Las poetisas de Vilis son demasiado sensibles. Una de ellas, Priciliana Manduley, estuvo al borde del suicidio.
Priciliana, por la noche, se puso a leer a Plutarco.
Después de su lectura, salió hacia la nocturna calle. Ya en la calle una materia grasosa, blanca, y como rellena o disfrazada (sic).
En fin, que la materia podría estar como recubierta, por lo que, detrás de ella, podría haber un ejército.
Por lo que entonces Priciliana se dijo "Me rodea el olvido".
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—¡Qué de cosas suceden en Vilis! Soy bag boy en el supermercado, en el Publix, y el poeta Roberto Fernández Retamar me ha pedido el carrito con que le llevo los mandados a los clientes. "Te lo presto hasta los cuatro", le dije, mientras el carrito se convertía en ese móvil en que montan a los enfermos en los hospitales. Retamar salió mandado con él, pero ahí, no sé cómo, me iluminé. Me iluminé, por lo que supe que el Poeta no iba a regresar con el carro. Lo supe y me puse a gritar y a correr. Entonces Retamar, que me vio correr, y me oyó gritar, empujó el carrito todo lo que pudo, para no dármelo. Sin embargo, yo corrí más que él, así que le pude quitar el carro. Se lo quité y, entonces vi cómo Retamar regresaba a un patio donde tenía su auto. Es triste eso. Todos queríamos a Retamar, pero él no era amigo de nadie.
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Los IMPOTENTES ANÓNIMOS de Vilis está presidida por el coronel Manrique.
El coronel Manrique, en su primera sesión,dijo: "Soy un impotente". Pero esta, como otras tantas dichas por él, es una solemne mentira. En realidad, el coronel no es impotente, sino un perverso polimorfo.
IMPOTENTES ANÓNIMOS cuenta con una espléndida biblioteca, así también como una espléndida sala de conferencias. Por cierto, el próximo lunes la profesora Esperanza Altuzárraga pronunciará, en esa sala, la conferencia titulada "La impotencia ontológica en Julián del Casal".
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Vidriera de un supermercado, pintada por los niños de la Escuela Rubén Darío. En el medio, un corazón, florecitas a los lados. Unas letras verdes dicen: Thanks Publix. Son las navidades.
Lorenzo García Vega nació en Jagüey Grande, Matanzas, en 1926 y falleció en Miami, en 2012. Sus últimos libros publicados fueron Papeles sin ángel (2005), Cuerdas para Aleister (Tsé-Tsé, Buenos Aires, 2005), Devastación del Hotel San Luis (Mansalva, Buenos Aires, 2007), Son gotas del autismo visual (Mata-Mata, Ciudad Guatemala, 2010), Erogando trizas donde gotas de lo vario pinto (La Palma, Madrid, 2011). La editorial Renacimiento reeditó este año su libro de memorias El oficio de perder. Estos fragmentos pertenecen a Vilis (Colección Baralanube, Édition Deleatur, Angers, 1998), con dibujos de Ramón Alejandro.