Los levantamientos masivos en distintas localidades de Cuba los días 11 y 12 de julio de 2021 (conocidos mediáticamente como las protestas del 11J), fueron un parteaguas para la Isla.
Pocas semanas antes de que estallaran las protestas, la Policía Nacional Revolucionaria me esposó y me trasladó a una estación tras publicar una investigación sobre la tortura en Cuba. A propósito de aquella detención, 37 días antes del 11J, dije a la prensa que el régimen temía que "la libertad que se vive en el espacio digital salte al espacio físico".
Me refería al alcance que entre cubanos estaba teniendo el uso de redes sociales, y cómo había dinamizado movimientos sociales como el Mover Cívico Evangélico (MoCE), y lo haría luego con el 11J, cuya chispa inicial se dio tras una convocatoria en un grupo de Facebook. En ese espacio digital los cubanos hacían todo lo prohibido en el "físico": expresarse, asociarse, reunirse, organizarse al margen del Estado.
Otro elemento clave que tributó a la gran participación de jóvenes en las protestas fue uno referente a la exposición de contenidos. Decenas de miles de estudiantes de todas las edades llevaban meses estudiando en casa, con las escuelas estatales cerradas por la pandemia del Covid-19. Desconectados de esa fábrica adoctrinadora que es la red escolar socialista y, además, privados de sus relaciones sociales normales por restricciones de movilidad y reunión, los contenidos en redes ocuparon más y más su atención.
Para ese momento, en Facebook y X circulaban más contenidos distintos a la prédica socialista, especialmente libertarios y conservadores, que los férreamente atenazados medios e instituciones docentes cubanas.
Por ello, tras la represión brutal del 11J, las autoridades instauraron "observatorios sociales" para monitorear de cerca a estudiantes en sus escuelas. Sobre ese tema conversó conmigo un extrabajador del Ministerio de Educación (MINED) en un municipio de Artemisa, que vio de cerca el proceso de instauración de esa nueva herramienta de vigilancia.
¿Cómo sintetizarías lo que viviste dentro de la delegación local del MINED donde trabajaste?
"El gran hermano te vigila", esas palabras las leemos en el primer capítulo de la novela 1984, de George Orwell. En ella toda posible disidencia con los gobernantes es extremadamente vigilada y castigada con severidad. En 1984 los gobernantes llegaron a "controlar" hasta la historia de su sociedad.
Lo que Orwell imaginó como ficción distópica se materializa, no mediante cámaras en las paredes, sino a través del aparato educativo convertido en brazo vigilante y adoctrinador del Estado cubano.
¿Qué son los "observatorios sociales" y quiénes los conforman?
A raíz de las protestas del 11J nacieron en Cuba los "observatorios sociales". En cada Dirección de Educación municipal e institución educativa con conexión a internet fue instaurado un observatorio social.
En las direcciones de Educación los observatorios están integrados por el director y el subdirector, asesores de comunicación y tecnología educativa, metodólogos de Historia, y los jefes de los distintos niveles educativos.
En las instituciones los componen un activista de comunicación, el informático, el asesor de Historia, docentes y estudiantes de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM).
En el proceso de constitución de los observatorios en centros que pertenecen a la enseñanza media y media superior, las autoridades locales debían identificar a estudiantes que actuarían como "activistas revolucionarios" en el "combate" en redes sociales.
En la selección de estos estudiantes se dio la instrucción de hacer énfasis en aquellos que cursarán u optarán por estudios de formación pedagógica.
A los observatorios de las direcciones de Educación se sumaron los cuadros con acceso a internet como "activistas revolucionarios". En lo que a ellos refiere, su "trabajo" en redes es un indicador a contemplar en evaluaciones periódicas que sus superiores le realizan.
¿Cuál era el fin de estos "observatorios sociales"?
El propósito declarado de estos observatorios es el "combate en redes sociales y la implementación del trabajo político ideológico (del MINED)", según documentos a los que tuve acceso.
En la práctica, son los encargados no solo del "combate" en redes, sino también de monitorear las redes sociales de estudiantes y trabajadores del sector educativo dentro del país.
A cada municipio se le dio la instrucción de hacer un levantamiento de todos los estudiantes que tenían más de 500 seguidores en alguna de sus redes sociales. Sobre estos debían hacer énfasis en la vigilancia y el monitoreo.
¿Ocurrió algo en particular respecto a jóvenes que salieron a las calles durante las manifestaciones del 11J?
Sí. Después de los sucesos del 11J desde las más altas instancias del país se dio la orden de hacer un "trabajo diferenciado" con todos los estudiantes que habían participado de alguna manera en las protestas.
Pero no solo eso. También los observatorios debían monitorear a aquellos adolescentes y jóvenes cuyos padres participaron en las protestas.
Por supuesto, además se instruyó hacer un seguimiento digital a todos los que fueron identificados por los observatorios como perfiles que compartían contenido afín al 11J en sus redes sociales.
A cinco años del 11J, ¿aún están activos esos "observatorios sociales" del MINED?
Si bien los observatorios fueron implementados a raíz de las protestas del 11J, su propósito va mucho más allá.
El propósito a largo plazo es que se mantengan como grupos para identificar cualquier "desviación ideológica" posible, y defender la Revolución en redes, de una manera permanente.
Sabemos que esta clase de entidades tienen precedentes bajo el actual sistema…
Los "observatorios sociales" no son un caso aislado en el sistema educativo cubano. Responden a un interés de control y adoctrinamiento materializado desde 1961 con la nacionalización de la enseñanza. Por aquel entonces se eliminó la posibilidad de la educación privada en Cuba y se entregó al Estado el control total del sistema educativo.
En la Ley de Nacionalización de la Enseñanza el Estado reconocía su voluntad de eliminar toda posibilidad de que se propagaran ideas "contrarrevolucionarias" en colegios cubanos.
Decía: "Es evidente y notorio que en muchos centros educacionales, especialmente los operados por órdenes religiosas católicas, los directores y profesores han venido realizando una activa labor de propaganda contrarrevolucionaria con gran perjuicio de la formación intelectual, moral y política de los niños y adolescentes a cargo de los mismos".
Con la nacionalización de la enseñanza, la Revolución no solo destruyó y recreó a su imagen el sistema educativo, sino que eliminó cualquier espacio donde los padres pudieran elegir el tipo de educación que reciben sus hijos, un derecho fundamental recogido en Carta Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Y los "observatorios sociales" son una continuidad de esa estrategia de control social…
Sin dudas. Casi 70 años después, cuando las redes sociales de los estudiantes son vigiladas por "observatorios sociales", lo que vemos no es innovación autoritaria, sino el cumplimiento del diseño original: un Estado que desde la infancia adoctrina, vigila y controla, porque no concibe ciudadanos, sino súbditos.
La educación, en lugar de ser la herramienta para la libertad que soñó Martí, se convirtió en el instrumento para asegurar que nadie piense diferente. Y de vigilar a los atrevidos, ahora se encargan los "observatorios sociales".