El presidente de Colombia, Gustavo Petro, parece vivir las horas bajas en la recta final de su gobierno de cuatro años. A lo que expertos consideran una fracasada política para alcanzar su promesa central de una "paz total", en el seno de su Gobierno se vive una suerte de guerra sin cuartel, con enfrentamientos públicos entre sus principales ministros a través de las redes sociales.
El meollo del asunto que mantiene de nuevo enfrentados, tras una suerte de tregua, a la responsable de la política exterior, Laura Sarabia, y al ministro del Interior, Armando Benedetti, es un asunto muy grave que salpica también al propio mandatario de izquierdas, un exguerrillero con amplia trayectoria en la vida política democrática de Colombia y cuyo gobierno concluye dentro de 15 meses.
Armando Benedetti es investigado, entre otros procesos que tiene ante la Justicia, por presunto financiamiento del narcotráfico a la campaña presidencial de Petro en 2023. El antiguo embajador colombiano ante el régimen de Nicolás Maduro, quien ha admitido su adicción a las drogas y al alcohol, fungió como fiel escudero de Petro en el ascenso de este al poder y, en audios que reveló el año pasado la revista Semana, se le escuchó decir que si cae él (si es llevado a prisión), todos caerán.
La ruptura de la relación cercana entre Sarabia y Benedetti ha terminado por ser un peso muerto en la gestión de Petro. Ninguno tiene una trayectoria política de izquierdas, por lo que diversos referentes progresistas se preguntan las razones por las que Petro los mantiene en estratégicas posiciones de poder, dentro de un Gabinete donde además abundan las informalidades y la incomunicación entre distintos altos funcionarios.
El politólogo y periodista Jorge Rojas Rodríguez, cercano colaborador de Petro desde los tiempos en que este fue alcalde de Bogotá y quien renunció a la dirección de la Presidencia por el regreso de Benedetti al Gabinete en febrero pasado, manifestó por ejemplo su inconformidad con el presidente a través de un mensaje en X: "Ojalá el presidente le devuelva los ministerios que rigen la política exterior y la política interior de Colombia al progresismo y la decencia".
El nuevo capítulo en la para nada soterrada disputa entre Sarabia, antigua secretaria privada de Benedetti, y este viejo zorro de la política colombiana, comenzó justamente durante la Semana Santa. Duró poco la tregua que les había pedido Petro a ambos para colocarlos al frente de tan estratégicas posiciones en el primer Gobierno de izquierdas en la historia democrática de Colombia.
Antes de salir una gira a Japón, Sarabia usó las redes sociales para soltar una suerte de bomba expansiva: "En mi última declaración a la Fiscalía entregué audios y conversaciones con Armando Benedetti, incluso audios que no han sido conocidos por la opinión pública. Le he pedido a la Fiscalía escucharme en los próximos días para ampliar la investigación".
La actual canciller de Colombia no explicitó a cuál de las investigaciones en curso contra el ministro del Interior sumó estos audios que presentó a la Fiscalía.
Armando Benedetti, quien fue electo senador y luego enviado por Petro a reabrir la embajada colombiana en Caracas, en 2023, en lo que este consideró una suerte de exilio y alejamiento del poder, enfrenta siete procesos judiciales.
Entre varios delitos, se le siguen investigaciones y procesos por tráfico de influencias (caso Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo), enriquecimiento ilícito y lavado de activos por un aumento no justificado de su patrimonio personal, concusión por exigencia de dineros en la fiduciaria Fiduprevisora, posible financiación irregular de campañas políticas, así como clonación de cédulas de identidad y nexos con grupos paramilitares.
Asimismo, tiene investigaciones en su contra por cohecho propio y concierto para delinquir, e influencias indebidas en entidades públicas para obtener beneficios políticos o personales.
Benedetti le restó importancia al asunto de estos nuevos audios y a Sarabia, quien por varios años fue su asistente personal en el Senado: "Desde que dejó de ser mi secretaria, no me importa lo que ella diga o haga".
Con el estilo soberbio y polémico que suelen caracterizar sus declaraciones públicas, Benedetti conversó con periodistas tras difundirse la versión de la canciller. "Te apuesto un millón de pesos a que de aquí no me sacan", le dijo a uno de los reporteros ante la pregunta de si se sentía amenazado con lo que pudiera revelar Sarabia.
En medio de estas tensiones al seno de su Gobierno, junto a los exiguos resultados de los distintos procesos de paz con grupos armados (facciones de la antigua FARC, ELN y hasta organizaciones claramente criminales), que hacen naufragar su propuesta de alcanzar una "paz total", el respaldo popular hacia Gustavo Petro va en descenso.
De acuerdo con un sondeo de la reconocida firma Invamer difundido hace escasas semanas, un 35% aprueba al mandatario, mientras que la mayoría de los colombianos rechaza su gestión.
"La estrategia de 'paz total' ha sido un fracaso", puntualiza Olga González, quien posee un doctorado en Sociología y ejerce como catedrática en la Universidad Paris Diderot.
A su juicio, Petro parte de "una premisa errada, que es considerar como interlocutores políticos a grupos criminales, traficantes y/o terroristas". Asimismo, el mandatario yerra al no darle "visibilidad y protagonismo a quienes resisten a los armados y hacen comunidad, sino a los violentos". El punto de vista de González es compartido por otros expertos en el conflicto armado de Colombia.