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Arquitectura

Recuperando espacios: el templo ortodoxo griego de La Habana

La Sacra Catedral Ortodoxa San Nicolás de Myra es el primer templo construido después de 1959 y uno de los dos ejemplos de estilo neobizantino en La Habana.

Madrid
Interior de la Sacra Catedral Ortodoxa San Nicolás de Myra, La Habana.
Interior de la Sacra Catedral Ortodoxa San Nicolás de Myra, La Habana. Nómadas Ocasionales

La primera mitad del siglo XX fue una edad dorada para la arquitectura religiosa en Cuba. Entonces se construyeron muchos templos en pocos años y, a pesar de la preeminencia mantenida por la Iglesia Católica, destacó una nueva variedad de espacios de culto pertenecientes a distintas religiones. Ellos constituyen una evidencia de la heterogeneidad de inmigrantes radicados en la Isla y la consolidación de sus comunidades, quienes aportaron los recursos necesarios para la fabricación, decoración y funcionamiento de los inmuebles y su posterior mantenimiento.

Con el nuevo régimen político instaurado en 1959, no se construyó ningún templo nuevo. Al contrario, algunos se abandonaron y otros se deterioraron considerablemente, reflejando las secuelas de la crisis migratoria, la ruptura del Estado con la Iglesia y las profundas dificultades que enfrentaron las distintas religiones en su desarrollo durante esta etapa. Un ejemplo poco conocido es el de la Iglesia Ortodoxa Griega, autodisuelta en 1978.

Se ha reseñado que su comunidad, conformada por inmigrantes griegos, libaneses y sirios, y también algunos rusos y ucranianos, pudo establecer su primer templo en la década de 1940. Situado en la calle Loma esquina a 39, en Nuevo Vedado, se edificó con diseño moderno y estuvo consagrado a los santos Constantino y Elena. Desde hace décadas funciona como sede de la compañía de teatro Buendía, mientras varias familias ortodoxas han permanecido practicando su fe en La Habana, Pinar del Río, Villa Clara y Holguín.

En 1996, la Iglesia Ortodoxa Griega creó una oficina para atender a los fieles de Centroamérica y el Caribe, lo que permitió que en 1997 visitara la Isla el arzobispo a cargo. Con ello se lograron establecer las celebraciones litúrgicas en la sede de la Embajada de Grecia en La Habana, que hasta entonces se realizaban en capillas prestadas por la Iglesia Católica.

En 2002, esta comunidad religiosa bastante desconocida por la sociedad cubana actual, hizo historia con la construcción de un nuevo templo. El pequeño edificio situado en el centro histórico de La Habana es una obra sui géneris. En primer lugar, porque fue el primero en fabricarse después del triunfo revolucionario de 1959, y porque, salvo la capilla central del Cementerio de Colón, de estilo neobizantino, es la única obra en la ciudad que reproduce con fidelidad la estética de este estilo histórico.

Con el interés de establecer un vínculo con la historia habanera y con los primeros inmigrantes griegos que fundaron la comunidad ortodoxa cubana, el nuevo templo se dedicó a San Nicolás de Myra, patrono de los marinos y viajeros. Su construcción demoró dos años, y fue consagrada por el patriarca de Constantinopla el 25 de enero de 2004. Este es otro evento reseñable de la Sacra Catedral Ortodoxa habanera, pues motivó la primera visita del patriarca a América Latina.

La iglesia está situada en el Jardín María Teresa de Calcuta, al fondo del antiguo Convento de San Francisco de Asís. Es un inmueble pequeño pero fascinante, por su bien lograda estructura, que mucho recuerda la de Agios Eleftherios del siglo XII, construida en Atenas. A pesar de estar situada en un jardín, junto a un convento barroco, la Avenida del Puerto y la Aduana, establece una relación armoniosa con su entorno, apropiándose del espacio ajardinado.  

El terreno sobre el que se construyó era de muy mala calidad, pues siglos atrás había sido rellenado de manera poco homogénea, presentando zonas que oscilaban entre los dos y ocho metros de relleno sobre la roca caliza, y con el manto freático a dos metros de profundidad. En el siglo XIX, esto había provocado la pérdida de parte de la Iglesia de San Francisco. Por lo cual, y para no afectar la construcción barroca, para su cimentación se hicieron in situ 52 micropilotes de 15 centímetros de diámetro, entre cinco y 17 metros de profundidad, ubicados uniformemente bajo los muros perimetrales y las columnas interiores de la iglesia. También se colocó una manta impermeable sobre la cimentación para proteger de humedad el inmueble.

Las iglesias bizantinas se distinguen por el uso de piedra y ladrillo como materiales constructivos y decorativos. La cubana, enchapada en piedra Jaimanitas, ladrillo y tejas de barro, tiene en cambio sus muros de bloques de hormigón y las columnas interiores de hormigón armado. De ladrillos de barro aligerado se construyeron las bóvedas, la cúpula y las pechinas, siguiendo la técnica de bóvedas extremeñas que emplea un yeso de fraguado rápido, sin necesidad de acero de refuerzo ni cimbra de madera. Estas partes fueron realizadas por los alumnos de la Escuela Taller, ya que la obra civil estuvo a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Los técnicos principales fueron el arquitecto Jaime Rodríguez y el ingeniero civil Pedro Rodríguez.

Entre otros aspectos interesantes de la construcción está la cruz de bronce con piedras preciosas que corona la cúpula. Esta es la mayor pieza de bronce fundida de una vez en La Habana, y requirió la ampliación de los hornos del Instituto Superior de Arte. La puerta principal de la iglesia es una pieza antigua, así como el hermoso tímpano tallado en piedra, donado por la Oficina del Historiador, y que pertenecía a una iglesia española del siglo XV.

La abundante decoración interior de este bello templo estuvo a cargo de la Iglesia Ortodoxa Griega, quien trajo unos íconos con relieves de plata rescatados intactos de la guerra de Chipre. Cubren las paredes varios íconos, pinturas murales y mosaicos de hermosa factura que, junto a las lámparas de bronce, las sillas de madera, el magnífico iconostasio, los tronos, el lampadario, etc., completan un diseño interior que no deja indiferente a nadie. Varios de estos muebles emplearon maderas preciosas cubanas y fueron realizados por artesanos cubanos. Detrás de la iglesia se construyó también una fuente bautismal, rodeada por cinco grandes mosaicos que referencian el ritual por inmersión.

A la construcción de la Sacra Catedral Ortodoxa San Nicolás de Myra, le siguió la de la Catedral Ortodoxa Rusa Nuestra Señora de Kazán (2008) y la rehabilitación del inmueble de Oficios 13 para mezquita Abadallah (2015), abriendo la posibilidad de reconciliar la fe con la vida en la Cuba contemporánea, y dando visibilidad a varias comunidades religiosas también presentes en la sociedad junto a otras tradicionalmente más expandidas.

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1 comentario

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Y cada nueva Iglesia construida tiene su cuota de CHIVATOS del MININT asignados....