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Colombia

Negocios son negocios: Petro abandona demandas democráticas y apuesta por el comercio con Venezuela

Gustavo Petro, quien en 2024 insistía en no reconocer la reelección de Nicolás Maduro, pasa página y se enfoca ahora en el intercambio comercial.

Caracas
Gustavo Petro y Nicolás Maduro.
Gustavo Petro y Nicolás Maduro. Presidencia de Colombia

La puesta en escena a pocos días de que se cumpliera un año de las elecciones presidenciales del 28 de julio en Venezuela, forma parte de la nueva realidad en la que impera el pragmatismo y los intereses comerciales. El presidente colombiano Gustavo Petro, envuelto en escándalos de diverso tenor, ha terminado por dar un giro en relación con el régimen de Nicolás Maduro.

Las elecciones venezolanas del año pasado coparon las preocupaciones de la Presidencia y de la Cancillería de Colombia, si nos guiamos por los constantes pronunciamientos e intervenciones tanto de Petro como de su canciller de entonces, Luis Gilberto Murillo, una figura de izquierda democrática con ascendencia en factores de poder en EEUU durante el Gobierno demócrata de Joe Biden.

Con el pasar de los meses y la salida de Murillo del Gobierno de Petro (justamente por las discrepancias en torno al manejo de la crisis poselectoral de Venezuela), lo que comenzó como una postura crítica, exigiendo transparencia y democratización ha mutado hacia una política pragmática que prioriza los intereses comerciales, especialmente en la porosa frontera colombo-venezolana, de unos 2.200 kilómetros de longitud.

Cuando Gustavo Petro asumió la Presidencia de Colombia en agosto de 2022, su política exterior hacia Venezuela marcó un punto de inflexión. Restableció relaciones diplomáticas con Caracas, rotas durante el Gobierno de Iván Duque, y abogó por una postura de diálogo con Maduro.

Sin embargo, dos años después, en el contexto pre y poselectoral del año pasado, el presidente izquierdista marcó distancia de Maduro. Colombia se sumó a esfuerzos regionales, junto a Brasil y México, para exigir la publicación de las actas electorales del 28J, luego de que Maduro se proclamara ganador sin pruebas creíbles, frente a una oposición que demostró, con más del 85% de las actas, que Edmundo González lo había superado ampliamente.

Petro en ese momento insistió en que no reconocería los resultados sin transparencia electoral, alineándose con una postura crítica hacia la deriva autoritaria del chavismo.

El cambio entre aquel Petro de hace un año y el actual posiblemente se explique por las relaciones con su equipo de Gobierno y su entorno más cercano. En 2024 el canciller Murillo era la figura pública de mayor peso y proyección pública, después de Petro. Alineado con el discurso de Washington, Murillo hablaba abiertamente de impulsar y acompañar una transición democrática en Venezuela.

En 2024 Petro estaba distanciado de su polémico operador político, Armando Benedetti, quien fue su primer embajador en Caracas y en la capital venezolana tuvo un abierto acercamiento con el chavismo. Benedetti regresó al círculo de confianza en este 2025, siendo ahora ministro del Interior.

En la guerra intestina que caracteriza al Gabinete de Petro, Benedetti logró posicionar a Alfredo Saade como jefe de despacho y desde allí este nuevo integrante del círculo íntimo de Petro logró forzar la renuncia de Laura Sarabia a la Cancillería, con quien el ahora ministro del Interior estaba peleado públicamente tras años de una relación estrecha.

Los movimientos en el Gobierno colombiano han terminado por favorecer la normalización con el chavismo, no solo por los roles más pragmáticos de Benedetti y Saade, sino porque Petro nombró de forma interina en la Cancillería a Rosa Villavicencio Mapy, una abierta simpatizante de Hugo Chávez. La nueva responsable temporal de la política exterior defiende la narrativa del chavismo de que Maduro fue reelecto en 2024 para su tercer periodo de gobierno, cada uno de seis años.

De esta forma, en lugar de mantener la presión por la democratización, Petro ha optado por fortalecer los lazos comerciales y estratégicos con Venezuela, especialmente en la frontera. Según el periodista especializado Víctor Salmerón, el intercambio comercial entre ambos países ha experimentado un crecimiento significativo, superando los 1.000 millones de dólares anuales, con beneficios notables para Colombia.

Las exportaciones colombianas a Venezuela, que incluyen productos agrícolas, textiles y bienes manufacturados, han revitalizado la economía de regiones fronterizas como Norte de Santander y La Guajira. Este flujo comercial ha generado empleo y dinamismo económico en una zona históricamente abandonada, pero a costa de lo que críticos consideran un silencio cómplice frente a las violaciones de los derechos humanos por parte de Maduro y su deriva autoritaria.

El giro de Petro no solo se refleja en la política exterior, sino también en las señales enviadas por su círculo cercano. Alfredo Saade, el jefe de Gabinete de Petro de visita en Caracas, no se limitó a firmar los acuerdos binacionales para potenciar el intercambio fronterizo, sino que fue más allá generando polémica tanto en Caracas como en Bogotá.

"Este es el inicio de un sueño, de un sueño que nació en Simón Bolívar, de un sueño que continuó el presidente Chávez, un sueño que tiene hoy el presidente Maduro, el presidente Petro, es el inicio de una transformación social, política y económica en una región que lo necesita", dijo Saade de forma obsecuente en un acto junto a la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

Analistas colombianos han expresado preocupación por este giro en la política exterior de Petro. Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario, considera que el acercamiento a Maduro refleja una realpolitik que sacrifica los valores democráticos por beneficios económicos y políticos a corto plazo.

"Petro está atrapado entre su discurso progresista y las necesidades prácticas de gobernar un país con una frontera compleja. Pero al priorizar el comercio y la cooperación con Maduro, envía un mensaje de ambigüedad que debilita su credibilidad internacional", afirma Basset.

Por su parte, Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes, critica la falta de coherencia en la estrategia de Petro. "Esto refuerza la percepción de que Colombia está dispuesta a tolerar autoritarismos con tal de proteger sus intereses", señala.

Borda advierte también que la dependencia de Maduro como mediador en las negociaciones de paz (con ELN y disidencias de las FARC) podría comprometer la autonomía de Colombia en estos procesos, dada la cercanía del chavismo con estos grupos armados irregulares colombianos que encuentran en Venezuela una suerte de aliviadero, como lo han documentado diversos informes especializados.

De acuerdo con Human Rights Watch (HRW), el ELN y las disidencias de las FARC han expandido su presencia en Venezuela, operando en al menos 12 estados y participando en actividades como narcotráfico, minería ilegal y extorsión, con la complicidad de autoridades venezolanas.

El portal de investigación especializado Insight Crime ha reportado que el ELN cuenta con más de 1.000 hombres armados en territorio venezolano, mientras que las disidencias de las FARC tienen poco más de 200, cifras que reflejan una arista de las diversas problemáticas en esa extensa y porosa frontera común, sobre la cual Petro y Maduro quieren ahora lanzar un ambicioso plan de desarrollo e intercambio comercial.

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3 comentarios

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Así es Shingurato, con el triste abandono que está pasando el pueblo venezolano, lo que parecía después de las elecciones, que todo el mundo iba a aislar a Maduro y su régimen, incluyendo hasta la izquierda, con el paso del tiempo se va olvidando, para confirmarlo más ahora Trump regresa las licencias a Chevron para operar en Venezuela. Como en el Chapulín Colorado y ahora quien podrá defendernos.

Tal parece que no sólo Petro "ha dado un giro en relación al régimen de Maduro":
https://www.wsj.com/world/a…?