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Estoy en La Habana

'¿Por qué regresaste?'

El periodista Jorge Enrique Rodríguez vuelve del Foro DDC: 'Para la Cuba de mañana', y comienza esta bitácora de su vida en la Isla. Aquí, la primera entrega.

La Habana
Cielo rojo durante un apagón.
Cielo rojo durante un apagón.

Lunes 6 de julio de 2026

Luego de mi última estancia en Madrid, a propósito del III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", La Habana me recibió con un apagón energético que cubría casi toda la capital; sin distinción entre barrios céntricos o periféricos. "Tremendo recibimiento varón", me actualizaría Beto, botero y fuente de confianza que generalmente me recoge en el aeropuerto y me lleva hasta la casa donde resido en Centro Habana.

En apenas un mes, el precio del azúcar se disparó de 650 a 1.100 pesos el kilo. El rumor sobre la reducción de los horarios de servicio de gas licuado, junto a la eliminación de la libreta de la bodega, era la comidilla entre mis vecinas. En esta ocasión no me recibieron con la pregunta protocolar de "qué me trajiste", sino con la de "por qué regresaste".

Ser "vulnerables" será el requisito indispensable a partir de ahora para acceder a los productos normados mediante la cartilla de racionamiento. Quién decidirá qué cubanos son vulnerables, es la pregunta de Rachel, una madre soltera con dos hijos menores de edad, cuyo único sustento, además de una chequera de asistencia social de apenas 1.800 pesos mensuales, es vender café colado entre las seis de la mañana y el mediodía.

Con el precio del azúcar aumentado casi el doble, Rachel deberá subir el precio de la taza de café que, mayormente, le consumen personas de la tercera edad, cuya chequera de jubilación apenas sobrepasan los 2.000 pesos mensuales.

Intenté revisar noticias al respecto, pero olvidé que Los Sitios llevaba más de veinticuatro horas en apagón, y por consiguiente más de veinticuatro horas sin servicios de mensajería, voz y datos móviles. Incomunicado.

Martes 7 de julio de 2026

La voz ciudadana en las barriadas habaneras, allí donde la sobrevida del cubano de a pie es mucho más agreste que cualquier pronóstico, promete un mes de julio de vértigo. En esas calles no existen las licencias poéticas porque reinventar la revolú, como añora el politburó criollo, es engordar el hambre.

Con esas conclusiones, rumbo al negocio del muchacho que copia películas, series y animados, evalúo de reojo el crecimiento del basurero y los escasos centímetros que le separa de la entrada del círculo infantil Nené Traviesa, justo en la intercepción de Manrique y Sitios.

Sobrepaso el basurero y de inmediato estoy involucrado en el regateo de dos niños, de apenas 10 años, sobre cómo repartir las ganancias de recoger la basura. El costo por cada bolsa de basura es de 100 pesos.

Luego distingo al muchacho que copia contenidos audiovisuales, pero no tras el ventanal altísimo que custodia una reja, sino vendiendo jabas de pan.

Tras el saludo protocolar entre obonekues, le pregunto si acaso había cerrado, justo en el verano, el negocio de copiar "el paquete" que tanto resuelve a la familia cubana, hastiada de una televisión que solo ofrece mentiras y aburrimiento.

"Yo no cerré el negocio, lo cerraron los apagones y por culpa de quienes tú sabes."

Miércoles 8 de julio de 2026

El average de cacerolazos en Los Sitios va en ascenso. "Es el miedo cambiando de bando, Magalis"; le digo a mi casera, quien no encuentra consuelo ante toda la comida echada a perder por falta de refrigeración. Casi 48 horas de apagón azotaron a Centro Habana que, junto a Diez de Octubre, integra los municipios más densamente poblados de La Habana.

Nadie se atreve a comprar más alimentos de los que pueda consumir diariamente su familia. Eso incluye los huevos: cinco personas, cinco huevos. A la angustia de tener que zapatear alimentos a diario, que no siempre se consiguen en los alrededores, se suma la angustia que provoca el obligado racionamiento de agua potable. El agua fría se convierte en un lujo; lavar la ropa es casi un estatus de familia pudiente, y la planificación meticulosa de las necesidades fisiológicas se torna imperativa, y suele desencadenar discusiones familiares. 

El cuidado de la higiene, tanto personal como de la propia casa, deja de ser una prioridad en medio de los meses más calurosos y peligrosos en Cuba. Meses donde el solo acto de pestañear implica sudar a mares; literalmente. Meses donde un simple descuido ante el agua de consumo humano o un alimento en mal estado desatan un infierno de virus estomacales.

Conseguir agua potable, por la izquierda, tal vez no sea complicado, en tanto la corrupción y el soborno en Cuba es casi un deporte nacional. La madeja se enreda por el precio de una pipa de agua: "ronda los 80.000 pesos o más, periodista; de dónde son los cantantes"; me ataja un vecino que trabaja en un bar de la Habana Vieja.

"Los cocteles más consumidos no se están ofertando por falta de hielo." 

Jueves 9 de julio de 2026

Un EcoFlow en Cuba posee una doble condición. Por una parte, alivia la angustia que enfrenta diariamente la familia cubana, bajo la dictadura de los apagones energéticos que sobrepasan hasta las 48 horas consecutivas en no pocas barriadas habaneras. Por otro lado, supone un dolor de cabeza pues su reparación, en dependencia de la avería, implica un costo mínimo de 100 dólares.   

El cuidado de un EcoFlow recuerda, salvando cualquier distancia, a los populares Tamagotchi que a mitad de la década de los 90 se convirtieron en el entretenimiento más consumido por los adolescentes allende los mares cubanos. Mantener óptimo a un EcoFlow requiere de una atención minuciosa; de una precisión quirúrgica en su manejo. Cualquier fluctuación de voltaje, o sobrecarga en su funcionamiento, significa también su muerte prematura.

Los EcoFlow, de un costo mínimo de 600 dólares, no se fabrican para las circunstancias anómalas que vivimos en este país; son equipos sensibles al más mínimo cortocircuito que provoca la fluctuación de voltaje cuando se restablece el fluido eléctrico tras un apagón. Además, para su reparación es obligado usar las piezas originales; no toleran inventos.

La desesperación de no quedar a oscuras, conlleva a muchas familias a olvidar estas advertencias, detalladas por los especialistas en reparar estas estaciones de energía portátil.

En no pocos hogares, las discusiones en torno a cuáles dispositivos priorizar para cargar, se vuelven interminables. Niños y adolescentes se decantan por sus tabletas o celulares; madres y padres por ventiladores y lámparas portátiles. Los apagones se convierten, irremediablemente, en el escenario propicio para una guerra campal, intergeneracional.

De cualquier manera, un EcoFlow es otro miembro de la familia. Ocupa un lugar cimero en el pensamiento familiar. El tributo y el luto son los dos caminos que transita un EcoFlow toda vez que arriba a las costas cubanas.                   

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1 comentario

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Tremendo error si llevas un EcoFlow que depende de electricidad. Lo eficiente sería llevar uno que sea solar.