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Represión

Multado por tomar agua en una cola: la historia de un joven cubano contada por él mismo

'Por estas cosas criticamos nuestro sistema policial como obtuso, cuadrado, abusivo, hiriente, carente de educación y de valores.'

La Habana
El estudiante universitario cubano Andy Jesús Estévez Hernández.
El estudiante universitario cubano Andy Jesús Estévez Hernández. A. J. Estévez Hernández/Facebook

Lo menos que se imaginó Andy Jesús Estévez Hernández era que iba a ser multado con 300 pesos por estar bebiendo agua en una cola para comprar alimentos en La Habana. Mucho menos que sería detenido, llevado a una estación de policía y que perdería la fila que había hecho durante ocho horas. Que, en resumen, había salido de su casa para ser maltratado, como cuenta en Facebook.

El caso de este joven cubano no es único. Historias similares van saliendo a la luz en las redes sociales: una Dama de Blanco fue multada por quitarse el nasobuco en una cola; un anciano fue multado por sentarse en la entrada de su casa; un joven fue multado porque llevaba el nasobuco mal puesto justo en la puerta de su vivienda.

Miguel Díaz-Canel pidió a la Policía "severidad" con quienes no cumplan las medidas impuestas por el régimen, y parece que las fuerzas del orden lo están cumpliendo. Este es el relato de lo que le ocurrió a Andy:

Después de 20 días en casa, ya era tiempo de salir a por suministros. Con miedo, dispuse el día para realizar la compra del mayor número de víveres, insumos y aseo, y así tratar de permanecer al menos 20 días más en el nivel cinco de la cuarentena (salidas solo con el objetivo de comprar los suministros necesarios).

Salí a las 8:00 AM a revisar las colas del barrio Colón, Centro Habana, en el que actualmente resido. Después de analizado el panorama, los cuatro miembros de la familia decidimos repartirnos estratégicamente las colas: uno para el detergente en el Mercado Tao, otro para el aceite en el Chantilly, uno para la carne en Galiano y Neptuno, y otro para el picadillo en la Casa del líquido, y regresar a casa lo más rápido posible y con todos lo recursos necesarios para al menos otros 20 días de cuarentena.

La cola

Yo, creando la matriz DAFO y realizando soluciones estratégicas, estudio de mercado y análisis de tiempo en mi cabeza, al mismo tiempo que estaba pendiente de la larga cola, me sentía realizado aplicando los conocimientos aprendidos de Ingeniería Industrial (carrera que curso actualmente en el ISPJAE).

Después de ocho horas de cola para obtener la codiciada pierna de cerdo que se ofertaba, me dispuse a apartarme de la cola en la esquina de la calle Concordia y Neptuno, y tomar algo de agua que me había traído mi abuela desde casa para no perder la cola.

El encontronazo con la Policía

En el momento exacto que retiro el pomo de mi boca, frena en seco abruptamente un carro, como si estuviésemos en una película de Rápidos y Furiosos. Era una patrulla policial, número 860. El chofer se baja…

Sin ninguna explicación, y de forma imperante y prepotente, me ordena que debo subirme a ella por incumplir las medidas sanitarias. Traté de dialogar y explicarle la situación, que llevaba ocho horas en dicha cola sin poder comer nada, y por una necesidad primaria estaba bebiendo agua.

Su respuesta fue aún peor, empujó a mi abuela y la apartó del medio gritándole fuertemente que ella podía pensar e ir a donde quisiera, que él no necesitaba explicaciones.

Aunque me hervía la sangre por dentro ante tanta ineptitud, ante tanta prepotencia, ante tanto maltrato, tanto abuso, jamás alcé la voz, solo acaté órdenes y monté en el carro.

La detención

Dicha patrulla trasladaba ya a dos ciudadanos de los cuales no conozco nada, y no comprendía cómo para el oficial yo incumplí la ley y él no lo hacía al ordenarme ocupar un espacio tan cerrado y reducido como el asiento de atrás de una patrulla policial. ¿Acaso es permisible el traslado de tres ciudadanos de ese modo? ¿Acaso esto no incumple las medidas de distanciamiento social?

En el trayecto traté nuevamente de dialogar con dicho oficial, que llevaba tejido en su uniforme el número 06216, su número de placa. Le explico nuevamente la situación: que yo era estudiante universitario, que jamás anteriormente había tenido ningún problema con la ley, que solo estaba allí para poder llevar la comida a casa. Nada de esto le importó, como tampoco importó que las personas de la cola denunciaran el hecho: “él solo estaba tomando agua”.

Como no importó maltratar física y verbalmente a una señora de 67 años que sobrevive al cáncer hace 21, y que, además, tuvo que a ir a la estación, convirtiéndose así en mayor la trayectoria y el tiempo de una persona mayor y enferma fuera de casa, sin mencionar el esfuerzo físico de ir corriendo hasta la unidad para saber qué le pasaría a su nieto.

Así se sacrificó también la cola que tantas horas estuve haciendo. ¿Cómo era posible que los oficiales que organizaban la cola no detectaron incidencias en mí y él sí, que solo pasaba?

En la estación policial de Zanja se me trató como un delincuente más. De nada valió mi educación, mi conducta y mis estudios. No fueron capaces de valorar la situación e incluso verificar mis antecedentes para comprobar que era una persona de bien. Allí escuché respuestas y comentarios del tipo: "Si tiene sed que hubiese regresado para su casa"; "los universitarios son los primeros delincuentes de este país".

¿Yo me pregunto que pensaran mis compañeros de grupo, los miles de estudiantes y graduados universitarios? ¿Qué pensaran los líderes de la Federación Estudiantil Universitaria de nuestro país?

La multa

El resultado final fue una multa de 300 pesos en moneda nacional, un maltrato físico, un maltrato verbal,  este último desde el primer momento de la detención hasta el momento que fui liberado, y la pérdida de la compra de alimentos para mi familia, y agregar así un día más de riesgo para salir a las calles.

Por estas cosas criticamos nuestro sistema policial como obtuso, cuadrado, abusivo, hiriente, carente de educación y de valores. Tal vez si cometí un delito; mi delito fue a simple vista ser un joven blanco, delgado, que disponía de la compañía de su abuela y resultaba una presa fácil de obtener.

Tal vez si hubiese sido un hombre corpulento y alto, que andaba con sus "socios", y en vez de tomar agua como hacía yo, se estaría fumando un cigarro como habían hoy cientos en las calles, esa patrulla jamás se hubiese detenido, ese oficial jamás hubiese bajado, y esto jamás hubiese pasado.

Después de 20 días en casa, ya era tiempo de salir a por suministros. Con miedo, dispuse el día para realizar la compra...

Publicada por Andy J. Estévez en Jueves, 23 de abril de 2020
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5 comentarios

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Profile picture for user pim-pam-pum

"los universitarios son los primeros delincuentes de este país".Seguro que se referían al cenicero en jefe.

¿Cómo se atreve a tomar agua en una cola de nunca terminar...? ¿Cómo hace cómplice de tamaña falta a su abuela? ¡Desconsiderado, hacer que una gloriosa patrulla de los hijos de puta vestido de azul tenga que frenar de carambola abruptamente para interrumpir su disfrute de un poco de agua...! ¡¡No hay conciencia en la población NI MADRE EN LOS ESBIRROS Y LOS QUE LO DIRIGEN!!

Jaja, si te paso a ti un muchacho blanco y delgado como dices, ahora dime tu a un moreno que todos los policías lo miran como delincuentes o futuro delincuentes. Y no importa si el policía es oriental o habanero, parece que quieres señalar esa diferencia en tu escritura. A todos los cubanos moreno lo llevan más recio que a ti que eres blanco y delgado. Te toco, estoy seguro de que ahora en adelante observara el que hacer de los policías con los otros que no son de la piel tuya.

Profile picture for user Man O' War

Hijos de la Gran Puta Revolución. El hombre nuevo cará. La quinta mejor policía del mundo. Abusadores y esbirros es lo que son.

pensé que ese tv aun funcionaba..., pero solo son brochazos en la pantalla