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Represión

Represión en Cuba: cuando publicar en redes se convierte en delito

¿Cómo pueden los ciudadanos y la sociedad civil protegerse, responder y continuar denunciando los abusos del régimen?

Madrid
Ilustración.
Ilustración. ProBoxVe

Alexander Mario Fábregas (34) fue condenado en marzo de 2025 a siete años de prisión por hacer transmisiones en Facebook en las cuales pedía la liberación de presos políticos, defendía la desobediencia civil y llamaba a protestar. ¿El delito? "Propaganda contra el orden constitucional". Su historia no es una excepción. En los últimos cuatro años, más de 100 cubanos han sufrido algún tipo de represalia por alzar su voz en redes sociales. Al menos 42 acabaron en la cárcel, muchos de ellos condenados a penas de hasta 15 años y otros a la espera de juicio.

¿Qué pasa cuando publicar un video en redes se convierte en una amenaza para el régimen? Lo que empezó como control mediático ha evolucionado hacia una represión digital sistemática en la que leyes, vigilancia y campañas de propaganda estatal trabajan juntas para silenciar cualquier voz disidente, también en el espacio virtual.

Las cifras de la represión en redes

Desde el estallido social del 11 de julio de 2021, al menos 42 personas han sido encarceladas por publicaciones en redes sociales, según datos verificados por el equipo de DIARIO DE CUBA. Además, 43 recibieron multas, la mayoría bajo el Decreto-Ley 370, conocido como la "Ley Azote".

Estas sanciones no son menores. Una multa por "difundir información contraria al interés social" alcanza los 3.000 CUP, monto que equivale en el mercado informal actualmente a algo más de seis dólares (al cambio oficial son 125 dólares) y representa el salario mensual de un trabajador. Además, las personas sancionadas suelen perder sus dispositivos electrónicos y son sometidas a vigilancia constante o amenazas a sus familiares.

Entre enero y agosto de 2025, ProBox identificó 13.938 menciones en redes sobre presos políticos, la mayoría en X (71,9%), seguidas por Facebook (15,9%), Instagram (8,8%) y TikTok (3,4%). Los términos más repetidos fueron "prisión", "libertad para", "presos políticos" y etiquetas como #AbajoLaDictadura y #PresosDeCastro.

Aunque en Cuba cada vez es más riesgoso opinar, protestar o hablar de presos políticos en internet, la censura no ha logrado silenciar la denuncia. Casos como el de Alexander Fábregas y muchos otros, aún logran visibilidad en X y Facebook, donde usuarios exigen su liberación y denuncian sus condenas. Son expresiones ciudadanas que mantienen viva una conversación que el régimen pretende silenciar.

Redes sociales controladas: "baja" la protesta, sube la propaganda

Entre enero de 2021 y agosto de 2025, apenas se posicionaron 46 tendencias en X vinculadas con detenciones arbitrarias, destacando #LibertadParaLosPresosPolíticos (8 veces) y #SOSCuba (5 veces), que en conjunto sumaron unos 312.000 tuits. En contraste, el aparato oficial impulsó 1.788 tendencias y 33,5 millones de tweets, mientras que la conversación ciudadana apenas superó los 3,2 millones, en el mismo período; una diferencia de casi 10 a 1.

El volumen de la protesta resulta mínimo frente al despliegue oficialista: entre 2021 y 2025, la conversación sobre presos políticos representó apenas el 2,34% de las tendencias en X y el 1,22% de los tuits generados en el ecosistema cubano. Esta diferencia no se explica solo por la censura, sino por un sistema de propaganda digital estatal sofisticado que logra colocar la narrativa oficial muy por encima de las denuncias ciudadanas.

Además, se identificaron más de 50 medios de comunicación oficialistas activos en la promoción de las narrativas del régimen en redes durante este año, confirmando que el control del discurso digital en Cuba es total y planificado. Entre ellos se encuentran Radio Granma, Tele Turquino, La Jiribilla, ECV Nacional, Latido Izquierdo, La Demajagua, Prensa Cuba España, Radio Camagüey, Radio Habana Cuba, Radio Reloj, Radio Guamá, Radio Cubana, Canal Habana, Portal de la Radio Cubana en Internet y Radio Rebelde, entre otros.

A pesar del desequilibrio en cifras, el origen de la conversación marca una diferencia crucial. Según un estudio de ProBox, mientras el régimen utiliza centenares de cuentas coordinadas con respaldo oficial, el 85% de los mensajes alrededor de #SOSCuba en 2023 fueron auténticos, emitidos por usuarios reales.

Julio sigue siendo el mes de mayor activismo digital, especialmente por la conmemoración del 11J. En 2025, se registraron 14.285 menciones relacionadas con presos políticos y palabras como "prisión", "libertad para" y "presos políticos" dominaron la conversación sobre este tema.

#SOSCuba, en particular, ha funcionado como una etiqueta paraguas, posicionándose 22 veces y superando los 1,5 millones de tweets, al englobar diversas denuncias sociales más allá del tema político. Su alcance global y continuidad la han convertido en un símbolo de resistencia digital frente al autoritarismo.

El patrón de la represión digital en Cuba

El Estado cubano ha consolidado un sofisticado sistema de vigilancia y represión digital que abarca desde el monitoreo constante de los contenidos en redes sociales, que permite en muchos casos, el encarcelamiento de ciudadanos por sus publicaciones.

Amparado en la Constitución de 2019 y en decretos como el 370 y el 35, el régimen rastrea actividades en plataformas como Facebook, WhatsApp y X (Twitter), justificando su intervención en nombre de la "ética" y el "bien común". Esta vigilancia ha derivado en detenciones de usuarios que expresaron críticas al Gobierno, como Alexander Verdecia o Félix Daniel Pérez Ruiz.

Paralelamente, el aparato propagandístico despliega campañas de difamación y ciberacoso contra activistas y periodistas independientes. Programas televisivos como Con Filo o Hacemos Cuba, junto con cuentas falsas en redes, difunden información manipulada para desacreditar figuras opositoras como Yunior García, José Daniel Ferrer o Félix Navarro.

Las citaciones e interrogatorios sin respaldo legal son frecuentes; la Seguridad del Estado utiliza estas prácticas para intimidar, amenazando con despidos o represalias familiares. En casos más graves, se aplican delitos ambiguos como "desacato" o "propaganda enemiga" para justificar arrestos arbitrarios y casos "ejemplarizantes", como los de Sulmira Martínez Pérez o Luis Manuel Otero Alcántara.

El control se extiende al plano técnico: ETECSA, la única operadora del país, permite al gobierno censurar contenidos y bloquear el acceso a internet durante protestas, como ocurrió el 17 de marzo de 2024. Además, el Decreto-Ley 370 impone multas y confisca equipos a quienes difunden información considerada contraria al "interés social".

En conjunto, estas medidas configuran un ecosistema digital bajo control absoluto, donde la crítica se castiga, la autocensura y la represión se imponen y la conexión se convierte en un privilegio condicionado por la lealtad política.

Cooperación autoritaria: Cuba y sus aliados digitales

El modelo cubano de control digital no es un caso aislado. Regímenes autoritarios como los de Venezuela y Nicaragua han replicado estrategias de vigilancia, censura y descrédito de la disidencia en internet, convirtiendo las redes sociales en herramientas de control político.

En Venezuela, la Ley contra el Odio se utiliza para detener a personas por simples publicaciones en redes. Además, el régimen opera una amplia red de cuentas automatizadas y coordinadas, muchas vinculadas a aliados cubanos, que inundan las plataformas con propaganda oficial.

En Nicaragua, la Ley de Ciberdelitos de 2020 permite castigar cualquier contenido calificado de "falso" o "desestabilizador" por el oficialismo. Como en Cuba, críticos del gobierno son vigilados, citados o encarcelados, mientras que con medios estatales se refuerza la narrativa oficial y silencian las voces disidentes.

La colaboración entre estos regímenes también se manifiesta en la conversación digital. Entre enero de 2023 y julio de 2024, el 66,8% de los mensajes sociopolíticos difundidos en X (Twitter) desde Cuba provinieron de cuentas venezolanas, muchas asociadas a misiones médicas cubanas en ese país. En total, se registraron más de 29 millones de mensajes y 50 tendencias coordinadas entre ambos gobiernos. Un ejemplo simbólico fue en marzo de 2023, cuando la etiqueta #ChávezInfinito se convirtió en tendencia simultáneamente en Cuba y Venezuela.

Según datos de ProBox, desde 2020 el 60% de las tendencias impulsadas por el régimen cubano en redes provienen de 10 grupos estructurados, entre ellos De Zurda Team, una comunidad digital abiertamente alineada con los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Evidenciando cómo los regímenes de estos tres países no solo comparten métodos de censura, sino que forman parte de un ecosistema coordinado de propaganda en línea que busca sostener sus narrativas autoritarias y neutralizar la disidencia en toda la región.

¿Qué hacer? ¿Cómo protegerse y responder desde lo digital?

En un contexto donde las redes están vigiladas y cualquier palabra puede ser usada en tu contra, la autoprotección digital es una necesidad básica. Los especialistas cubanos en temas digitales, Norges Rodríguez, director de YucaByte, y Salvi Pascual, director de Tecnología de Cubadata, compartieron consejos prácticos para enfrentar la vigilancia y protegerse en entornos digitales hostiles.

  • Contraseñas seguras: ambos especialistas recomiendan contraseñas largas y únicas, actualizadas con frecuencia, y nunca depender de la autenticación facial o por huella, porque en una detención pueden obligar a desbloquear el teléfono.
  • Doble Factor de Autenticación (2FA): la mejor alternativa es la verificación en dos pasos (2FA) mediante aplicaciones generadoras de códigos, nunca por SMS, ya que las telecomunicaciones están bajo control del régimen. Rodríguez incluso sugiere imprimir los códigos de respaldo que dan servicios como Google, Facebook, X, y guardarlos en un lugar seguro.
  • Cifrado de archivos: es recomendable mantener la información encriptada. "Si los archivos están encriptados, no hay forma de accederlos, ni siquiera conectando un cable", explica Pascual. En el caso de periodistas y activistas, Rodríguez insiste en que este cuidado debe ser aún mayor.
  • Aplicaciones confiables: instalar únicamente programas desde tiendas oficiales (Play Store o App Store). Pascual recomienda evitar aplicaciones que permitan compartir pantalla o teclado, ya que pueden usarse para instalar keyloggers (registrador de teclas) o extraer información.

Para resistir narrativamente:

  • Usar el humor como protección y denuncia: la sátira, los memes y el doble sentido no solo hacen llegar el mensaje, también dificultan su criminalización directa.
  • Testimonios breves y personales: una historia sencilla puede ser más poderosa que una denuncia extensa. Relatos de la vida diaria, pequeñas injusticias o microhistorias conectan emocionalmente y son fáciles de compartir.
  • Visibilizar lo que quieren ocultar: recuperar fechas históricas, conmemorar hechos olvidados y nombrar a los silenciados es una forma de preservar la memoria y construir comunidad. Cada publicación puede ser un acto de resistencia simbólica.
  • Crear redes de apoyo y amplificación: no todas las personas pueden exponerse igual. Apoyarse entre cuentas amigas para compartir, replicar o difundir contenidos protege a quienes corren más riesgo. El trabajo en red es también una forma de cuidado mutuo.

La ciudadanía en Cuba ha entendido que la lucha digital no se trata solo de gritar más fuerte. Se trata de ser más creativos, más organizados y más visibles. En medio de un control férreo, los ciudadanos siguen encontrando formas de alzar la voz, demostrando que ni la vigilancia ni la censura pueden silenciar por completo el deseo universal de libertad y justicia.

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