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Arquitectura

Varadero, la ciudad balneario más visitada pero menos conocida de Cuba

'Lamentablemente, muchas veces se pasa por alto el patrimonio cultural y arquitectónico asociado a Varadero'.

Madrid
Parque de las 8.000 Taquillas, Varadero.
Parque de las 8.000 Taquillas, Varadero. Mindtrip

Varadero, la gran playa de Cuba, es mucho más que eso. Varadero es también ciudad, un espacio habitado desde el siglo XIX, testigo cultural de la apropiación del territorio para el disfrute del mar. De espacio natural con altos valores paisajísticos pasó a ser ciudad balneario, y en el camino quedó la huella de los distintos modelos que marcaron la práctica constructiva, y la obra de notables arquitectos cubanos. Sería justo valorarlo entonces desde la conjunción de lo natural y lo construido, como un paisaje cultural singular trazado para el disfrute de la naturaleza, carácter que ha mantenido desde sus orígenes hasta hoy.

Lamentablemente, muchas veces se pasa por alto el patrimonio cultural y arquitectónico asociado a Varadero. Esto limita la capacidad de disfrutarlo como un conjunto histórico con valores naturales y artísticos, y favorecer acciones para la preservación y divulgación de su patrimonio. Esta postura ha permitido, además, la inserción de un número notable de hoteles que irrumpen en el paisaje, negando la tradición y formas constructivas locales, descaracterizándolo y acercándolo visualmente a cualquier otro espacio turístico costero del mundo contemporáneo. Continuar arrastrando ese error, pone en riesgo el conjunto histórico que lo hace único, y que merecería un más adecuado reconocimiento, estudio y protección patrimonial, que conduzcan a su preservación.

Se ha documentado que el núcleo fundacional de Varadero, situado entre las calles 36 y 39, inició hacia la década de 1840 con la construcción de las primeras casas de veraneo. Según el arquitecto Ramón F. Recondo, este fue el "primer balneario cubano donde se practicó el baño al aire libre".

Constituida la Sociedad de Recreo Varadero Sport Club, se gestionó la aprobación del primer trazado y la fundación oficial del pueblo, en 1887. El plan urbano estuvo a cargo del arquitecto municipal de Cárdenas, José López Martínez, quien concibió una retícula regular con 40 manzanas rectangulares, divididas en 105 parcelas. Esta urbanización tenía su centro en la calle 1ra, y se extendía entre las calles 22 y 58. Fue ocupada con viviendas de madera sobre cimentación de cantería, en su mayoría de dos plantas con amplios portales frontales o perimetrales.

Guardaban gran relación con los diseños norteamericanos, aunque no fueron ejecutadas por constructores, sino por carpinteros de ribera de Cárdenas. Partiendo de manuales importados o de modelos copiados de la prensa, estos artífices lograron desplegar en ellas su destreza con la madera. Según el arquitecto Noriel Santamaría: "La mayoría de las construcciones [de madera] eran estéticamente impresionantes, mayormente porque economizar no era la consideración más importante en su construcción. El buen diseño es caro, pero tomemos en cuenta que todos los lotes con frente de playa y colindantes eran propiedad de cardenenses adinerados, y posteriormente fueron vendidos, muchos de estos, a personas acaudaladas de otras partes del país, o se fundaron sociedades de fomento de construcciones".

Actualmente, queda apenas una treintena, todas construidas en las primeras cuatro décadas del siglo XX. La única declarada Monumento Local y con el más alto grado de protección patrimonial es la residencia del ingeniero Leopoldo Abreu, hoy Museo Municipal. La invisibilización de los valores de este patrimonio vernáculo llevó a la demolición de joyas fundamentales de Varadero, como el Club Náutico (1915) y el Hotel Torres (1926), a pesar de los reclamos de los especialistas cubanos por su salvaguarda.

Las viviendas de madera han sido de las más afectadas por de la falta de mantenimiento periódico, en un entorno además agresivo por la cercanía del mar, y donde los ciclones han hecho estragos. Particularmente el de 1933, destruyó casi todas las edificaciones de madera del siglo anterior, y en cierta medida impulsó que se asumiera la mampostería de manera extendida.

La primera vivienda fabricada con este sistema fue el palacete ecléctico de dos plantas con pórtico monumental, del contratista norteamericano Richard Jonhson, entre 1918 y 1919. Otro hito temprano fue el chalet del empresario norteamericano Irénée du Pont, diseñado por la prestigiosa firma Govantes y Cabarrocas, entre 1929 y 1931. La Mansión Xanadú, se acompañaba de jardines y un campo de golf que ocupaban una extensión total de 21 hectáreas. Du Pont, fue propietario desde 1926, de gran parte de la península y, como tal, fue actor clave en su desarrollo urbano. El primer acueducto que dio servicio al pueblo (1928) fue de su propiedad, así como el sistema eléctrico (1926). En 1930, al acueducto le incorporó el Torreón de Dupont, un amago de fortaleza colonial que enmascara el tanque.

El período comprendido entre las décadas de 1930 y 1950 marcó el momento de mayor auge constructivo de Varadero, conectado desde 1911 con la carretera de Cárdenas, y luego con la de Matanzas (1949) y la Vía Blanca (1952) hacia La Habana. En esa época se construyó un número notable de edificaciones de alto estándar constructivo asociadas a los códigos del eclecticismo, del neocolonial y finalmente del racionalismo. Para 1952 en Varadero existían 17 hoteles, 30 centros nocturnos, 18 casas de huéspedes, 17 restaurantes y un aeropuerto, lo que lo consolidaba como un importante destino turístico del país.

Para los estilos ornamentales, Noriel Santamaría apunta la particularidad que tuvo en la localidad la preferencia por el labrado en piedra antes que el prefabricado: "Toda una gama de elementos decorativos, que en otros sitios del país se hacían en hormigón, en Cárdenas y Varadero se reproducían mediante el labrado de cantos previamente concertados: pedestales, cornisas, orlas, volutas, pretiles quebrados, contrafuertes con formas orgánicas o geométricas, etc."

De este momento quedan ejemplos valiosos como: el Kawama Beach Club (1931), del arquitecto Eugenio Silva; la Iglesia Santa Elvira (1938), de Emilio de Soto; y la sucursal The Trust Company of Cuba (1953), de Eugenio Batista. A este último, afiliado al Movimiento Moderno, le acompañan muchas viviendas y hoteles que desplegaron en Varadero una valiosa arquitectura racionalista, cuya impronta se extendió por dos décadas más con la construcción del Parque de las 8.000 Taquillas (1960), de Mario Girona; y la Casa de los Cosmonautas (1975), de Antonio Quintana, entre otros.

Actualmente quedan alrededor de 300 viviendas racionalistas en Varadero, que merecen ser revisadas con detenimiento y formar parte de un plan de rehabilitación que ponga en valor el patrimonio moderno local junto al tradicional. Obras notables se han perdido, como el Hotel Internacional (1949-50), de la firma Mira y Rosich; y el Residencial Yacht Club (1957), de Moenck y Quintana, conocido luego como Cabañas del Sol. Ambos representaban dos tipologías hoteleras que se imbricaban con armonía al paisaje playero con un atractivo diseño moderno. En total negación de sus valores, fueron demolidos entre 2014 y 2015, para ser sustituidos por la irruptora y anodina arquitectura hotelera foránea que coloniza como una plaga nuestro país.

Revisar Varadero desde su singularidad, es útil y necesario para extender su importancia y disfrute más allá del mar. 

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