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Música

Pedro Luis Ferrer en La Habana después de siete años

Sus preocupaciones siguen siendo las mismas: el amor, las pérdidas, Cuba.

La Habana
El músico cubano Pedro Luis Ferrer durante su concierto en Bellas Artes.
El músico cubano Pedro Luis Ferrer durante su concierto en Bellas Artes. Diario de Cuba

En Cuba también escasea la belleza. Esa carencia vino a suplir el trovador Pedro Luis Ferrer Montes el martes y el miércoles en la pequeña sala de conciertos de Bellas Artes. Ella explica la cola que se arregló, dicen, desde las seis de la mañana del sábado para conseguir entradas y la indignación al saber que la mayoría habían sido acaparadas por invitados oficiales —lo cual condujo a la programación rápida de una segunda presentación, después del martes. Al final todo el que quiso pasar pudo hacerlo ambos días: la sala se abrió para que la gente copara las escaleras y los pasillos, lo que sucedió en ambas ocasiones.

Ferrer es un cantante concentrado en la estética desde hace mucho: sus rimas son cuidadas, su guitarra es virtuosa. Casi todo lo que dice no solo es inteligente, sino que suena como venido de un sabio que se ha dedicado a pensar mucho en esas cosas. Un ave muy rara, no solo en el contexto artístico cubano, sino en el presente.

A esa extrañeza lúcida hay que añadirle la diversidad de registros que maneja, desde el instrumento y desde la sensibilidad: lo mismo canta una canción llena de melancolía, que hace un chiste de relajo sobre los genitales de un hombre. Lo mismo produce un arpegio español muy lírico que una guaracha.  En ese contraste se estructuró el concierto. Ambos registros los lleva bien: el primero con el rigor de un poeta y el segundo con la sagacidad de tahúr.

Sus preocupaciones siguen siendo las mismas: el amor, las pérdidas, Cuba. Sobre éste último tema se proyecta con la soltura de quien ha defendido su voz. En general, Pedro Luis Ferrer, además de un artista es una personalidad que exhibe varios emblemas. Uno es la libertad. La gloria libertaria se la ganó desafiando al poder en los años 90, cuando sufrió la censura que conocemos todos.

A partir de entonces se ha movido también en el terreno de la expresión (y de la acción) como quien hace su voluntad, no exento de complejidades. Mientras la propaganda se escandaliza por la entrada o salida de artistas a Cuba, él —que según las últimas noticias lleva años en viviendo en Miami—, viene a Cuba porque querer "ir al mundo no ha de significar ser despojados de la geografía donde nacimos y nos educamos", explica. Una independencia que ocurre cuando se han conquistado los esenciales derechos.

Aquí, en La Habana, ninguna figura de su generación se atreve a tanto como él, que en la sala institucional recordó sus años de censura y volvió a tentar los límites, hábilmente: "El país tiene que ser un poquito como queremos todos; el país no puede ser como quiere un grupito de gente nada más", dijo provocando una larga ovación.

Sobre la Isla ha compuesto, quizás, el tema que mejor entiende la tragedia de su arraigo en el presente. La noche del miércoles se lo dedicó al escritor Jesús Díaz, fundador de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, a quien encontró en Alemania cuando lo atribulaba precisamente el conflicto de salir de aquí. "Si no me voy de Cuba", cuenta Ferrer, conmovió profundamente al escritor.

Terminó el concierto haciendo corear al público una divertida plegaria, dirigida por él con maneras de cura, en la que se oía: "Ellos hacen como si trabajaran y el Estado como si les pagara. Amén".

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