Lamentablemente, tras varios días de dudas y tensiones al respecto, la directiva de Teatro El Portazo anunció el pasado viernes en sus redes que no podría presentar, como adelanto de su próximo estreno, el showcase de Kassandra, tal y como se había previsto.
Pedro Franco, fundador y director artístico del espectáculo, había convocado a sus seguidores para la presentación de estos fragmentos en el Club 23 de La Rampa habanera, donde el grupo ha estado ofreciendo funciones de otros de sus montajes desde hace algún tiempo. Diversas circunstancias y la falta del apoyo institucional, sin embargo, se opusieron a respaldar en esta ocasión la convocatoria de El Portazo, que según la promoción que el grupo matancero había ido distribuyendo, estaría de regreso a la capital durante este fin de semana. En el Instagram de El Portazo, el colectivo teatral colgó un comunicado oficial en el que puede leerse lo siguiente: "Tenemos la triste misión de comunicarles la suspensión de las funciones programadas para los días 10 y 11 de julio, de lo que sería el showcase de nuestro próximo estreno: Kassandra. Quienes siguen el trabajo de nuestro grupo pueden dar fe de la tenacidad con que defendemos nuestros objetivos y las arriesgadas estrategias de supervivencia y resiliencia para sostener nuestro empeño en medio de una crisis que nos roba el presente y compromete nuestro futuro".
En dicho comunicado se alude a la imposibilidad de "garantizar una fuente de energía eléctrica que sostenga nuestra intención de salir a la escena del Club 23 este fin de semana en medio de una ciudad totalmente apagada, sitiada". Efectivamente, la cartelera teatral en los meses más recientes, tras el colapso energético que se vive en la Isla, se ha visto seriamente afectada. Incluso espacios altamente protegidos, como el Teatro Nacional de Cuba, han debido suspender funciones por falta de fluido eléctrico, mientras que otras salas reciben al público que llega en medio de las carencias de transporte sin la garantía de poder ofrecer la representación anunciada, o culminándola a la luz de los teléfonos celulares de esos espectadores, algo que por desgracia se va haciendo cada vez más frecuente y que, por supuesto, termina dañando el concepto escénico de los espectáculos, agotando a los intérpretes, y generando una incomodidad que ya forma parte de la cotidianidad cubana, en detrimento de tantas cosas.
Kassandra es la versión con la cual Pedro Franco regresa a dirigir un espectáculo en El Portazo, grupo que fundó al amparo de la Asociación Hermanos Saíz de Matanzas, ciudad donde comenzó su acercamiento al teatro, antes de pasar a estudiar en la Escuela Nacional de Arte. El colectivo, creado en 2011, tuvo un primer momento basado en textos de autores de su generación (Yerandi Fleites, Abel González Melo, Yunior García), hasta que estrena en 2014 su primer espectáculo dentro del concepto de cabaret político: CCPC (Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative), en el que mezclaron gozosamente elementos de la comedia cubana, ecos del bufo, textos diversos, referentes culturales, históricos y teatrales, para dar una imagen de los anhelos de la juventud cubana en ese momento, a raíz del diálogo que activó la Administración Obama entre ambas naciones.
Ese montaje fue un éxito total, ganó el Premio de la Crítica y asentó una estética fresca y nada complaciente, de gran impacto en un público no solo juvenil, que se reconocía en esa suerte de burlesque político y aplaudió al grupo en varias ciudades del país.
El montaje tuvo su secuela: CCPC: la República Light, en 2019, donde asomaban los ecos de aquel breve idilio político, y el elenco en su mayoría era ya otro. La historia del grupo ha sido también la de su generación, marcada por éxodos, búsqueda de otros modos de sobrevivencia, y de resistencia. En su sede de Matanzas, ubicada en una esquina del Parque de la Libertad, en el local donde alguna vez estuvo el bar El Biscuit, El Portazo ha persistido en esta línea de trabajo, añadiendo otros títulos a su repertorio, como Todos los hombres son iguales, a partir de la obra de Yunior García, o Tango, creado por el actor Williams Quintana en colaboración con Irán Capote y María Laura Germán, durante el tiempo en el cual Pedro Franco se mantuvo en México, trabajando en diversos proyectos y aliado a la productora mexicana Ajedrez.
Su regreso a Cuba le permitió reencontrarse con el grupo, con sus nuevos actores y actrices, y replantearse piezas de su repertorio en diversas temporadas matanceras o en La Habana. Kassandra es el estreno que ahora, desde una revisión de todo lo conseguido durante 15 años, aspira a renovar los modelos de creación y trabajo de El Portazo.
Los espectáculos de El Portazo también han disfrutado la polémica que generan ante quienes no comparten la visión explosiva, colorida y de acento crítico que los caracterizan. Colorido, ironía, sarcasmo político, travestismo y rejuego cabaretero, textos agudos y cargados de intenciones que el público entiende y completa con su participación, son esenciales en su estética. Su entrada al teatro cubano marcó un necesario golpe de frescura, que se mueve peligrosamente a ratos entre la naturaleza participativa del teatro y el riesgo a la hora de manejar símbolos y referentes.
A ello se añade que el grupo, y su director fundador, han apelado a la búsqueda de fuentes de financiamiento, patrocinios y apoyos (eso que el cubano llama hoy "la luchita", concepto asumido por El Portazo) como parte de una dinámica de producción que la realidad va imponiendo también a la cultura, aunque la visión de este asunto por parte de las instituciones oficiales siga siendo por lo general conservadora, en particular en lo relacionado con el teatro, que sigue bajo el control del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, y no ha logrado flexibilizar su presencia como ha ido ocurriendo con otras expresiones, en la música o las artes plásticas o el audiovisual, por ejemplo.
La cancelación de este showcase vuelve a poner el trabajo de El Portazo en una zona complicada. Este año nos ha traído al menos dos acontecimientos que demuestran que esas estructuras de control tienen que ceder o establecer nuevos diálogos entre los teatristas y los funcionarios de la cultura. En febrero, Nelda Castillo anunció la ruptura de su grupo, El Ciervo Encantado, con el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, y abandonó su sede de Línea y 18 para entrar, junto a la actriz Mariela Brito, en otra fase de trabajo independiente. Fue el punto de quiebre tras una serie de desencuentros y suspensiones que habían sido parte de la trayectoria de El Ciervo Encantado, pionero en el trabajo de performance en el contexto teatral cubano. En marzo, cuando la directiva cubana del Instituto Internacional del Teatro anunció que otorgaría su premio a la obra de toda una vida a Nelda Castillo, no se pudo efectuar la actividad programada para ello, y el galardón se le entregó a la fundadora de El Ciervo Encantado en su propia casa.
A esos tropiezos se une ahora este hecho, motivado por las carencias mencionadas, pero que también alude a problemas de comunicación y gestión, un reclamo que varios teatristas ya vienen haciendo, en un contexto donde las economías y las prioridades no siempre respaldan el quehacer de colectivos que mantienen no solo un trabajo de calidad, sino además un empeño de tono crítico respecto a los cambios bruscos y demandas impostergables de la sociedad cubana.
No se ve con buenos ojos la labor de marketing y gestión que algunos colectivos intentan hacer fuera de los marcos oficiales ya insuficientes para producir, gestar y presentar resultados culturales, menos si esas alianzas procuran otras relaciones económicas y de beneficios mutuos que pasan por filtros aprobados, aunque esos mecanismos sí operen ya en otro tipo de negociaciones y acuerdos que van ganando terreno en el día a día de los cubanos, para bien o para mal. Y que se agrava teniendo en cuenta que numerosas sedes teatrales —no solo de la capital— permanecen cerradas por la falta de recursos que son imprescindibles para sus restauraciones y vida activa, como ha sucedido con el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, el Teatro Nacional de Guiñol o el Teatro Mella, por solo mencionar tres importantes espacios de acción teatral.
En Kassandra, Pedro Franco moviliza los recursos de su poética para ir hacia un texto ya probado, incluso visto ya en Cuba desde otras perspectivas y grupos. Lo que propone es una aproximación paródica al texto del uruguayo Sergio Blanco, como una mezcla de idiomas y lenguajes que retoma la esencia del mito griego para discutirlo en términos de política teatral. Al elenco actual del grupo se ha unido Yordanka Ariosa, una de las mejores actrices del momento, y eso añade al espectáculo un grado más de expectativa. Reconocida por su trabajo con Teatro de La Luna, en cine (El rey de La Habana y Boccaccerías habaneras) y televisión, ganó la Concha de Plata a Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián por su desempeño en el filme a partir de la novela de Pedro Juan Gutiérrez.
Previo al estreno de Kassandra, ya Ariosa ha aparecido en varias presentaciones de El Portazo, afinando su trabajo en la línea del colectivo. Con ellos presentó escenas de Todos los hombres son iguales en Estudio 50, el espacio nocturno habanero, en función auspiciada por Nórdika, una de las entidades que se había aliado a Teatro El Portazo para este showcase que acaba de ser suspendido.
En medio de tantas dificultades, El Portazo persiste en seguir trabajando. Es la voluntad que mantiene en acción a varios grupos cubanos, lidiando con la incomodidad de una realidad llena de carencias pero también con las mentalidades que frenan la búsqueda de recursos y posibilidades para asegurar al menos la sobrevivencia de un discurso artístico que pueda ser, a la vez, atractivo, honesto y retador.
En su comunicado oficial, el grupo insiste en que Kassandra llegará a su estreno pese a todo, previsto para septiembre, como celebración de sus 15 años. En este contexto, me dice su director que "hay muchísimas Kassandras que necesitan ser visibilizadas, cuyas voces necesitan ser escuchadas, aunque como el mito mismo plantea, no sean creídas".
Espero que así suceda, aunque hoy cierre este artículo citando las últimas palabras del comunicado oficial de El Portazo: "Kassandra verá la luz en La Habana, de eso no quepa duda, aunque nadie lo crea: She can see the future. Será luminoso. Hoy no es ese día".