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Arquitectura

El Palacio Aldama, espejo de los cambios en Cuba (II)

Vandalizado en 1869 por los voluntarios españoles, ha vuelto a ser vandalizado ahora: la historia de un palacio actualmente en estado ruinoso.

Madrid
Patio del Palacio de Aldama, La Habana.
Patio del Palacio de Aldama, La Habana. Todo Cuba

El Palacio Aldama, joya de la arquitectura neoclásica cubana, fue construido por los propietarios de algunos ingenios azucareros dibujados por Eduardo Laplante en el siglo XIX. Sus grabados inmortalizan el auge de la principal industria cubana, así como la residencia habanera atestiguó la riqueza que de ella derivó.

En su diseño involucró múltiples materiales de lujo y el servicio de artistas vinculados a notables obras de la Isla. Su diseñador fue el ingeniero Manuel José Carrera, quien trabajó en el desarrollo de la red de ferrocarriles, autor de la Estación de Sabanillas, en Matanzas. Las pinturas murales eran de Joaquín Albe, pintor de los teatros Tacón y Principal, situado junto a la Alameda de Paula. Los lienzos que cubrían las paredes eran obra de grandes artistas del momento: Federico Guillermo Colson, Juan Bautista Le-Clair, Federico Miahle y Hércules Morelli, algunos de los cuales también dirigieron la Academia de Bellas Artes San Alejandro.

De ahí que fuera enorme el escándalo, la noche del 24 de enero de 1869, cuando armados entraron los voluntarios —después de atacar el Café del Louvre—, y se ensañaron con parte de la residencia.

Miguel Bravo, testigo de los sucesos así lo describió: "Destrozaron muebles, arañas y espejos; registraron los escaparates y prenderos, haciéndolos pedazos; diseminaron por todas partes las ropas y cuantos objetos de arte la casa contenía, para aprovechar los más valiosos; dispararon tiros en todas direcciones causando graves daños; rasgaron con las bayonetas cuadros de verdadero mérito; robaron no solo lo que les pareció de algún precio y fácil de transportar, sino hasta a los infelices criados que allí encontraron. A la criada inglesa 100 pesos; al portero 26. Al otro criado peninsular, el reloj y dos billetes de lotería. Otro reloj a un asiático. Por último, coronaron la obra apurando los vinos del Sr. Delmonte en estrepitosa y repugnante orgía".

Además, violaron a una joven criada, y solo se detuvieron cuando fuerzas del Gobierno los hicieron salir de allí. La familia salvó la vida porque estaba en otra residencia. Según este mismo testigo, era rumor que los voluntarios tenían "listas en que designaban las personas que debían ser asesinadas, y las casas que debían ser saqueadas en un momento determinado". De ahí que, tras el suceso, los Aldama, simpatizantes del bando cubano en la guerra, emigraran definitivamente a Estados Unidos.

Un año más tarde el Gobierno confiscó sus bienes, e instaló en el Palacio la Excelentísima Audiencia Pretorial, entre 1876 y 1889. Aunque tras el Pacto del Zanjón, la casa fue devuelta a los herederos, nunca más la habitaron.

En 1889, la vivienda de esta familia caída en desgracia por la guerra fue subastada y adquirida por Segundo Álvarez y Perfecto Fernández, quienes instalaron allí la fábrica de tabaco La Corona. Los espacios diáfanos y bien ventilados típicos de la arquitectura doméstica del siglo XIX, se adecuaban con facilidad a los requerimientos de producción y almacenamiento de esta industria sin humo. Eso viabilizó su refuncionalización industrial. De hecho, las nuevas fábricas de tabaco construidas en este periodo copiaron en esencia el modelo del palacio residencial decimonónico.

Así, la lujosa vivienda, gloria de la fortuna azucarera, vivió su metamorfosis como fábrica de tabaco. Al terminar la guerra, en 1898, sus propietarios españoles la vendieron a la compañía norteamericana The Havana Cigar and Tobacco Factories Limited. La venta guarda mucho de la asimilación temprana de las nuevas influencias y capitales que en lo adelante prevalecieron en el país.

La nueva compañía hizo reformas al inmueble. La más significativa fue la construcción de una segunda planta, en 1925. Este nivel hoy no se observa porque fue demolido entre 1968 y 1971, durante las obras de restauración dirigidas por el arquitecto Daniel Taboada, que buscaron recuperar la estructura original de la vivienda.

A 100 años de su construcción, el Palacio Aldama, entonces bastante deteriorado, fue puesto nuevamente en venta. El Gobierno cubano valoró su compra, pero la desestimó siguiendo el criterio de un arquitecto que dijo que "el palacio era una antigualla sin valor alguno y que se convertiría en polvo en cuanto se intentara reconstruir".

En 1945, fue adquirida por Paul González de Mendoza y Goicoechea, quien con una visión filantrópica y patrimonialista, invirtió importantes recursos en su restauración capital. Rehabilitado en 1946 por los reconocidos arquitectos José María Bens Arrate y Gustavo Botet, se convirtió en sede del Banco Hipotecario Mendoza y ofreció en alquiler varios espacios para oficinas y comercios.

Revalorizado por su impronta patrimonial, se alargó la vida útil de este exponente excepcional de la arquitectura colonial, al tiempo que se integró al esplendor del mundo financiero republicano. De este modo funcionó hasta el 13 de octubre de 1960, cuando fue nacionalizado y convertido en oficinas de instituciones estatales, una práctica extendida a numerosos inmuebles de valor artístico y arquitectónico que absorbió el Estado.

Primero, en la planta alta se situaron Cuba Metales y Cuba Tabaco, hasta que en 1965 el edificio fue cedido a la Academia de Ciencias de Cuba. Esta institución instaló allí algunas entidades subordinadas como el Instituto de Etnología y Folklore, en 1968; y el Instituto de Geología, en 1973. A partir de 1974, pasó a ser administrado por el actual Instituto de Historia de Cuba.

Desde entonces el Palacio Aldama ha sido repositorio de sus archivos y nodo de su actividad investigativa y divulgativa. A pesar del acento político de la institución, no se ha privilegiado el mantenimiento de su sede, lo que ha llevado al edificio a su actual estado ruinoso. La falta de recursos, supervisión y control han permitido que el deterioro y el vandalismo pongan en grave riesgo este inmueble de indiscutible valor patrimonial, y que tal vez no llegue a su 200 aniversario. Tristemente, de este modo el Palacio Aldama vuelve a ser claro reflejo de un contexto que, a través de él, muestra en esta ocasión su miseria material y humana.

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1 comentario

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¿Se pueden perder sus archivos? Esa alarma debiera comunicarse a la sede de la UNESCO en El Vedado, por supuesto que a París. ¿Por qué no le venden el edificio a alguna empresa hotelera extranjera?