Como vimos en un artículo anterior, con el atractivo de sus playas de agua dulce y salada, de su improvisada hostelería y espacios de juego y diversión, Marianao se convirtió en el siglo XIX en un importante destino turístico. Los enlaces viales y ferroviarios construidos por Salvador Samá fueron determinantes en su comunicación, en la popularidad de sus baños y en su progreso inmobiliario, llegando en 1878 a adquirir la categoría de municipio.
Como dato curioso, también fue marquesado, teniendo en cuenta que su principal benefactor recibió de la reina Isabel II el título de marqués de Marianao en 1860. Estos honores justifican por qué Marianao nombra un distrito en Cataluña, siendo una palabra que probablemente provenga de la voz aborigen Mayanabo. La razón es que el heredero nobiliario, Salvador Samá Torrens, hizo construir en Cataluña un palacio y un parque que dieron nombre a la localidad. Este parque y otro construido por él en Cambrils, están inspirados en la imagen paradisíaca caribeña. El parque Marianao y el parque Samá son en España un recuerdo del Marianao bucólico del siglo XIX, del edén conquistado por la saga familiar que querían ilustrar a sus congéneres, y que aún hoy continúan siendo muy aclamados.
Por otra parte, tras ocho marqueses, el título nobiliario se mantiene. En el siglo XIX, parte de la herencia de Salvador Samá financió en Marianao la construcción de la iglesia El Salvador del Mundo (1885), en 130 entre 45 y 49, nombrada así en su honor. Su casa de Los Pocitos, fue adquirida por Julio Hidalgo tras su muerte, y luego transformada en el Sanatorio Malberty. En 1950 se convirtió en la fábrica de tabaco José L. Piedra, función que mantiene hasta hoy con el nombre Héroes del Moncada.
Volviendo a las playas marianenses, mejor comunicadas por tren y carretera gracias a Samá, a partir de 1864 tuvieron nuevos baños, construidos al unísono que los de El Vedado, aunque estos últimos no tenían arena. Los baños de Marianao fueron conocidos por el nombre u origen de sus propietarios (Francisco Tuero —con diez casetas de madera—, Madiedo, de los Mallorquines y del Americano), y estaban situados principalmente en la enorme cala de la Avenida 146. Sobre ellos comentó Luis Bay Sevilla: "A pesar de su construcción primitiva y modesta, a estos baños concurría la mejor sociedad habanera de la época".
La popularidad alcanzada por esta zona de playa hizo que, en 1893, se creara la Sociedad de Fomento Playa de Marianao, fundamental en el futuro desarrollo urbanístico y progreso local. Asimismo, fue el lugar seleccionado para la construcción de la sede definitiva del primer club de yatismo, el Havana Yatch Club (1886). Este instaló su balneario en 1894, definido por una amplia construcción de madera, la más vistosa de la zona, muy reproducida en tarjetas postales antiguas. En 1925, fue reemplazada por el palacio ecléctico diseñado por el arquitecto Rafael Goyeneche, que hoy se observa clausurado junto a la glorieta de 5ta y 146.
Con la primera intervención norteamericana se construyó el cuartel Columbia, intermedio entre las poblaciones de Quemados y Playa, motivando la urbanización circundante y rellenando el terreno vacío entre las antiguas poblaciones. La paulatina instalación de industrias en el eje de 51 y en torno al río, así como la llegada de una población obrera, inmigrante, cambió el carácter del núcleo fundacional de Quemados, al tiempo que se dañaban las aguas del Quibú y Los Pocitos con múltiples fuentes contaminantes. De este modo, el litoral de Marianao quedó como el principal destino de baño hasta bien entrada la década de 1950 cuando, con el túnel de la bahía, se estableció un rápido enlace con las playas del este.
Durante la primera mitad del siglo XX, varios clubes deportivos y de recreo fueron ocupando el litoral marianense a ambos lados del núcleo original. Según la historiadora Hilda María Alonso, "los antiguos baños se convirtieron en aristocráticos clubes, los pequeños kioscos fueron demolidos, y los vecinos del caserío, cubanos y mallorquines, fueron expulsados a playas cercanas como Jaimanitas".
Desde los primeros años de la República, las playas de Marianao se beneficiaron con la construcción del tranvía (1903) y de los puentes de Asbert (1910) y Pote (1921). Los nuevos clubes deportivos y balnearios tenían en algunos casos una membresía selecta, otros fueron construidos para asociaciones profesionales, regionales y la población en general. Erigidos con distintos estilos arquitectónicos, eran instalaciones de gran confort que facilitaron el disfrute del mar así como la práctica de deportes náuticos como el yatismo y el remo.
También se convirtieron en espacios de fiestas, por lo que su historia ha quedado íntimamente relacionada con la de la música y el baile popular. Paralelamente, en las calles aledañas se establecieron pequeños negocios, timbiriches o puestos de fritas que funcionaban como especies de cabarets playeros. Según Cesar Beltrán, "allí sonaba lo estridente, lo más arrebatado, lo que de verdad hacía gozar". Alejo Carpentier le llamaba "música de fritas", subrayando el fuerte vínculo con el medio.
Siguiendo la línea de costa desde el inicio de Miramar, muchos nombres han quedado vinculados al pasado de Marianao como destino recreativo por excelencia: el Casino Deportivo, el Havana Esso Club, el Club de Profesionales, el Balneario Universitario, el Club Copacabana, el Club Comodoro, el Miramar Yatch Club, Cubanaleco, el Balneario Hijas de Galicia, el Balneario La Concha, el Coney Island Park, el Habana Yatch Club, el Círculo Militar y Naval, el Club Náutico y el Havana Biltmore Yacht and Country Club.
Contaba además Marianao con un famoso hipódromo (1915) y un cinódromo, construido en 1951 para carreras de galgos. Tenía los paradisíacos jardines de recreo de las cerveceras La Tropical (1904) y La Polar (1914), y el distinguido Country Club (1911), sin contar uno de los principales estadios de béisbol (La Tropical, 1929) y múltiples cabarets. De conjunto hacían del oeste habanero un destino de recreo variado y atractivo, tanto de día como de noche, donde podía disfrutarse de la playa y de las bondades de la naturaleza campestre.
Así lo inmortalizó Benny Moré en las primeras líneas de su canción "Marianao": "Marianao, qué bonito eres/ Tus lindas mujeres que dan el encanto de amar/ Del Wajay hasta El Almendares/ Hay bellos lugares que jamás podré olvidar/ Tus floridos y alegres repartos, sí/ En mis versos yo pudiera pintar/ Con tus parques y tus avenidas/ Con tus merenderos y tu boulevard/ Y el contraste de bellos palmares/ De cañaverales y un viejo Central".
Lamentablemente, después de 1959 todas estas instalaciones fueron nacionalizadas, los clubes convertidos en círculos sociales, algunos con entrada restringida a organismos estatales y al turismo internacional. Su explotación intensiva sin el mantenimiento periódico requerido, ha llevado a la ruina la mayoría de los inmuebles, muchos de los cuales se encuentran clausurados.
Marianao ha dejado de ser el destino predilecto de playa y ocio por el desgaste e inaccesibilidad de sus instalaciones, no porque hayan sido sustituidas por otras atracciones, dejando muy pocas alternativas de recreo a la sociedad habanera.
El patrimonio asociado a esta parte de la historia del antiguo municipio Marianao, fundamental en el entendimiento de su evolución y carácter, está en peligro. Todavía parte de la población recuerda el esplendor de sus balnearios, sin embargo, la historia de Los Pocitos se diluye en el olvido. Contaminadas las aguas, solo uno de ellos sigue siendo utilizado para el baño por los vecinos, aunque sin control sanitario. La fuente del manantial medicinal tiene el más alto grado de protección patrimonial, no obstante, está abandonada, rodeada de vegetación y a su lado se han construido tres viviendas.
El proyecto privado de desarrollo local Akokán es quien realiza acciones de sensibilización social y rescate del patrimonio local, desde la educación patrimonial y labores puntuales de mantenimiento con sus limitados recursos. Con ello intentan que el patrimonio cultural local aúne voluntades, fortalezca el sentido de pertenencia y genere mayor conciencia ciudadana y nuevas sinergias en la población. Muchos otros esfuerzos deberán sumarse para que Marianao vuelva a ser una ciudad que progresa y sus bondades sirvan a sus habitantes.
Gracias, Yaneli. Excelentes tus artículos.
Es un placer leer a Yaneli. !Cómo deja claro el crecimiento y desarrollo de una ciudad a partir de las iniciativas individuales, sin necesidad de las “precisas orientaciones del Partido”!
Muchas gracias a Yaneli por este artículo.
Mi familia fue de las "expulsadas" a Jaimanitas, y yo añadiría, a Santa Fe. Desde la carretera contrastaba ver al pasar el muy bien atendido césped del campo de golf del Biltmore contra el azul del mar, y después con los timbiriches de la entrada a las casetas públicas de Jaimanitas. No obstante, estas instalaciones nunca tuvieron el deterioro que las nacionalizaciones del collar de clubes de las playas de Marianao tuvieron después. Y dicho sea de paso, si el Havana Yacht Club, p. e., fue exclusivo y el Náutico o La Concha recibía a familias menos adineradas, las nacionalizaciones restringieron por sindicatos el acceso a esos "clubes sociales", y las mejores instalaciones pasaron a las instituciones élites del régimen. El común denominador para todas hoy es el abandono y la destrucción de salones, casetas y de cuanto bueno hubo en ellas.