presidencial que aumentaba el impuesto a las transacciones financieras. Para los medios de prensa brasileños, constituye una humillación para Lula da Silva que partidos que forman parte de su Gabinete hayan terminado votando en contra de la medida presidencial.
Creomar de Souza, analista político de una firma privada dedicada a analizar el riesgo político, subraya la falta de cohesión en la coalición gobernante como un factor crítico, que podría hacerse habitual en la medida en que Brasil se encamina a unas elecciones presidenciales en 2026, con amplios márgenes de incertidumbre.
De Souza sostiene que "la heterogeneidad de la coalición de Lula da Silva, que incluye desde partidos de izquierda hasta sectores de centroderecha, genera tensiones constantes". Esta fragmentación tuvo un punto de inflexión en la reciente anulación del decreto presidencial sobre impuestos, lo cual dejó al desnudo la incapacidad del Gobierno para alinear intereses en un contexto de crisis fiscal y alta inflación.
La anulación del decreto con impuestos era crucial, según el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), para financiar programas sociales en un contexto de crisis fiscal y deja a Lula da Silva en una situación de debilidad. Quienes fueron aliados al inicio de su gestión en 2023, no siguen ya necesariamente la línea gubernamental, pese a que son parte de ese Gabinete de Gobierno.
Hugo Motta, presidente de la Cámara de Diputados, expresó en redes sociales que la decisión envía "un recado de la sociedad" contra el aumento de impuestos, subrayando el descontento popular con las políticas económicas de Lula da Silva.
Según la politóloga Esther Solano, de la Universidad de São Paulo, el Gobierno de Lula da Silva, quien insiste en definir como progresista a su tercer periodo en el poder, en la práctica "es rehén del Centrão, cada vez más ubicado a la derecha", lo que obliga a Lula a priorizar leyes económicas en detrimento de agendas progresistas como la defensa de los derechos de las mujeres, los indígenas o el medio ambiente. En el contexto político brasileño, "Centrão" se refiere a un grupo informal de partidos políticos y parlamentarios que, más allá de tener una ideología definida, se unen para apoyar al Gobierno a cambio de beneficios y cargos.
El escenario político de debilidad en el Legislativo y falta de una dirección gubernamental coherente con sus banderas de izquierda, se complica aún más por la caída en la popularidad del presidente.
Según una encuesta de Datafolha publicada en junio de 2025, el 50% de los brasileños desaprueba la gestión de Lula da Silva, mientras que sólo un 28% califica su desempeño como "bueno o muy bueno". Otro sondeo de Genial/Quaest, encargado por O Globo en mayo pasado, reveló que el 55% de los brasileños considera que Lula da Silva no merece ser reelegido en 2026.
Lo que más han destacado analistas es que estas cifras de sondeos reflejan un creciente desencanto, especialmente en regiones tradicionalmente afines al PT, exacerbado por la alta inflación y la percepción de que el presidente no ha logrado cumplir las expectativas generadas tras su victoria en 2022, cuando venció por poco margen al conservador Jair Bolsonaro, quien buscaba la reelección.
André César, de la consultora Hold, cree que errores estratégicos del propio mandatario son la causa de su debilitamiento. En una columna para O Globo, César sostiene que "Lula da Silva ha subestimado el poder del Congreso y no ha logrado construir una narrativa que conecte con la población más allá de su base tradicional".
Según este analista, la percepción de que el presidente recurre a tácticas del pasado, como el enfrentamiento con el Legislativo o la apelación al Supremo Tribunal (de Justicia), refuerza la imagen de un liderazgo desgastado.
Esta debilidad política actual, junto a problemas de salud y su edad, ya que tendría 81 años cuando asuma un nuevo periodo, en caso de ser reelegido, generan dudas sobre si Lula da Silva sería la mejor opción para la izquierda brasileña en las elecciones generales de 2026. También es cierto que no despuntan figuras que puedan "heredar" el legado del referente izquierdista. Por el contrario, en el seno del PT cobran fuerzas voces críticas en contra el líder septuagenario.
Junto a esta incertidumbre, se suma la falta de definiciones en el campo opositor. Con una inhabilitación política activa, el expresidente Bolsonaro no podrá presentarse el año próximo, pese a que según todas las encuestas es la figura principal de oposición hoy en Brasil.
El líder del "bolsonarismo" tampoco ha dejado en claro quién podría ser su heredero político y tener todo su respaldo para competir por la Presidencia el año próximo.
Finalmente, en relación con la "rebelión parlamentaria" del pasado 25 de junio, el Gobierno de Lula da Silva ha anunciado su intención de recurrir al Tribunal Supremo (que tiene una seguidilla de decisiones favorables al presidente izquierdista) para revertir la decisión parlamentaria.
Esta medida, según analistas, agravará las tensiones con el Congreso y generará más ruido con los aliados, pero por sobre todo reforzará la tesis de quienes critican al mandatario, que acusan a Lula da Silva de aferrarse a estrategias del pasado.
A todo HeP le llega su hora: lulamento aprieta elQlo y dale a los pedales (a ver si puedes escapar otra vez....
Todo izquierdista es intrínsecamente vago, hipócrita, resentido, violador de los derechos del prójimo, traidor, demagogo, empobrecedor, ladrón, mentiroso y corrupto.
Los que más se destacan llegan a ser líderes y tienen la oportunidad que casi siempre aprovechan, de enriquecerse y arruinar a sus naciones.
Todo eso y principalmente, envidiosos.