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Encuestas DDC

Los cubanos imaginan vivir en otro país, pero no consiguen convertir ese deseo en un camino

El 52,9% de los participantes en la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, elaborada por Cubadata, elige emigrar como su estrategia más realista: el deseo de abandonar la Isla es extendido, pero la capacidad de hacerlo, limitada.

Madrid
Datos de la cuarta encuesta de DDC aplicada por Cubadata. De fondo, el aeropuerto de La Habana.
Datos de la cuarta encuesta de DDC aplicada por Cubadata. De fondo, el aeropuerto de La Habana. Diario de Cuba

La emigración ocupa una posición central en el imaginario de futuro de quienes respondieron a la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, elaborada por Cubadata. Pero los datos no describen a un país que esté simplemente "yéndose"; describen un futuro contenido, en el que la salida se piensa, se imagina y se valora, pero para la mayoría no se transforma todavía en una posibilidad operativa.

En el estudio Situación actual, proyecto de vida y agencia, en el que participaron 1.551 personas entre el 22 de julio y el 10 de agosto de 2026, el 52,9% eligió "irse del país" como la estrategia personal más realista frente a su situación. La siguiente respuesta más frecuente fue combinar varias opciones, con el 19,2%, seguida de adaptarse y resolver el día a día, con el 17,8%.

La ventaja de la salida frente a las otras alternativas muestra su peso en las posibilidades imaginadas por los participantes, pero todavía no dice cuántos están dando pasos para marcharse: esa distancia aparece al examinar las etapas de preparación.

Así, el 35,1% dijo haber pensado en emigrar; otro 28,1% expresó intención de hacerlo; el 15,6% buscaba información o posibilidades, sin embargo solo el 6,9% declaró preparar documentos, recursos o una ruta, y el 3% informó que ya había intentado salir.

En total, el 88,7% de quienes respondieron la pregunta se ubicó en alguna etapa distinta, pero la mayoría permanece en el territorio de la idea, la intención o la búsqueda. La encuesta no pregunta por dinero, visados, redes familiares, documentación ni oportunidades de destino, por lo que no establece qué frena el tránsito entre una etapa y otra. Pero los resultados sí hacen visible una brecha: imaginar la salida dista mucho de preparar la posibilidad real de irse.

La diferencia importa porque impide interpretar la emigración como una decisión uniforme. Hay quienes apenas contemplan la idea, quienes la han convertido en intención y quienes ya han iniciado gestiones. Cada posición contiene un grado distinto de posibilidad, incertidumbre y riesgo. Reducirlas a una sola categoría de "deseo de emigrar" ocultaría precisamente lo que el estudio permite ver: la fragmentación de los proyectos de movilidad, señala el informe realizado por el experto en análisis estadístico Arístides A. Vara-Horna.


[ACCEDE AQUÍ A LOS RESULTADOS COMPLETOS DE LA ENCUESTA 1, LA ENCUESTA 2, LA ENCUESTA 3 y la ENCUESTA 4 DE DIARIO DE CUBA, REALIZADAS POR CUBADATA]


Esa fragmentación también aparece cuando se pregunta por la residencia imaginada dentro de cinco años. El 29,6% se ve viviendo fuera de Cuba; el 24,9%, dentro de la Isla; y el 17,3%, entre Cuba y otro país. Un 22,2% todavía no sabe dónde se imagina, mientras el 5,9% prefiere no pensar en ello.

El dato más significativo de esa distribución no es solo que haya más personas imaginándose fuera que dentro de Cuba. Es que el futuro aparece dividido y, para más de una cuarta parte de quienes respondieron, sin una ubicación definida. La planificación se vuelve difícil cuando la vida diaria absorbe recursos y la salida, aun percibida como estrategia realista, no puede traducirse con facilidad en preparativos concretos.

Incluso la permanencia se presenta como ambivalente. Entre quienes se imaginan viviendo en Cuba dentro de cinco años, el 63,2% ha pensado en salir, ha expresado intención, busca información o lo ha intentado antes. Ninguno de ese grupo declaró estar preparando documentos o una ruta. La respuesta sugiere que prever una vida en la Isla puede ser compatible con pensar en la salida, aunque no con disponer de condiciones para ejecutarla.

Ese conjunto de resultados es coherente con la idea de "horizontes en pausa" recogida en encuestas anteriores. El proyecto de vida no desaparece; persiste como deseo, cálculo, posibilidad y conversación. Pero queda sometido a restricciones que retrasan su paso a la acción. No es solo el futuro de quienes quieren emigrar: es el modo en que la incertidumbre reorganiza la posibilidad de decidir, apunta el análisis de Vara-Horna.

La encuesta aporta, además, una clave que desplaza la lectura de la movilidad como simple fuga. Al preguntar qué haría creíble un cambio, la condición más elegida fue poder viajar, salir y regresar, con un 36%. La mejora de servicios y salarios quedó segunda, con un 25,1%; la participación en las decisiones, tercera, con 16,5%.

Esta prioridad no equivale a un respaldo a una política concreta ni prueba una única razón para desear movilidad, pero permite comprender que la demanda no se agota en irse para siempre. Poder salir y volver representa mantener vínculos, circular, buscar oportunidades y conservar abierta la posibilidad de regresar. La movilidad se formula así como una libertad práctica y como una forma de ciudadanía, se desprende del informe.

El estudio no registra qué países imaginan los participantes, con qué recursos cuentan ni qué experiencias personales sustentan sus respuestas. Lo que sí deja a la vista es un contraste profundo: la salida es la estrategia más seleccionada, pero la preparación para hacerla efectiva es minoritaria y, aun en un contexto de incertidumbre, la posibilidad de regresar a Cuba sigue formando parte de la idea de la vida que podría reconstruirse.

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