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Literatura

Feria del Libro de La Habana: todo tiempo pasado fue mejor

ˈNo hay papelˈ, repiten una y otra vez los directivos del Instituto Cubano del Libro, y así justifican la ausencia de novedades en un evento marcado por la política.

Córdoba
Ejemplares a la venta en la Feria del Libro de La Habana, ninguno de ellos es una novedad.
Ejemplares a la venta en la Feria del Libro de La Habana, ninguno de ellos es una novedad. Instituto Cubano del Libro/Facebook

La Feria Internacional del Libro de La Habana, como tantos eventos culturales en Cuba, como casi todos los elementos de la sociedad, es un ejemplo contundente de la frase popular "todo tiempo pasado fue mejor". El resquebrajamiento integral de la economía cubana ha obligado a que cada acción cultural lleve consigo el calificativo de "modesta", a no ser que el Gobierno quiera lavar su imagen a través de la magnificencia de determinado evento. Pero incluso esos que pretenden tener un halo grandilocuente terminan exhibiendo sus costuras, como el caso de la Feria del Libro.

"No hay papel", repiten una y otra vez los directivos del Instituto Cubano del Libro (ICL) y el Ministerio de Cultura, y así justifican la ausencia de novedades y la impresión nula, o muy esporádica, de revistas literarias como La Gaceta de Cuba, La Siempreviva, Unión, El Caimán Barbudo y otras. Ha languidecido, igualmente, la impresión de los libros galardonados con los premios literarios más importantes que se otorgan en Cuba, el Alejo Carpentier, el Nicolás Guillén y los Calendario. Sin embargo, las autoridades políticas de La Habana han anunciado la próxima publicación, fuera del marco de la feria, de 23 tomos de las Obras Escogidas de Fidel Castro. No hay papel para literatura, hay papel para propaganda.

En Cuba existió una poderosa industria del libro, con grandes complejos poligráficos, de origen soviético o alemán, pero que a día de hoy mantienen una deprimida capacidad de producción, marcada por la precariedad económica del país.

"Cuando piensas en la industria del libro en Cuba, dice a este diario el poeta y periodista Alex Fleites, tienes que pensar en el concepto de sinergia. Si una cosa no anda bien, la otra no puede andar bien y la otra no puede andar bien. Es como una rueda dentada que gira y si un diente se parte, pues todo lo demás va a entrar en crisis, y el diente partido es la economía".

Otro elemento para justificar la falta de novedades interesantes en la feria es lo relacionado a los derechos de autor. Todas las editoriales en Cuba son estatales y, si su capacidad para pagar los derechos de los escritores cubanos es insuficiente y plagada de atrasos, a nivel internacional es prácticamente nula. Dependen, entonces, de textos exentos de derechos o de aquellos cuyos autores, cercanos a la ideología gubernamental, se empeñen en publicar sus libros en Cuba.

Están, también, los casos de escritores de países pertenecientes al antiguo campo socialista, que, para libros escritos antes de su caída, se hicieron los ajustes de derechos correspondientes, siempre marcados por intereses políticos. Además, para el caso de los autores norteamericanos, las autoridades cubanas, debido al embargo y la Ley de Ajuste Cubano, no pagan royalties a las editoriales de Estados Unidos. El tema de los derechos de autor es, junto a la falta de papel, una de las causas principales de que haya disminuido, considerablemente, la diversidad de autores en las editoriales cubanas.

"Otro aspecto es el ideológico -dice Alex Fleites-, en Cuba se publican los libros que no afectan la política oficial o la concepción oficial de lo que debe ser la política. Por esa criba ideológica pasan autores que son de interés para el público en general, pero que no se publican. Estoy hablando de autores cubanos en el exilio, autores cubanos en Cuba y autores internacionales que quizás de alguna forma podrían donar sus derechos para que se publicaran en Cuba, pero el Gobierno no los publicaría porque los considera contrarios a las ideas de lo que fue la Revolución y lo que es el Gobierno cubano".

"Los libros cubanos son baratos, pero casi ninguno es nuevo"

Una vez hecho un recuento de varios de los temas que refuerzan la idea de que, respecto a la Feria del Libro de La Habana, todo tiempo pasado fue mejor, vale centrarse en la 32 edición del evento, inaugurada el 15 de febrero en su sede habitual de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y que tiene a Brasil como país invitado de honor.

Los precios de la Feria, al igual que la sociedad toda, son otra víctima de la Tarea Ordenamiento y la creciente inflación que se ha instalado en la Isla como algo cotidiano. Si bien los libros nacionales mantienen precios medianamente aceptables, e incluso algunos de ellos clasifican bajo el adjetivo de "baratos", la mayoría no son novedades y los libros extranjeros y los tantísimos elementos no literarios que abundan en la feria tienen precios fuera del alcance de la economía de buena parte de los cubanos.

"Todo está muy caro. Un minilibro 2.000 pesos, una bolita del mundo 5.000. Le dije a mi hijo que su presupuesto era de 500 pesos y, con cara de agobio, me dijo que con eso lo único que se podía comprar eran dos cajitas de presillas", dijo a DIARIO DE CUBA una madre que visitó la Feria y prefiere mantener el anonimato. Vale recordar, en este punto, que el salario mínimo en Cuba es de 2.100 pesos y que un euro ya supera los 300 pesos en el mercado informal.

"Los libros cubanos son baratos, pero casi ninguno es nuevo. Lo que más veo que compra la gente son papeles de colores para forrar libros. Hay un montón de libros de colorear, plumones, afiches, libretas, agendas, libros de mangas, pulsitos y mucha bisutería, pero todo muy caro", continuó.

En cuanto a los libros que se presentan durante la feria, que se cuelan entre las ofertas gastronómicas y extraliterarias, más nutridas que las culturales, hay varios que es atinado recalcar.

Abundan los libros de carácter eminentemente político y hay, por supuesto, más de uno dedicado a Fidel Castro. Algunas cuestiones teóricas y prácticas sobre el socialismo y el camino hacia el socialismo en Vietnam es uno de esos que clasifica como pura propaganda, al igual que Fidel y la industria editorial cubana; Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez; Hugo Chávez. El petróleo y la integración; Vivir sin tener precio. Presente y futuro de la Revolución cubana; Juan Almeida Bosque. Testimonios de un santiaguero; Inimigo. A guerra da CIA contra a juventude cubana, del agente cubano Raúl Capote, editado en portugués, y Segundo turno. El resurgimiento del ciclo progresista en América Latina y el Caribe, del politólogo (dice él) Atilio Borón, quien, además, ofrecerá otra de sus conferencias marcadas por la propaganda: "¿Se consolidará el orden pluricéntrico tras el ocaso del unipolarismo norteamericano?".

En el programa de la feria es importante destacar, también, la conferencia "Leer en español. El Instituto Cervantes como embajador de la lengua española en el mundo", del español Luis García Montero, director del Instituto Cervantes y uno de los poetas contemporáneos más importantes.

Ha llegado a La Habana, igualmente, el fiscal general de Venezuela Tarek William Saab, para presentar su libro Discursos al pie del hemiciclo. Hugo Chávez lo calificó como "El poeta de la revolución" y, a día de hoy, es una de las figuras más destacadas del chavismo, también una de las más controvertidas y pesan, sobre él, denuncias por violación de derechos humanos, desapariciones y manejos turbios de la Justicia.

Entre los libros de narrativa es oportuno resaltar que durante la feria se venderán los remanentes en los almacenes del ICL de Corazón, de Edmundo de Amicis, así como de 1984, de George Orwell, novela que estuvo proscrita en Cuba durante un largo periodo de tiempo y fue en 2016 cuando una editorial cubana la publicó por primera vez.

En cuanto a la narrativa cubana, en la feria se pueden encontrar ejemplares de varios autores contemporáneos que viven en Cuba y, aunque ninguno de ellos es una novedad, allí están El ojo de Eglus, de Elaine Vilar Madruga, El viaje circular, de Reynaldo Montero, Caballo con arzones, de Ahmel Echevarría y Niñas en la casa vieja, de Dazra Novak. Pero no podrán encontrar los lectores la literatura de Leonardo Padura, el escritor cubano más importante y popular de la actualidad, quien flota desde hace años en un limbo editorial dentro de la Isla, mientras sigue acumulando éxitos en el extranjero.

El título de uno de los libros del autor, publicado por Tusquets en 2020 y sin previsiones de ser publicado por alguna editorial cubana, es válido también para referirse a la Feria del Libro de La Habana, a la escena cultural y a la Isla toda. Polvo en el viento, la Feria es Como polvo en el viento, y se hace más fuerte la frase de una anciana que iba cada año hasta la Cabaña y ya no va: "tenemos que olvidarnos de lo que fuimos".

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