La clase dirigente en Cuba, atornillada a su gestión burocrática, tiene objeciones y desconfía de las medidas económicas aprobadas por la cúpula del régimen bajo la presión de EEUU, admitió la prensa oficial, que señaló que tales funcionarios podrían contribuir al fracaso de la supuesta reforma, anunciada a bombo y platillo.
En Matanzas, el periódico Girón, del Partido Comunista, dedicó un texto al tema, en el que alerta que "resulta imposible no sentir un nudo en el estómago cuando las palabras de la Asamblea Nacional chocan con el eco deformado que rebota en Matanzas en nuestras reuniones municipales y provinciales".
Para el autor de la nota, la presunta "apertura económica", que califica como "parteaguas histórico", es recibida sin el entusiasmo esperado por los funcionarios del aparato burocrático, quienes "desnudan, sin querer, una mentalidad que amenaza con sabotear semejante nicho de oportunidades".
"Si uno se sienta en silencio en cualquier reunión de estos días, la escucha es un ejercicio revelador. Abundan las intervenciones encendidas que, en lugar de respirar el espíritu de complementariedad que exige el momento, sueltan frases como 'las MIPYMES nos están cogiendo la delantera y eso no puede suceder', cuyo tono no es de admiración por el dinamismo ajeno, sino de alerta roja, como si el éxito del privado fuera una afrenta al deber estatal", señala el artículo.
Según el texto, ello deriva de "un inconsciente colectivo anclado en la desconfianza". Lo anterior fue sembrado por Fidel Castro durante décadas, y por una constante estigmatización de la gestión no estatal o de todo aquello que escape del control oficial. Incluyendo, por supuesto, las iniciativas independientes de la sociedad civil.
Sin decirlo abiertamente, Girón reconoce el centro de la cuestión: "El problema de fondo no es ideológico. Sucede que durante décadas se construyó un andamiaje administrativo donde el funcionario se percibía a sí mismo como guardián de lo público frente a lo privado. Hoy el país pide justo lo contrario: un Estado facilitador que articule, que convoque, que comparta proyectos. Pero pedirle a quien fue formado para controlar que ahora se siente a diseñar junto al 'controlado' requiere un deshielo cultural que debe partir desde la base".
Así descrito, lo anterior explica brevemente el fracaso del castrismo para mejorar la vida de los cubanos y también que, más de 60 años después, el régimen se lance a hacer lo que por décadas criticó. Aunque ello suponga, como temen los funcionarios aludidos, arriesgarse a no tener todo el control.
Para Girón, lo más doloroso del asunto es "la ausencia sistemática del empresariado en los espacios de decisión local. Pese a contadas y positivas excepciones, las reuniones donde se esboza el futuro económico de la provincia transcurren sin que una sola MIPYME, un proyecto de desarrollo local o un cooperativista estén sentados a la mesa".
Señala el periódico que "los actores económicos no estatales no vienen a pasarle por arriba a nadie", aunque su éxito en medio de la estigmatización y los controles absurdos demuestre lo ineficaz del modelo económico centralizado y estatista cubano.
"No alcanza con que un par de directivos provinciales y municipales intenten tender puentes, si el resto de la estructura sigue operando con desconfianza", añade Girón.
"Hace falta que en cada espacio se institucionalice la presencia de los empresarios privados, que sus voces no sean decorativas sino vinculantes, y que las reuniones dejen de parecer discusiones y recelos entre dos bandos que, en la vida real, reman en el mismo barco", pide el medio partidista, pese a que ello no garantiza que la supuesta apertura, liberalización o reforma económica vaya a tener los resultados que se esperan.
Porque un factor se le escapa a Girón: ¿en verdad los culpables del colapso de Cuba serán capaces de resolver el problema que crearon?
Ellos saben bien de la pata que cojean.
No pueden esperar ahora iniciativa a dirigentes formados en el código de esperar orientaciones, además de no estar preparados para decidir, el miedo a ser sancionados o hasta presos, si se salen del guion, los cohiben de tomar decisiones propias.