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Crisis energética

Carbón, leña y humo: el retroceso de La Habana ante la crisis del gas y la electricidad

Sin suministro estatal de gas licuado desde hace meses, las familias que dependen de él han visto empeorar drásticamente sus condiciones de vida.

La Habana
Una olla sobre una cocina de carbón en La Habana.
Una olla sobre una cocina de carbón en La Habana. Diario de Cuba

Son casi las 7:00 de la tarde. En el edificio Vitalio Acuña, del reparto Alberro, en el municipio habanero del Cotorro, no hay fluido eléctrico. Barbarita avisa a los vecinos que recojan la ropa que tienen tendida. Va a encender la leña.

Ella y su esposo han apilado unos troncos secos dentro de un caldero de hierro y encima han colocado unas varillas de metal. Ahí cocinarán un poco de arroz con pollo para la comida de esta noche.

Barbarita no es la única que usa leña en el edificio. Tampoco es la única que no ha podido acceder al servicio estatal de gas licuado durante todo este año.

"Este año logré alcanzar gas en febrero, y porque me apuré, pero más de la mitad de la gente del edificio se quedó en esa, como decimos los cubanos. Y lo más triste del caso es que ni siquiera tenemos idea de cuándo volverá a entrar".

Mientras algunos municipios y zonas de la capital aún logran acceder al servicio de gas manufacturado —el gas de la calle, como se le conoce comúnmente—, más de 1.707.000 clientes de La Habana dependen desde hace más de diez años de la venta de gas licuado. La mayoría de ellos ha tenido que readecuar este año su forma de vida ante la falta del servicio.

En muchos hogares, la alternativa está siendo volver a métodos de cocción que deberían haber quedado en el pasado. Luego de las 6:00 de la tarde, cuando las familias comienzan a preparar la comida, se hacen cada vez más comunes las cocinas improvisadas de leña y carbón. El humo sale de las casas y los edificios, invade patios y portales y se incorpora al paisaje cotidiano de los barrios.

"En mi casa debutamos con el carbón hace muy poquito", cuenta Rosmerys, del reparto Diezmero, en el municipio San Miguel del Padrón.

"No teníamos gas hace mucho tiempo. La última vez que tuvimos lo estábamos dejando solo para cosas imprescindibles. Nos estábamos bañando hasta con el agua fría para ni usarlo. Pero bueno, finalmente se acabó y, como no ha entrado, tuvimos que empezar a comprar carbón", continúa.

"A veces los compramos a 300 pesos, a 350. A veces hemos comprado unas bolsas más grandes, pero en algún momento tendremos que comprar un saco. El carbón tiene su cosa, hay que usar mucho nylon para encenderlo y te tizna todas las manos, pero bueno, de no ser por eso ni siquiera podríamos cocinar nada, porque acá en mi zona a veces tenemos hasta 30 horas seguidas de apagón".

La escasez de gas licuado se suma a una crisis energética que obliga a las familias cubanas, especialmente las habaneras, a buscar alternativas para cocinar durante los apagones. Mientras tanto, las autoridades del Gobierno no han dado indicaciones claras ni una fecha límite para resolver la situación.

En medio de esta crisis, empresas como CubaMax, Katapulk y SuperMarket 23, entre otras, han estado ofertando cilindros de gas por entre 30 y 90 dólares.

"Mi salario jamás me alcanzaría para pagar una balita de esas", señala Adriana, maestra de preescolar y vecina del municipio Cotorro.

"Yo no quería comprar gas, pero imagínate, no tenemos esperanza de que vuelva a entrar, y por mucho que lo ahorré, terminó gastándose".

"En mi caso, tengo la suerte de que mi esposo vive en Miami, y hablé con él para tratar de resolver este asunto, pues ya en varias ocasiones nos habíamos quedado sin cocinar por los apagones. Él averiguó en SuperMarket 23, pero en estos momentos la tienda no tenía, y al final terminamos pagando 90 dólares por una balita, en una de las mypimes que ahora radica en la anterior Antillana de Acero".

Algunos, como Adriana, pueden apoyarse en familiares en el extranjero para adquirir un cilindro. Para la mayoría, esa posibilidad no existe.

En los barrios habaneros, mientras los apagones superan en muchos lugares las 24 horas, el carbón y la leña se convierten en alternativas para cocinar. Lo que parecía una solución excepcional comienza a formar parte de la rutina de los hogares.

El Gobierno sigue sin ofrecer una solución oportuna ni respuestas claras. Y, ante la ausencia de perspectivas de una mejora en la situación electroenergética y el suministro de combustible, la crisis suma nuevas formas de afectar la vida cotidiana de los cubanos.

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2 comentarios

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Los cubanos, siboneyes del siglo XXI. Pronto llegará Colón.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Candela, esas ollas de presión son verdaderas bombas nucleares domésticas. Deberían usarlas para volar las estaciones de policía.