Tras el colapso del sistema eléctrico cubano durante este viernes 10 de julio, el segundo en una semana, después del ocurrido el pasado lunes, que no fue resuelto totalmente hasta el miércoles, este sábado 11 de julio, a cinco años de las históricas manifestaciones que representaron un parteaguas en la nación, la Isla amaneció a oscuras.
Así, la recuperación del sistema eléctrico avanza de forma lenta y agónica, "casi sin combustible para energizar las plantas", reconoció el primer ministro Manuel Marrero, quien describió la situación como "muy dura".
Mientras la estatal Unión Eléctrica (UNE) va reconectando "microsistemas para garantizar los servicios vitales", culpó a las "condiciones meteorológicas adversas en el centro del país" y a una "fuerte oscilación" de la caída del sistema eléctrico, según publicó en su perfil de Facebook el periodista oficialista Bernardo Espinosa, quien sigue de cerca este tema.
La empresa estatal indicó, asimismo, que en la madrugada del sábado "ocurrió un colapso de tensión en el microsistema de la región occidental", lo que complica la reconexión del sistema y que puedan ser energizadas las principales centrales del país.
Así, si bien la UNE afirma que están listas para empezar el proceso de arranque las plantas Máximo Gómez, Ernesto Guevara, Carlos Manuel de Céspedes y la muy poco confiable Antonio Guiteras, la principal del país, la realidad es que el proceso está siendo lastrado por la falta de combustible para encender plantas menores que aporten a las más grandes la energía necesaria para arrancar.
De que arranquen estas plantas depende también la sincronización con el oriente del país, toda vez que las centrales Lidio Ramón Pérez (Felton) y Antonio Maceo (Renté) esperan por energía para empezar el proceso de arranque.
Mientras, la UNE sostiene que ha logrado enlazar las subestaciones de Santa Cruz y Mariel, y que la Unidad 6 de la planta Diez de Octubre ya está generando electricidad.
No obstante, y como muestra de la fragilidad del sistema, una vez estuvieron conectados los microsistemas de Guantánamo, estos sufrieron una nueva caída al amanecer de este sábado, sin que la UNE haya ofrecido explicaciones, más allá de afirmar que "nuevamente se iniciaron los protocolos y condiciones de restablecimiento".
El de este viernes fue el cuarto colapso de su tipo (16 y 21 de marzo, y 6 y 10 de julio) en lo que va de 2026 y el décimo en menos de cuatro años, desde que se produjera el primero el 27 de septiembre de 2022.
Antes y después del colapso del pasado lunes, que se extendió por 37 horas, la situación del sistema eléctrico cubano era extremadamente frágil. El miércoles 8 de julio, por ejemplo, hubo un déficit máximo de generación de 2.341MW, récord histórico, equivalente a casi tres cuartos de Cuba en apagón a la hora de la máxima demanda.
Si bien La Habana culpa a EEUU de la situación, lo cierto es que la crisis energética no se debe solamente a la escasez de petróleo, sino, en buena medida, a la falta de inversión en la generación base, que hoy tiene 16 unidades termoeléctricas muy deterioradas que sufren constantes averías. En ese lapso, el régimen ha preferido invertir en hoteles de lujo, no en termoeléctricas.
La crisis crónica del sistema eléctrico cubano no ha hecho más que empeorar desde las protestas del 11J y, en tal sentido, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, señaló este sábado que "el régimen y sus élites corruptas siguen negándose a cualquier intento de reforma significativa, priorizando, en cambio, perpetuar su control absoluto sobre el pueblo cubano y su adhesión dogmática a su ideología marxista, fallida y moralmente corrupta".