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Sociedad

Salir y volver: la movilidad como escape y estrategia de supervivencia en Cuba

Para el opositor Cuesta Morúa, la prioridad expresada por los consultados en la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA expresa la desconfianza en un sistema que impide prosperar y exige aplazar el bienestar.

Madrid
Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana.
Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. Diario de Cuba

"Me reparto la vida entre los dos lugares. Hago un dinerito trabajando seis meses en la construcción y vuelvo con mis niñas y mi esposa". Amílcar, que obtuvo la nacionalidad española, no concibe una despedida definitiva de Cuba. Usa el pasaporte del país europeo como instrumento para sostener a su familia sin renunciar a un futuro en la Isla.

"En Cuba tengo a toda mi familia, también a mis viejos, y tengo la esperanza de que cuando esto cambie pueda montar mi propia constructora, y vivir y ganar allí lo que tengo que buscar fuera", cuenta.

Su aspiración encuentra un reflejo en la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, realizada por Cubadata entre el 22 de julio y el 10 de agosto de 2026, con 1.551 participantes. El 36% señaló la posibilidad de salir y regresar, sin tener que elegir definitivamente entre Cuba y el extranjero, como la condición más importante para creer en un cambio. La opción quedó por delante de la mejora de los servicios y los salarios, elegida por el 25,1%, y de la participación en las decisiones (16,5%).

Para Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, el resultado tiene un "altísimo significado político". En declaraciones a DIARIO DE CUBA, interpretó esa prioridad como una expresión del agotamiento de quienes ya no quieren aplazar su bienestar a la espera de una transformación interna.

"Las condiciones políticas inmediatas en el país impiden la prosperidad", sostuvo. Desde su perspectiva, buscar oportunidades fuera revela tanto la necesidad económica como la desconfianza en que el sistema pueda ofrecer una salida en un plazo aceptable.

El opositor también encuentra una lectura política en los destinos elegidos por los emigrantes cubanos, aunque estos no están reflejados en la encuesta de DIARIO DE CUBA. Según su análisis, la búsqueda de prosperidad conduce hacia países donde existen libertades que faltan en la Isla: "Hay que mirarlo también en ese sentido, hacia dónde se dirigen".

Cuando una salida temporal se convierte en emigración

Jaime salió de Cuba para estudiar un máster en Madrid. Pensaba regresar y abrirse camino en el ámbito universitario, pero su proyecto quedó atrapado entre los trámites migratorios y la falta de dinero.

"Pensé que estudiar el máster me abriría las puertas en la universidad, pero no fue así. Estuve seis años actualizando cada dos la tarjeta de residencia estudiantil en España. Cuando tenía en orden la documentación, no tenía el dinero para el pasaje, y cuando tenía el dinero, la documentación a punto de caducar me hacía dudar", relata.

La separación terminó modificando sus planes. "Así fue pasando el tiempo y decidí quedarme, ponerme a hacer otras cosas que no fueran estudiar para salir adelante".

Cuesta Morúa advierte que buscar oportunidades fuera también tiene costes personales y sociales. "Emigrar no es definitivamente la solución", afirma. "Genera mucho desasosiego, bastante anomia social". Para el opositor, que los encuestados incluyan el regreso entre sus aspiraciones refuerza la necesidad de construir condiciones de bienestar dentro de Cuba.

Entre querer regresar y poder hacerlo se interpusieron obstáculos que Amílcar, con nacionalidad española y trabajo fuera, ha conseguido sortear. No todos disponen de documentos, ingresos y estabilidad laboral suficientes para organizar una vida entre dos países.

La encuesta también recoge una distancia entre las expectativas y los preparativos: el 52,9% identificó la emigración como la estrategia personal más realista frente a su situación. El 35,1% dijo haber pensado en marcharse y el 28,1% manifestó su intención de hacerlo, pero solo el 6,9% estaba preparando documentos, recursos o una ruta de salida.

Viajar no para irse, sino para quedarse

Para Amarilis, viajar es precisamente lo que le permite seguir viviendo en Cuba. Durante años fue a Panamá y Venezuela y, posteriormente, a México para comprar ropa, calzado, artículos de aseo y otros productos que revende al regresar.

"No viajo por placer ni estoy explorando el asentamiento en otro país. Esto es un trabajo con el que lo menos que pienso es hacerme rica, pero me ha dado hasta ahora para vivir sin demasiadas preocupaciones en Cuba", explica.

Su actividad, como la de otras personas conocidas popularmente como "mulas", depende de que los ingresos compensen los gastos del viaje y de las mercancías. "A veces incluso hay pérdidas", advierte.

Ahora ha detenido temporalmente los desplazamientos por las dificultades para conseguir pasajes. La interrupción afecta también a quienes le encargaban productos.

"Se quejan de lo caras que están las cosas en las mipymes y el mercado negro. Están perdiendo ellos y yo, pero he tenido que parar de momento", lamenta.

En su caso, la posibilidad de salir y entrar no representa una promesa de bienestar futuro: es una herramienta de trabajo. Sin ella, pierde ingresos y sus clientes, una vía de abastecimiento.

Regresar para cuidar, volver para vivir

Yasmany regresó a Cuba por una urgencia que no podía resolver con una transferencia de dinero: cuidar a su padre enfermo. Había trabajado en Roma y conseguido ahorrar. Ahora intenta mantener el vínculo laboral a distancia, entre las dificultades de conexión y comunicación en la Isla.

"Tuve que empezar de cero en Italia y logré unos ahorros que ahora se me están yendo, pero el viejo no tiene a nadie más y necesita cuidados", cuenta.

Este hombre de 48 años quiere volver a Italia cuando termine su "misión" familiar. Mientras tanto, el regreso consume los recursos acumulados fuera. "Está siendo muy duro con la situación como está", dice.

Pupi ha organizado su retorno de otra manera. Después de vivir y trabajar en España, decidió instalarse de nuevo en Cuba. Según cuenta, se sostiene con una pensión española y viaja ocasionalmente a Madrid, donde residen su hermano, sus hijas y sus nietos.

"He vuelto a Cuba, aquí salgo adelante con la pensión española, no necesito lujos, pago para que me ayuden y no me falta comida", explica.

En ambos casos, volver no borra los vínculos con el extranjero. Pero las condiciones son distintas.

El 17,3% de los encuestados por DIARIO DE CUBA se imaginó viviendo dentro de cinco años entre Cuba y otro país. El dato no permite establecer sus motivos ni cuántos aspiran a una residencia formal en ambos lugares, pero recoge una expectativa que desborda la disyuntiva entre quedarse y emigrar definitivamente.

El desafío político de una vida entre dos países

Cuesta Morúa considera que las prioridades expresadas en la encuesta no deben leerse como compartimentos separados. La movilidad, los salarios y la participación remiten, en su interpretación, a un mismo problema: qué posibilidades tienen los ciudadanos de mejorar su vida y decidir sobre las condiciones en que viven.

Por eso rechaza restar importancia al 16,5% que eligió participar en las decisiones como señal de un cambio creíble. A su juicio, corresponde a la oposición explicar la relación entre bienestar y libertades políticas, y poner una pregunta en el centro del debate: "¿Cuál es el lugar de la ciudadanía en el proceso?".

Su respuesta a quienes buscan oportunidades fuera, pero quieren conservar un vínculo con Cuba, pasa por la "transnacionalidad": que los residentes en el exterior puedan contribuir al bienestar dentro de la Isla y participar en su transformación, no solo enviar recursos.

"Los cubanos donde quiera que estén pueden contribuir directa, vigorosa y poderosamente a ese proceso", afirma.

El horizonte que plantea es "que la gente no tenga que abandonar la nación para ser próspera". Mientras esa posibilidad no se materializa, Amílcar sigue buscando fuera los ingresos que necesita dentro. Su proyecto de una constructora en Cuba permanece pendiente de la misma condición con la que describe su futuro: "cuando esto cambie".

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