La calle Línea, en El Vedado, no suele pensarse como una vía pródiga en monumentos y, sin embargo, tiene ocho, todos situados en el tramo de las letras. En su mayoría fueron dedicados a hombres de la historia política de la nación. Sobrevivientes milagrosos de la furia con que, después de 1959, se eliminaron no pocos personajes ilustres de las calles cubanas, los de Línea testifican la riqueza del pensamiento insular que existió durante las guerras de independencia y en los primeros años de la República.
De ninguno de ellos se habla en la escuela, a pesar de que algunos fueron intelectuales de renombre, abogaron por el desarrollo económico del país, lucharon en las tres las guerras, fueron desterrados, ocuparon altos cargos en las filas del ejército mambí y en el Gobierno republicano, etc. De ahí que, los monumentos de la calle Línea puedan articular una lectura más amplia sobre una etapa de grandes cambios y epopeyas.
Asociados al pensamiento político que condujo a opciones como el anexionismo, el reformismo y el independentismo, y consecuentemente a la guerra, están: Alejandro Rodríguez Velazco (en la Avenida Paseo), Rafael Montoro Valdés (calle I), Francisco de Frías y Jacott (calle K) y Enrique Collazo Tejada (calle N), quienes establecen además un puente perfecto entre los siglos XIX y XX.
El espirituano Alejandro Rodríguez Velazco (1852-1915), se incorporó a la Guerra de los Diez Años siendo un adolescente de 16, y en la Guerra Necesaria alcanzó el grado de general de división al frente del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, con jurisdicción en La Habana y Matanzas. Durante la transición hacia la República, integró la comisión designada por Máximo Gómez para negociar el licenciamiento del ejército mambí; en 1900 figuró como primer alcalde electo de La Habana; y como delegado a la Asamblea Constituyente aprobó la primera Carta Magna de la República. Asimismo, fue el primer jefe de la Guardia Rural, entre 1901 y 1909. En ese cargo reprimió a los liberales alzados en agosto de 1906 por la reelección de Tomás Estrada Palma.
Este general de filiación moderada y conservadora, tiene el monumento más destacado de la calle Línea, después del majestuoso conjunto a las víctimas del Maine (1925) que completa el otro extremo de la vía, en Malecón. Realizado por el escultor italiano Giovanni Nicolini e inaugurado en 1919, es la segunda de las cuatro estatuas ecuestres dedicadas en La Habana a generales de la Independencia —después de la de Antonio Maceo (1916), y seguida por las de Máximo Gómez (1919-1935) y Calixto García (1957).
Al ser concebida para la "Avenida de los Alcaldes" o Paseo, la de Rodríguez Velazco recuerda la función que menos desempeñó: electo en junio de 1900, en abril de 1901 renunció para ocupar la jefatura de la Policía. No obstante, su nominación como alcalde certifica la consideración que tuvo entre los habaneros por su trayectoria militar previa.
En la calle I está el discreto busto de bronce del habanero Rafael Montoro Valdés (1852-1933), realizado por el escultor Raimundo Ferrer. Montoro fue considerado el mayor ideólogo del Partido Liberal Autonomista, fundado en 1878. Creía que el progreso económico debía alcanzarse con la reforma de las instituciones coloniales y la descentralización administrativa, rechazando la insurrección armada. Sostenía que la sociedad cubana no se hallaba institucional ni culturalmente preparada para asumir una república soberana, por lo que una ruptura con la metrópoli derivaría en caos.
No obstante, una vez establecida la República, militó en el Partido Conservador y asumió varios cargos públicos: embajador en Gran Bretaña (1902-1911) y Alemania (1904-1910), secretario de la Presidencia (1913-1921) y secretario de Estado (1921-1922). Fue considerado uno de los grandes pensadores de la época, prolífico ensayista, crítico literario y educador; miembro desde su fundación de la Academia Nacional de Artes y Letras, y de la Academia de Historia de Cuba.
Por su parte, en la calle K está la escultura en mármol de cuerpo entero de Francisco de Frías y Jacott, IV Conde de Pozos Dulces (1809-1877), realizada por Domenico Boni en 1927. La obra lo recuerda como el gran promotor urbano de El Vedado, pues gran parte de los terrenos fueron de su propiedad. No obstante, también dejó una huella importante como fundador y director del periódico El Siglo (1863), desde donde abogó por una "democracia agraria" fundamentada en la diversificación de los cultivos, la reconversión tecnológica de la industria azucarera, el fomento de la inmigración blanca y la abolición gradual y con indemnización de la esclavitud; además de los libros publicados sobre estos temas. Fue miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Influenciado por su cuñado, el general Narciso López, se vinculó al anexionismo y participó en la Conspiración de Vuelta Abajo en 1852, por lo que fue encarcelado en el Castillo del Morro en 1853, y posteriormente condenado al destierro en España. Amnistiado en 1854, retornó y se afilió al reformismo de corte liberal junto a su segundo cuñado, José Antonio Saco. Al estallar la guerra se exilió en París, donde falleció en 1877.
En la calle N está el busto de bronce de otro general del Ejército Libertador, el santiaguero Enrique Collazo Tejada (1848-1921), inaugurado en 1951. Formado en España en la prestigiosa Escuela de Artillería de Segovia, al iniciar la guerra Collazo desertó y se trasladó a la Isla para incorporarse al ejército mambí. Entonces sirvió como ayudante de campo de Máximo Gómez y alcanzó el grado de comandante. Durante la Guerra Necesaria obtuvo el grado de general de brigada. Además de ello, se valora que su mayor aporte a Cuba está en su voluminosa bibliografía testimonial e historiográfica que constituye una fuente documental inapreciable sobre la guerra, la intervención estadounidense y los primeros gobiernos republicanos.
A diferencia de Frías, Collazo fue profundamente antianexionista. Y este es uno de los aspectos más interesantes: observar que todos estos monumentos comparten la misma calle, como mismo los hombres que referencian coexistieron y pensaron desde distintas posturas su país, y contribuyeron a él de diverso modo. En un próximo artículo seguiremos revisando el resto de monumentos situados en la calle Línea.
Yaneli Leal es la joya de esta página web.
Buen artículo! Me recuerda una de las alocuciones de Juán Pablo II cuando se refiere a la "diversidad" ponderándola tal como lo que representan las estátuas de la calle línea!
Muchas gracias a Yanely Leal por traer esta información e ideas a DDC. Personalmente, he aprendido sobre estas estatuas en la calle Línea, porque nunca me detuve a averiguar quénes eran estos cubanos. Muy acertadamente dice que "testifican la riqueza del pensamiento insular que existió durante las guerras de independencia y en los primeros años de la República". No solo muestran las diversas tendencias políticas en los inicios de la Cuba republicana, sino de hecho el respeto de las autoridades de turno hacia los méritos de esos hombres. En una sociedad hay siempre de todo, como en botica, solo que los autoritarismos tienden a suprimir las ideas que no convienen al que manda. Me preocupa el maniqueísmo cultivado en Cuba desde el 59. Y sí, como dice la autora, es un milagro que todavía estén en pie.