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Los gritos de Caridad, el llanto de La Habana entera

El periodista Jorge Enrique Rodríguez escribe su bitácora semanal. Así fue su primera semana de agosto.

La Habana
Nubes en La Habana.
Nubes en La Habana. Diario de Cuba

Lunes 3 de agosto de 2026

El "me cago en el coño de su madre" que grita Caridad no tiene nada que ver con la caída del Sistema Electroenergético Nacional. El precio de la combinación más barata de alimentos (salchicha, huevos y aceite) hace estallar todos los planes hechos con las chequeras de jubilación y los salarios estatales.

El llanto de Caridad, mientras cuestiona "cómo coño un pomo de aceite puede costar 4.000 pesos", es el llanto de toda La Habana. Nunca un lunes había amanecido tan silencioso. Las maldiciones, malas palabras y lágrimas de Caridad impiden que los demás precios se muevan de sus lugares.

Incluso los vendedores de aguacates, de pan y hasta de yogurt pregonan a 50 pesos menos sus mercancías. Pero nada consuela a Caridad, ni a una Habana de neveras ya vencidas —vacías— por el asedio de los apagones y los aciagos fines de mes, que se vuelven la pesadilla de toda planificación familiar.

No hay ruidos, ni olores de alimentos fritos. Nadie busca en YouTube tutoriales de recetas de cocina que impliquen aceite, huevos o salchichas. Solo el eco de cómo conservar arroz congrí del día anterior se intercalaba con una lluvia que tampoco refrescaba el lunes.

Los gritos de Caridad son el llanto de La Habana entera. Y nada más.

Martes 4 de agosto de 2026

Coinciden el agua y la luz. No hay datos móviles y crece con fuerza el rumor sobre restricciones al servicio de gas licuado. Muchos creen que el gas manufacturado, el de balita, es parte de la utopía de la que hablaba el señor canoso. Ahora le dicen así.

Lo que pudiese ser un martes normal se resquebraja con los alaridos del viejo Franklin. Le robaron el celular, donde tiene el transfermóvil y toda la tragicomedia cubana digitalizada. Duerme con la puerta abierta cuando hay apagón. Su cuartucho, igual que el mío, es un horno. Sabe, como todos, que fue el hijo de Nieves.

La algarabía deja clara la función de la Policía. "A mí no me dejan ponerle la denuncia porque soy su madre", aclara Nieves, quien suele ser la víctima más frecuente. "Una multa le pusieron por lo de mi tanque de agua", añade La Flaca con un marcado rencor. "Es un informante, por eso no le hacen nada”, dice una voz masculina que no logro identificar. Es un solar de alquiler, donde siempre hay nuevos vecinos de uso, como poéticamente describiría Ángel Escobar.

Las quejas del viejo Franklin se van apagando bajo el cúmulo de denuncias: unos audífonos, frascos de tinte de pelo, una licuadora, una butaca roja, 500 pesos.

Pero la noticia que acabará de devastar al viejo Franklin se la da El Coco: "yo te vendo a plazos un celular, pero no hay líneas en ETECSA".

Miércoles 5 de agosto de 2026

El hombre camina todos los días cinco kilómetros. La distancia entre su casa y un desvencijado taller de pipas de agua potable. De esas pipas que solo aparecen en ocasiones especiales: si pagas 100.000 pesos en silencio, o cuando cierras una avenida céntrica bajo el escándalo de un cacerolazo.

Su salario es de esos que no alcanza para comprar un litro de aceite o 20 huevos a los precios actuales. Infinitamente menos para los 600 pesos que le costaría diariamente un carro, ida y vuelta. Y por decreto de las autoridades de Transporte, cero ómnibus.

El rigor de los apagones ya no le permite llevar agua congelada para las ocho horas que custodia el taller. Se nota porque la vieja jaba de tela amarilla ya no se moja con el hielo derritiéndose.

Es un hombre que persiste. Le quedan tres años para jubilarse, y la fábrica donde dobló el lomo unos buenos veintitantos años cerró hace una década. Varios expedientes se extraviaron. Entre risas, dice que la jefa de personal se los llevó para los Estados Unidos. Por joder.

Camina cinco kilómetros para custodiar un taller de pipas de agua potable. En su barrio, dicho servicio solo está disponible dos veces a la semana.

Jueves 6 de agosto de 2026

Es la cuarta vez que escucha al médico del policlínico decir "hidrátese". D. es la quinta paciente para quien la solución es hidratarse, a pesar del cuadro de fiebre, dolores musculares y cefalea. Ni recetas ni métodos, solo un "hidrátese" y una jovial sonrisa.

Quiero esperar a ver si el sexto paciente también requiere hidratación para su dolencia, o a si hay una cámara oculta en el centro hospitalario. Pero D. tiene semblante de necesitar una segunda opinión profesional.

La motorina eléctrica va tan lenta que en las proximidades del hospital ya D. ha mejorado bastante el talante. Tras preguntar el último entre unas 15 personas que esperan en el cuerpo de guardia, intentamos acomodarnos entre el vendedor de dulces y la señora que cuidaba el baño.

"Hay que tomar mucha agua", dice la señora. "Y hervirla", agrega el vendedor de dulces.

D. salta de mi regazo. Tras un "vámonos pal carajo", enfila sus pasos hacia la salida del cuerpo de guardia, justo cuando la llamada de su madre la sorprende: "dónde estás; corre para acá que llegó la luz y entró el agua”.

Viernes 7 de agosto de 2026

Ares y Buda rigen el ritmo del pasillo, como dos constelaciones. La promesa de que cuidarán nuestras casas de los ladrones no nos convence cuando cada cinco minutos su dueño los regaña. Son hiperactivos. Los tres.

Intento el sueño en el pedacito de sombra que es donde único corre algo de brisa. No he barrido el piso y me hinca todo el torso. Peor es el calor encima de la cama. Se me ocurre tirar agua en el piso, pero recuerdo que queda poca… y el último catarro.

Ares, Buda y el dueño pelean contra el sueño y contra los hipotéticos ladrones.

Se me rompieron los audífonos, así que no puedo acallarlos con Billie Holiday explotando en mis oídos hasta la picazón. El pedacito de sombra se hace más pequeño, la vecina grita que el apagón es hasta por la noche, y aún no atrapo el sueño, ni Ares y Buda atajan a los ladrones prometidos.

Intento irme a la cama, el pedacito de sombra donde único corre la brisa es solo un filo, pero las sábanas están calientes. Es mediodía. Me corroe la envidia por quienes viven cerca del Malecón y lejos de los ladrones del futuro que Ares y Buda se comerán vivos.

El cielo se nubla, arrecia la brisa y con una sonrisa recuerdo que me queda un diazepam.

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2 comentarios

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Profile picture for user Pedro Benitez

Una generación eléctrica del 25% de la capacidad total no equivale necesariamente a que el 75% de los cubanos no tenga electricidad; pero entrega una idea general de la circulación de electricidad en la isla. El caso es que generando solo el 25% de la capacidad total, nace una Cuba fundamentalmente diferente.

Y la cuestión más importante no es simplemente el nivel de generación del 25%, sino cuánto tiempo permanece el sistema en ese nivel para parir una crisis social con miles de muertos.

Profile picture for user EL BOBO DE LA YUCA

Así que "Nadie busca en YouTube tutoriales de recetas de cocina que impliquen aceite, huevos o salchichas". Es decir: cuando hay aceite, los cubanos gastan sus datos a los precios de Etecsa "buscando en youtube tutoriales"...

!Apretaste, negro!