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Opinión

Día del Libro cubano (censurado)

'El colmo de un sistema autoritario es crear una institución dizque cultural para censurar a sus escritores.'

Miami
Stand de Cuba Democrática en la Feria del Libro de Buenos Aires, 2022.
Stand de Cuba Democrática en la Feria del Libro de Buenos Aires, 2022. infobae

El colmo de un sistema autoritario es crear una institución dizque cultural para censurar a sus escritores. Ayer se celebró el Día del Libro Cubano pues en 1959 la revolución de los mandamases de verdeolivo fundó la Imprenta Nacional y dio al escritor Alejo Carpentier la venia de iniciar el proyecto publicando Don Quijote de la Mancha, la célebre obra de Miguel de Cervantes.
 
Lo peor de aquel gesto editorial es que sentenciaba a las generaciones futuras de escritores a convertirnos en sepultureros, cuando no delatores, carceleros y repudiantes de nuestros propios colegas.
 
Su otra gesta fue la Campaña de Alfabetización. Nos enseñaron a leer… lo que les convenía.
 
Nací en 1971, doce años después de instaurada la dinastía de FC (nombre de un personaje innombrable) en el poder en Cuba. Soy de la generación a la que, pañoleta roja al cuello obligaron a llevarse la mano a la frente y jurar que quería ser como el argentino que ordenó fusilamientos en La Cabaña, y se llevó una pandilla de sus seguidores cubanos más ciegos por África y Latinoamérica para hacerles la guerra a gente que no conocían, pero odiaban sin miramientos.
 
Es decir, soy de la generación de los adoctrinados.
 

No fue hasta cumplidos los 25 años que supe que en Cuba hubo escritores encarcelados por escribir como pensaban o por intentar llevar adelante proyectos literarios fuera del látigo y el cepo revolucionario.
 
Los que en el mismo 1959 o años cercanos prefirieron guardar tintero papel y pluma antes que escribir bajo la censura, o revelarse de una vez, fueron los adelantados. Los que ya insertados en el entramado editorial, y avanzada la revolución cubana, un día se sacudieron, afrontaron el escarnio público, la cárcel o escogieron –y tuvieron la posibilidad- de marchar al exilio, también tienen mi respeto.
 
Mi ego de escritor incipiente no me permitió dar un portazo antes de empezar, yo sí publiqué en el enfermo y penetrado sistema editorial en Cuba. Lo que pasa es que más temprano que tarde un día hice como el telenovelesco personaje de Juan Calesero, "el que le levantó la mano a su amo".
 
Para los no enterados del "caso cubensis", publicar en el exterior, leer entre amigos, conocidos y delatores –en el sistema comunista siempre hay un delator— unos poemas contrarrevolucionarios, cofundar una revista literaria (Bifronte) y defender públicamente los derechos humanos puede llevarte a lo mismo que lo sufrido por José Martí, Juan Clemente Zenea o José María Heredia.
 
Mi generación es un ejemplo claro de esos sepultureros y desenterradores de escritores en que nos convirtieron en Cuba, hasta hoy.
 
Cuando muchos de nosotros recibimos los primeros actos de repudio, la esquiva pública de nuestros propios colegas o el escupitajo oficial, ya la poeta María Elena Cruz Varela había pasado por un calvario peor. El día en que pisé el primer calabozo, lo estaba haciendo simbólicamente sobre el mismo cemento frío que sufrieron por años los poetas Jorge Valls y Ángel Cuadra, entre muchos otros.
 
Nunca es tarde para intentar redimirnos y levantarle la mano a su amo.
 
En el exilio pude conocer y leer con toda pasión a los mismos Valls y Cuadra; trabajé y conversé horas y horas con Cruz Varela. He adquirido la revista que desde Texas hace la poeta Belkis Cuza Malé; desde París llega a cada tanto la actualización de un periódico digital que hace la novelista Zoé Valdés.
 
En Miami conocí a Raúl Rivero y Manuel Vázquez Portal, aquí volví a estrechar la mano del bueno de Jorge Olivera Castillo, que tras ser encarcelados en la Primavera Negra de Cuba de 2003, saltaron sobre el horror de las prisiones y continuaron sus obras literarias, cosa que no es menor mérito.
 
A los lectores cubanos dentro de la Isla hoy les van a hablar hasta por los codos del gesto de Carpentier al publicar a Cervantes, pero no sabrán que en Puerto Rico, Isabel Parera escribió uno de los testimonios más desgarradores que se pueda leer sobre sus (cinco) años de cárcel en Cuba.

Nada sabrán de la poeta cubana Amelia del Castillo, de 103 años de edad, al cumplir su centenario publicó el poemario "la orilla filosa de la ausencia" y que cofundó en Miami el Pen de Escritores Cubanos en el Exilio junto al mismo Cuadra y otros de sus colegas hace 25 años.
 
Reinaldo Bragado y Néstor Díaz de Villegas pasaron por la cárcel en Cuba, pero no dejaron allí ni sus prosas ni sus poemas, al contrario, retomaron fuerzas y al llegar al exilio se reinventaron y luego buscaron todas las vías para devolver sus obras a los sedientos lectores allá adentro y en cualquier rincón del mundo.
 
Desde un entramado que nace enfermo y con ínfulas de adoctrinar a creadores y lectores, hay muchos escritores que han seguido siendo libres y expresándose a expensas de cualquier castigo. Esos tienen mi admiración.

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2 comentarios

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Profile picture for user Pedro M.

La dictadura castrista censura libros en Cuba y la dictadura de DeSantis censura libros en la Florida, no hay diferencia.

Recuerdo cuando le astillaron los espejuelos a María Elena Cruz Varela y le llevé a la casa de su mamá en el Diezmero, donde se había refugiado un par de leer. Allí conversamos del documento que la UNEAC circulaba contra la protesta de junio, presionando a sus miembros a que firmaran aquella asquerosa genuflexión... Nada que celebrar hoy dentro del caldero castro-comunista, salvo a los disidentes. Muy bien por Luis Felipe.